LOS CINCO SENTIDOS, FINAL
Sus piernas todavía temblaban cuando subió al autobús que la llevaría a casa. Había varios asientos libres y se sentó en la parte de atrás donde estaba mas vacío. Necesitaba sentirse sola. Acababa de follar con el marido de su mejor amiga y esta vez no había sido obligada a hacerlo sino que había sido ella quien por voluntad propia lo había follado. Se avergonzó de haber sucumbido al deseo que aquella polla le provocaba. Le era materialmente imposible no pensar en el sexo erecto de Andrés y en las sensaciones que había tenido al meterlo en la boca y cuando lo cabalgó en el sofá. Aún le faltaba bastante para llegar a casa y deseó que ese trayecto transcurriera rápido pues necesitaba calmar la excitación que su vagina sentía de recordarlo. Cada curva o bache que el autobús cogía le provocaba un estremecimiento entre las piernas. Sentía su coño mojado, sensible. Agradecía estar sentada sola y en cada parada que se subía gente rogaba que nadie se sentara a su lado y pudiera notar su estado...