Feliz cumple años.
El barco que hacía la travesía Almería-Nador empleaba unas seis o siete horas en hacerla si el tiempo acompañaba. Desde la proa un pasajero dejaba que los aires frescos de la madrugada le hiciesen olvidar los terribles calores pasados solo una horas antes. Mientras, se tomaba una naranjada fría traída del bar del transbordador. Faltaban unas tres horas para que amaneciese. Maximiliano precisamente aquel día cumplía treinta y ocho años. Para celebrarlo no se le ocurrió otra cosa que llamar a un antiguo socio que vivía en Nador para decirle que allá lo celebrarían los dos como lo hicieron otras veces. Las celebraciones que hacían en el país magrebí siempre se trataba de lo mismo. Tirarse a alguna de aquellas moritas que la mayoría de las veces no tenían más de dieciocho años. Tantas habían que era muy difícil el escogerlas de tan bonitas como eran. En su mayoría al estar muy cerca de Melilla, casi todas hablaban castellano. Lo que para su am...