EL PASEO
Maria Siguió andando, un paso tras otro. Atravesó fincas de olivos y vides hasta llegar a un cerro. Se detuvo bajo las sombras de encinas, robles y pinos. Respiró. Estaba lejos del pueblo, de su agobio; pero no lo suficiente. Un paso, otro paso, otro más. Nunca sería suficiente. Era un alma de ciudad. De humo. De tráfico. De edificios altos hasta el cielo. Los bosques, las nubes sobre su cabeza, los arroyos que cortaban el camino; eso no era para ella. Un paso, otro paso, otro más… Miró a su alrededor: árboles, arbustos y rocas. Nada más. No sabía dónde estaba y tampoco le importaba mucho. Había logrado su propósito: huir. Un relincho recorrió el bosque. Se giró buscando el origen del sonido. Era extraño, estaba alejada del pueblo, que ella supiese no había fincas por esa zona, claro que tampoco sabía mucho de Mombeltrán. Sin saber por qué se dirigió hacia el sonido, le daba igual estar perdida en un lado que en otro. Se iba a aburrir lo mismo al norte que al sur, y ...