ALEJANDRA Y EL TREN
ALEJANDRA Y EL TREN
ICHARLINES
Los primeros rayos del sol cegaron los preciosos ojos verdes de Alejandra. Tras dar tres o cuatro vueltas dentro de su cama, se levantó. Ella sabía que tenía que ir a su sesión en el gimnasio. Se levantó, se duchó, desayunó y se vistió. Extrañamente ese día tenía un calor especial en su cuerpo. No sabía por qué, pero estaba caliente, excitada. Se miró al espejo y se vio guapa, muy guapa, radiante y feliz. Tras maquillarse muy tenuemente, cerro su bolsa de deporte y con ella al hombro, tomó camino de su gimnasio para acudir a su clase de spinning. Salió a la calle, el frío le erizó los pezones. Al rozar estos con su camiseta de algodón, un calambrito circulaba por su piel, excitándola enormemente. Ese día llevaba una ropa algo más ligera, sus pechos libres botaban al andar y rozaban con la tela de su camiseta.
Alejandra que es una soñadora, tenía su fantasía sexual recurrente, siempre que iba a coger un tren un metro o un autobús, se excitaba. Se excitaba pensando es manoseada, empujada, sobre las paredes de ese vehículo. Ese día para llegar con antelación decidió subir a un tren de cercanías. La hora no era la mejor, ya que era donde todos los muchachos y muchachas subían al tren para acercarse a la universidad y mucha gente lo utilizaba para acceder a su trabajo. Cuando Alejandra entró en el vagón, este estaba medio lleno. Alejandra observó a los muchachos y muchachas que viajaban en el vagón. Al fondo del vagón, vio un hombre mayor con los ojos fijos en su cuerpo. Se acercó hacia él y se puso delante del hombre. Sus pezones se marcaban con claridad en la fina camiseta que llevaba ese día.
En la siguiente parada, el vagón se llenó, acercando más a Alejandra al hombre, que lujuriosamente no disimulaba al admirar sus pechos. Alejandra se dejó ir hacia atrás, pegándose al hombre hasta sentir su miembro entre sus glúteos.
Ese roce le volvía loca, deseaba sentir la dureza de ese miembro, ahí, entre sus dos nalgas. Se sujetó con fuerza a la barra cercana al techo del vagón elevando su brazo hasta llegar a ella. El hombre, aprovechando el aluvión de personas que entraban nuevamente en el vagón, le fue guiando hasta el final del vagón, donde la acorraló en una esquina. Sujeto a sus caderas, el hombre restregaba su polla sobre el culo de Alejandra. Solo la fina barrera de sus pantalones de ciclista los separaba. Alejandra notaba un gran bulto entre sus glúteos, le gustaba sentir la dureza de esa polla y como el traqueteo del tren, le transmitía nuevas sensaciones.
- Pequeña putita, te voy a reventar el culito.
Alejandra se quedó de piedra, mientras notaba el roce del miembro del hombre entre los cachetes de su culo. Su excitación aumentó considerablemente tras esas palabras. Una inquieta mano, descendió por su cuello y rodeó el contorno de su pecho. Alejandra gimió y un escalofrió recorrió su cuerpo. Inconscientemente su culo se apretó aún más contra la polla.
- Putita, ese culito va a ser mío, te lo voy a abrir como nadie lo ha hecho jamás.
Alejandra no decía nada, su boca estaba cerrada. Instintivamente, empujaba su culo contra la polla del hombre, la excitación la tenía loca. Sentía con total claridad como esa polla ahora separaba sus glúteos. El tren volvió a parar y ahora entró aún más gente, por lo que Alejandra quedó prácticamente incrustada con el hombre. Podía notar claramente como la polla del hombre latía entre sus glúteos.
Alejandra era presa de una gran excitación y esta ascendió cuando notó como las manos del hombre acariciaban su culo, lo amasaban y lo pellizcaban. Notó como sus pequeños pantalones de licra iban descendiendo, dejando ya prácticamente la totalidad de su culo al aire. Una fresca corriente le confirmó que casi la totalidad de su culo estaba ahora al aire. Esto provocó que un chorro de flujo descendiera por sus piernas dejando completamente mojado su pantalón.
- Mira cómo estás, putita, mira cómo se cuela, mi polla entre tus piernas.
Alejandra notó algo duro y caliente abrirse paso entre sus piernas y llegar hasta acariciar su clítoris. El hombre sujeto a sus pechos se movía muy lentamente, gimiendo en su oído. Mira como circula mi polla entre tus labios, como tu flujo la hacer circular suave. Alejandra se deshacía al sentir la polla del hombre chocar una y otra vez contra su clítoris, mientras rozaba sus labios
- Me sientes putita, sientes mi polla. Mira tus pezones, parecen diamantes.
Alejandra gimió atrayendo la mirada de uno de los chavales que se encontraba cerca. Sus ojos se quedaron fijos en los de Alejandra y pudo apreciar como esta se movía lentamente adelante y atrás mientras sus ojos se iban dilatando lentamente. Hábilmente el hombre consiguió entrar en Alejandra. Esta, pegó un pequeño respingo, abrió sus ojos y su boca. Sintió como ese hierro candente llenaba por completo su sexo, como lo habría y como entraba en ella sin ninguna complicación. A la vez el hombre había colado su mano bajo la camiseta de Alejandra y apretaba con suavidad su duro pezón.
El hombre se movía lento, no quería llamar la atención. Notaba como los flujos de Alejandra bañaban su polla y como está cada vez gemía con mayor intensidad.
Alejandra con sus ojos fijos en el muchacho disfrutaba de la penetración y de sentirse una exhibicionista. Mientras, el hombre lentamente le hacía sentir el calor y el grosor de su polla que ahora ya le llenaba el sexo. Sus ojos reflejaban el placer que estaba sintiendo. Sus pezones apretados por el hombre unían sus pechos a su sexo en una corriente que a punto estaba de hacerla explotar.
Alejandra notaba como su cuerpo iba adquiriendo un calor especial, como su sexo y sus pezones le anunciaban que algo en ella estaba cambiando. Primero su sexo se hizo un rio. Se movió con más ganas buscando su orgasmo, el hombre la sujetó con fuerza para no delatar su juego. El muchacho la miró sujetando con fuerza su polla. Vio como Alejandra tenía prácticamente los ojos fuera de las orbitas. Alejandra explotó, explotó en un orgasmo que le hizo flaquear las piernas y sujetarse a la barra que había junto a la ventanilla del tren. Una corriente eléctrica la atravesó desde el interior de su cabeza hasta su sexo.
El hombre la sujetó con fuerza mientras le decía.
- Ahora, tres paradas más adelante, nos bajamos, estos se bajan en la próxima.
Alejandra asintió con la cabeza mientras se relamía provocando y mirando al chaval que no quitaba los ojos de ella observando su impresionante corrida. Unas lágrimas de placer aparecieron en el rostro de Alejandra, justo cuando el chaval bajaba del tren. Mientras el tren se vaciaba, el hombre le había subido el pantalón y había guardado su polla. Dos paradas más adelante le dijo.
- Aquí, baja aquí
Los dos bajaron en esa parada, nadie más bajó con ellos. El hombre llevó a Alejandra asida de un brazo y la introdujo en el aseo de minusválidos. Le agarró con fuerza del pelo la miró a los ojos, besó su boca y la postró de rodillas ante él.
- Sácame la polla y chúpala.
Alejandra se dio prisa en desabrochar los botones del pantalón, lentamente lo bajó junto al calzoncillo hasta las rodillas y sacó la polla fuera. No era una polla muy larga, pero si gorda, con una gran vena central. Alejandra la miró con lujuria y acercó su boca hacia ella. Lamió desde sus huevos hasta su glande, la introdujo un poco en su boca, limpiándola muy bien y saboreando en ella sus propios jugos. Le gustaba sentir como la polla latía en su boca. Una gotita salada se postró en su lengua, la recogió y la saboreó. Alejandra acogía con calidez la polla en su boca, la chupaba, cabeceando de adelante hacia atrás. Lo hacía despacio, chupando cada milímetro que además recorría con su lengua. El hombre excitado movía su cadera intentando llegar más adentro en su boca, pero la mano de Alejandra se lo impedía. Alejandra mirándolo a los ojos, se sacó con extrema lentitud la polla de la boca y le dijo.
- ¿Así te gusta, te gusta cómo te come la polla tu putita?
El hombre la miró, echó sus manos a la nuca de Alejandra y le clavó la polla hasta lo más hondo de su garganta. Alejandra dio una arcada y un buen montón de babas llenó la polla del hombre. este la sujetó por los cabellos y tiró de ella hacia arriba, le dio la vuelta y aprovechando que su polla estaba llena de babas, se la metió hasta la mitad por el culo.
- Te voy a reventar el culo, ya te lo dije en el tren.
- No, soy virgen por ahí, me dolerá.
De un nuevo golpe de caderas metió la polla hasta que sus carnes se juntaron. El hombre sentía como el estrecho culo le apretaba la polla y Alejandra sentía como le quemaba el culo.
- Para joder, para, me duele, para.
Pero el hombre no paró, escupió sobre el culo de Alejandra y con lentos movimientos la fue sodomizando. Alejandra sentía como le ardía el culo, como su cuerpo quería expulsar ese intruso, pero el hombre cada vez metía más trozo de su polla dentro de ella. Poco a poco, empezó a sentir placer, era un placer diferente un dolor placentero y ahora fue ella misma la que empujó hacia atrás para clavarse toda la polla.
- Así cabrón, así, no pares, dame fuerte, rómpeme el culo, si, joder, sí.
El hombre se empleó a fondo antes de terminar dentro del culo de Alejandra que quedó de rodillas pues sus piernas le flaquearon y la llevaron de rodillas al suelo. Esto lo aprovechó el hombre para meter la polla en su boca y follarle la boca hasta correrse dentro de ella.
Joder que bueno cabrón, que bueno. ¿vendrás más días?
Icharlines54@gmail.com


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