SONIA
Llevaba tiempo fijándome en la chica que me ponía el café todas las mañanas, era bastante extrovertida, pero nunca habíamos entablado más que la tipica conversación sobre el tiempo o algún comentario esporádico referente al periódico, de hecho ni siquiera sabía su nombre. Era delgada, de pelo oscuro y corto, era guapa, de labios carnosos y unos enorme ojos que parecían escrutarlo todo desde un refugio secreto. En el bar siempre vestía un pantalón y la misma camisa que el resto de camareros, pero se adivinaba un cuerpo bonito y el pantalón marcaba un culo redondeado y firme en el que, la verdad, no podía evitar fijarme cada vez que se inclinaba detrás de la barra. Alguna vez había pensado en entablar algún tipo de conversación con ella, pero nunca apareció la oportunidad y la verdad no sabía como acercarme a una chica de su edad y me sentía algo ridículo. Ese viernes estaba con un par de compañeros de la oficina comentando la cena de navidad de esa noche, intentando a...