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Mostrando entradas de octubre, 2019

NO BEBAS TANTO.

Esto empezó en Buenos Aires. Mi marido se ganó una invitación a una de estas fiestas empresariales por la compañía en la que trabaja (tiene un buen cargo). Cuestion que nos toco una mesa con gente de afuera, la mayoría hombres y me miraban bastante y no es que yo me haya ido muy provocativa, lo único si, es que tenía un vestido con un tajo lateral que dejaba ver mi pierna...este negro, no tan apuesto, pero si robusto y alto...me miraba más que todos y sin que mi marido se diera cuenta en un momento fuera de la mesa me guiño un ojo...eso me exitó bastante. Fue transcurriendo la fiesta y bailamos tomamos bastante, mi marido por demas. Le pedí que no se pase, que estaban todos sus jefes y me contestó mal, eso me molestó. Seguimos bailando. Había mucha gente y mucho rose...en un momento este negro que no dejaba de mirarme me pasó bailando por atras y sentí como me apoyó y te juró que me mojé al instante...inmediatamente lo miré a mi esposo y el ni enterado estaba ya bastante borracho. F...

UNA TARDE INTERESANTE.

Mi profesor de spinning, me había dado literalmente una paliza. Me había duchado e iba arreglada para salir con mi amiga, Leire. Llevaba mi cartera de trabajo y la del gimnasio, muy cargada, estaba claro que Ramón, el camarero del bar al que acudía todos los miércoles desde hacía unos meses iba a tener que guardármelo detrás de la barra. Íbamos a ese bar porque Leire andaba detrás de Ramón y este aun no se había dejado caer. Yo iba vestida de forma casual, salir entre semana es lo que tiene, una blusa amplia de color granate, minifalda vaquera, y cómo no, tacones de vértigo. Mientras esperaba, notaba que alguien me miraba, sí, era el mismo chico, Alberto, lo conocí en el bar de Ramón ya que era también asiduo. Alberto, un chico muy atractivo, alto, moreno, ojos azules y  un cuerpo de infarto, ronda los 39 años y sin novia- promete-. Siempre andaba rondándole alguna chica. Vestía con sus vaqueros ajustados, y camisa de manga larga oscura. También venia de trabajar, supongo que al...

YO NO QUERIA

Mi mujer se conforma con poco, pero a mí no me gustan nada los polvos rápidos, porque salvo que sean por un arrebato de excitación repentina, me dejan con el mal sabor de boca típico de cuando te quedas a medias.   De vez en cuando, como ella siempre decía que estaba cansada, nos masturbábamos mutuamente, pero hacíamos eso como sustitución de una buena sesión de sexo.   El caso es que nos habíamos convertido en uno de tantos matrimonios, que cada vez tienen menos sexo.   Habíamos caído en la rutina demasiado pronto. Pese a todo, a mí no se me había pasado por la cabeza serle infiel buscando el sexo fuera de casa.  Sencillamente me masturbaba  para suplir el sexo que no teníamos juntos.  Ella no preguntaba, ni decía nada al respecto, pero supongo que siempre se lo ha imaginado.  De todas formas me daba igual, solo faltaría que le hubiese molestado que me masturbase…    Por aquella épo...

POR FIN LO CONSEGUI.

Caminé con rapidez hasta el gimnasio que estaba en la otra punta del barrio y nada más entrar saludé a Lucy la pequeña y dulce recepcionista que tenía como un muestrario de lo que es la belleza personificada, alta, delgada y eso que siempre que la veía estaba comiendo algún dulce… bendita genética, pelo largo y oscuro como el azabache, ojos verdes y rostro perfecto. Luego me ponía a su lado, me comparaba y no había color, yo era bajita, con curvas, un trasero que siempre pedía una talla más que mi cintura, un busto grande, un amasijo de rizos oscuros en forma de moño para ser domados, unos ojos verdes oscuros que se ocultaban detrás de unas enormes gafas redondas y unas pecas en la cara que acababa con mi piel nívea. Oculte mi decepción y mi desgana al verme al espejo y saludé a Lucy con una sonrisa como cada día de la semana. -         Buenas tardes Lucy, ¿Qué tal tu día? -         Hola Beth, genial....