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Mostrando entradas de septiembre, 2017

UN TRIO

A SUS 33 AÑOS, Diego  había vivido de todo. Una carrera universitaria, juergas constantes, un matrimonio fracasado, paternidad y hasta un accidente de tráfico que le había hecho perder parte de movilidad en la pierna derecha.  Había disfrutado del sexo como el que más. Era un hombre fornido, no demasiado alto ni guapo, pero resultaba irresistible para las mujeres. Su espeso cabello negro, su perspicaz  sentido del humor y, todo hay que decirlo, su generosidad en la cama hacía que para las mujeres fuera un hombre atractivo, y especialmente deseado. Sin embargo, no había podido cumplir su fantasía erótica desde la adolescencia, esto es, acostarse con dos mujeres al mismo tiempo. Por ello, y tras su último cumpleaños, había decidido regalarse un homenaje. Había observado un anuncio en prensa de parejas que proponían un trío. Nada extraño, ni malos rollos. Simplemente sexo.  Le llamó la atención una pareja de mujeres que decía ser bisexuales, y que buscaban un hombre de...

LA APUESTA

Estaba en clases con mi profesora de matemáticas a quien llamaremos Susana como nombre de fantasía para no comprometer a nadie. Es una mujer casada y tiene un cuerpo muy bien conservado. Como tiene un gimnasio asiste a cuanta clase puede, lo que mantiene cada parte de su cuerpo en su lugar y en apariencia también muy firme. Un día en una clase en la que yo me estaba haciendo el alumno avanzado y ella quería demostrarme que mis conocimientos distaban mucho de eso hicimos una apuesta: ella me dio un ejercicio muy difícil y me dijo que no podría resolverlo jamás; yo me sentí tocado y le dije que si lo podría resolver pero que para que valga la pena mi esfuerzo intelectual tendríamos que hacer una apuesta que de ganarla compensara mi esfuerzo a lo que la profesora muy segura me dijo: te apuesto lo que vos quieras, lo que sea. Como se imaginaran era imposible para mi resolver ese problema por lo que decidí ir a otra profesora para que me resolviera el ejercicio y poder regresar triunfant...

EXTRAÑA CITA

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El caminó hacia ella, se colocó a su espalda y se arrodilló. —Veo que has vuelto a por más, ¿no tuviste bastante? —murmuró mientras ataba sus manos a la espalda, obligándola a abrazar el respaldo del sillón—. Ahora, disfruta del espectáculo. Ana, confusa, no entendía qué sucedía, ¿por qué la ataba? ¿Qué era lo que pretendía hacer? ¿Qué clase de espectáculo? No pudo evitar sentir algo de desazón, un leve escalofrío que se apoderó de su cuerpo. El  se levantó y se dirigió al rincón más apartado de la habitación, donde apareció la otra chica que había elegido antes que a ella. Las dudas la incomodaban, ¿qué se suponía que iban a hacer? ¿Un trío? La chica se acercaba gateando, el  la llevaba atada con una correa alrededor de su cuello, como si fuese su mascota. La mujer ya no llevaba el vestido, sólo la ropa interior, que era igual que la de ella. Se parecía tanto a esa extraña que por un momento Ana creyó que estaba viéndose a sí misma. El soltó el pelo recogido de...