UNA FIESTA ESPECIAL

Con ese cuerpo rotundo y sexual, te imagino amarrada entre dos columnas, con los ojos vendados, en medio de una fiesta. Eres la única persona de la fiesta que está desnuda. El resto, hombres y mujeres, van vestidos elegantemente.
 Charlan, beben vino, se ríen. Hablan de ti, a ratos, cuando se sitúan cerca. Te manosean. A medida que la fiesta avanza, el manoseo es más habitual, llegando a ser casi constante. En ocasiones ni siquiera hablan sobre ti, mientras lo hacen. Los imaginas tocándote como uno toca a un perro, distraídamente, mientras sigue la conversación. 
 Hace tiempo ya que alguien se lanzó a introducirte el dedo. Y con mayor o menor acierto, distintas manos han hurgado y masajeado dentro de ti. Algunas de ellas, de mujeres, estás casi segura. Y quizá a tu pesar, porque te habría gustado mostrar más resistencia, tu cuerpo ha reaccionado con respuesta inmediata. Tu propio cuerpo, con una docilidad y una aceptación superiores a las tuyas. Indignas de ti, pero indiscutibles.
 Alguien ha lamido y pellizcado tus pezones, comentando su tamaño con otras personas. Se han reído. Una mujer, que parecía joven, se ha acercado a ti, para susurrarte al oído: "por mujeres como tú es por lo que algunos hombres piensan que todas somos unas zorras".
 Tú no has contestado, te lo han prohibido. Y es casi mejor, porque habrías dicho que no todas las mujeres son unas zorras. Eso, estando desnuda y dejando que un grupo de desconocidos te manosee. Lo cual hace que haga falta el incluir el "todas". Todas no, tú hoy sí.
 Y llegan otras manos. Una de ellas es especialmente experta. Con un ritmo firme va pulsando dentro de ti. Sin brusquedad, pero con una regularidad que parece más propia de un aparato. Tras todas las manos anteriores, que han ido subiendo tu nivel de excitación, ésta está consiguiendo hacer que te desesperes de deseo.
 Mientras quien sea el dueño de esa mano sigue con tu tortura, el anfitrión se acerca a ti, por detrás, y te pregunta "¿Quieres correrte, eh?" Tu asientes, varias veces, nerviosamente. "Lo malo es que no puedes elegir que te folle uno. Si aceptas, te follarán cinco al azar" 
Tú resoplas. Cinco seguidos, eso te va a machacar. Es ser usada como trozo de carne. Pero si no, lo sabes bien, pedirá que dejen de tocarte, y esa excitación se apagará poco a poco. Se perderá, y eso parece imposible de aceptar. Así que asientes. Avergonzada y aterrorizada, pero asientes.
 Finalmente, te sortean. Hay bullicio y risas. Sacan papeles de un recipiente. Hay gritos y celebraciones cada vez que sale un boleto premiado. Varias manos te desatan y te hacen ponerte a cuatro patas. Temías ese momento. Querías ser colocada donde fuese, y follada, pero te van a llevar hasta donde sea a cuatro patas. Con esos grandes pechos colgando, bamboleándose. Un paseo humillante que desearías evitar, pero no es posible.
 Llegas a una alfombra, colocan un cojín sobre una mesa baja y te hacen apoyarte. El primero de los premiados se coloca detrás de ti. Una voz le interrumpe antes de penetrarte: "No, no, sin venda, que cierre los ojos si quiere, pero yo quiero verle la cara." Es la mujer que te ha insultado antes al oído. 
 El anfitrión accede, y efectivamente, cierras los ojos. Sería demasiado, verlos a ellos, a ellas, fumando, tomando vino mientras a ti te montan como a una yegua para ser inseminada. 
 El primer premiado se vuelve a colocar, notas su pene rozar
con tus muslos. Apoya una mano en tu cadera, y con la otra, quizá siguiendo una indicación de la mujer, te coge del pelo y te hace mirar hacia arriba, al frente. Para que te vean la cara.
 Sientes los ojos de todos clavados en ti, en tu rostro. Y en seguida, el pene del primer premiado se abre paso dentro de ti.

Comentarios

Entradas populares de este blog

LA BELLA Y LA BESTIA

DÍA A DÍA OCHO

EL ANUNCIO. El inicio