UN BUEN AMIGO
Antes de conocerle, temí las consecuencias. Y es que, ya no recordaba ni cuando había empezado a fingir el orgasmo con mi marido. Como os cuento, no fue algo premeditado, simplemente el hecho de que Martín me preguntara qué me parecía si dejábamos que otro hombre se quedara unos días en casa, me pareció una incitación tácita a serle infiel, prácticamente un requerimiento formal para que le pusiera de una vez los hermosos cuernos que sin duda merecía. Por lo visto, un antiguo amigo de la universidad que era enfermero y estaba de vacaciones. Si bien, sólo pasaría un par de días en Cuenca con nosotros. Estaba harta, hace meses que estaba empachada e insatisfecha con el rumbo estático, conocido y tedioso del día a día. Ya no podía seguir amañando mi propia vida para eludir que jamás había triunfado ni fracasado lo suficiente. En fin, era la suma de las partes, y nada en concreto. No es que estuviese enojada con eso de dejar de ser yo para ser la “mamá de Bárbara”, tampoco tener un marid...