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Mostrando entradas de julio, 2019

LA VECINITA

Carlos tenía 44 años, estaba divorciado y vivía solo en un piso frente a la playa, se cuidaba mucho y todas las semanas iba tres o cuatro días al gimnasio, su vida consistía en trabajar y disfrutar los viernes de una buena cena seguida de unas copas en alguna discoteca. Recientemente habían llegado unos nuevos vecinos al piso de al lado pero aún no había tenido oportunidad de conocerlos, por fin un día se cruzó con ellos en el descansillo de la escalera y se presentaron, era un matrimonio, Lucas de 41 y Alba de 39, ambos eran atractivos y tenían una hija de 18 años que se llamaba Rocío, ésta era una chica guapa pero a la vez muy tímida. Lucas invitó a Carlos a cenar el viernes con ellos en su casa, y éste, a pesar de perder su noche de marcha, aceptó más que nada por educación, porque tenía claro que la velada iba a ser más bien aburrida. El viernes por la noche se presentó en casa de sus vecinos y se llevó una grata sorpresa, éstos se habían vestido de forma elegante y Alba iba...

LA REALIDAD DEL SUEÑO

Claudia sabía que no iba a dormirse con facilidad. El sexo no había sido ni bueno ni malo, simplemente intrascendente. No es que no quisiera a su novio. Llevaban poco más de medio año viviendo juntos y a punto de cumplir los tres de relación. Ambos componen una pareja bien parecida, casi modelos de fotografía. Él, de 1,80, ágil y deportista. Rubio de ojos verdes ya en la residencia de su especialidad tras sacarse medicina con cum laude. Ella, morena de profundos ojos negros. De 1'70 de altura, con unas piernas y culo magníficos fruto de una genética natural y de una predisposición para el atletismo. Arriba, sería imposible dejar de mirar sus voluminosos labios sobre una alargada y siempre sonriente boca, sino fuera por sus espectaculares pechos, de talla 100, con aureola mediana y coronada en unos pezones duritos y respondones a la más mínima excitación. Cierto complejo sufre nuestra protagonista porque más de una vez se ha visto comprometida y ruborizada por sus reaccio...

RECONOCIENDONOS

Horas después de comer y de merendar juntos, Diana y yo paseábamos cogidos de la mano por la orilla del mar sintiendo bajo nuestros pies la frescura del agua y la suavidad de las arenas de la playa. Los graznidos de las gaviotas eran la música que nos acompañaba. Ella llevaba puesto un vestido blanco que le daba por encima de las rodillas y llevaba las sandalias en una mano. Yo llevaba puesto un pantalón marrón, recogido, y una camisa blanca y llevaba en una mano unos zapatos marrones. Puso su cabeza en mi hombro, y me dijo: -¿Ves cómo podíamos hablar cómo amigos? Sin necesidad de nada sexual. Cambié de tema. -¿En nada podremos ver una bella puesta de sol? -Ya estás escaqueándote. -No me escaqueó. Es que no creo que sea el momento para decirte que te deseo. -¿Me deseas? Si estoy gordita. Si me vieras desnuda ya no me desearías. -La que te escaqueas eres tú, di que yo no soy lo que esperabas. Yo sabía lo que me iba a encontrar, a mi muñequita con sus tetazas, con su barri...