LAS ALEGRIAS DE ESTHER 1

Esther estaba como siempre en su habitación. A sus más de treinta años, se dedicaba a trabajar desde casa y apenas salía. Esther, digamos que es una chica normal, que exhibe con gusto ese morbo especial que atrae con poderío a los hombres. Muchas veces pensaba que estaba enferma, ya que el sexo le volvía loca. El sexo duro, la dominación. Igualmente, el amor filial, en general todas las filias del sexo se sentía muy atraída por ese mundo y siempre andaba en páginas relacionadas con estos temas. En una de estas páginas, vió un perfil curioso. Lo que hizo que se detuviera en el, leyendo con atención Amo Pablo, te cuidare como a una tierna flor y te follare como la más puta entre las putas. Pago generosamente y nuestra relación durará únicamente mientras tengamos el encuentro. Si te atreves, contáctame, nada de juegos, no estoy para perder el tiempo. Esther leía y releía ese anuncio, en él había algo que le excitaba. Podía ser la remuneración pues una de sus fantasías era cobrar por prestar sus servicios. También estaba el hecho de que quien paga exige y eso también le ponía, ser la esclava sexual de alguien, hacía que su coñito inundara sus bragas. No sabía si contestar, por una parte, colmaba todas sus expectativas y por otra le daba miedo. Aunque la humedad de sus braguitas, le ayudó a tomar una determinación. Se puso delante del ordenador y escribió. Hola Pablo, he leído tu perfil y la verdad que me da morbo. ¿Podrías explicarme un poco más? Cuando mandó el correo, un torrente de flujo bajó por su coñito y mojó hasta la silla. Tuvo que levantarse y buscar una toalla para no hacer marca. Su excitación crecía por momentos Al poco tiempo, recibió otro correo. Ante todo, siempre don Pablo y de usted. Esto es muy fácil, los días que podamos quedar, yo le daré una cantidad económica, por disponer de su cuerpo a mi capricho. Como digo en mi perfil, le cuidare. No soy un sádico, pero tampoco soy un ángel. Si le interesa tendrá que rellenar un cuestionario y dar su conformidad para que su cuerpo me pertenezca. Reitero, esto solo será mientras dure la sesión, luego los dos seremos otra vez nuestras propias y cultivadas personas. Si está interesada, le pasaré las cuestiones. Usted es libre de decidir si luego firma el consentimiento o no. Esther leía y releía ese nuevo correo. Un torrente de adrenalina corría por su cuerpo, la excitación era máxima y la verdad que la curiosidad también. Su cabeza daba vueltas y vueltas en una montaña rusa de sensaciones, le excitaba sobre manera esta experiencia. Con las manos temblorosas, contestó. Como usted diga don Pablo, mándeme el cuestionario y si tiene a bien, me manda también el contrato. Pablo miró en su escritorio y encontró el borrador del cuestionario que ya usara en su juventud. Ya no era un chaval a sus casi sesenta años, las canas y la barriguita le daban un aspecto más serio. Aún conservaba sus músculos, dentro de su metro setenta y cinco había albergado algo de grasa. Él estaba contento con su cuerpo y con el rendimiento que este le daba, aún era muy activo y le gustaba el sexo, lo vivía con pasión y se entregaba a él por entero. Recogió el borrador y lo copió en el escrito. Primero. Estatura, edad, contorno de pecho, caderas y culo. Fantasías sexuales ¿Qué es lo que más te gusta en la cama? ¿Cuáles son tus líneas rojas en la cama? ¿Te gustan los juguetes, ser atada, azotada, humillada. Usada? ¿Aguantas bien el dolor? ¿Podrías pasar tiempo fuera de casa sin problemas?. Bueno creo que con esto será suficiente, si usted ve algo que añadir, pues lo añade. Una vez que reciba este borrador cumplimentado, le mandaré el contrato. Un placer Esther se sentía muy excitada e inquieta. De repente, la vida le ponía su fantasía en bandeja y era muy consciente que, a pesar de las supuestas buenas palabras de su amo, era una decisión arriesgada, pero ¿Qué es la vida sin riesgo? No podía ignorar que existían auténticos monstruos, pero aquí parecía todo serio, con contrato y todo. Pocas veces en su vida había dejado que su coño tomara decisiones, pero ya tocaba. Se dispuso a cumplimentar el formulario. Estatura, 168 centímetros Edad 40 años, contorno de pecho 110 centímetros, caderas 95 y culo 100. Fantasías sexuales Demasiadas por realizar…. Tener un amo, ser ofrecida a otros hombres y participar en orgías. Sin ninguna experiencia, no descarto lésbicos. ¿Qué es lo que más te gusta en la cama? Cunnilingus, ser azotada y atada. Sentirme observada. ¿Cuáles son tus líneas rojas en la cama? Cualquier cosa escatológica, sexo anal sin mucha lubricación. ¿Te gustan los juguetes, ser atada, azotada, humillada. Usada? Si, don Pablo. Me encanta. Tengo vibradores de todo tipo y me gustaría darle placer sometiéndome a usted. Esta idea ya me excita. ¿Aguantas bien el dolor? Creo que si, de todas formas, deberíamos acordar la palabra de seguridad. ¿Podrías pasar tiempo fuera de casa sin problemas?. Sin problemas, al teletrabajar, el trabajo va conmigo. Esther envió el correo casi temblando de excitación y no dudó en bajarse los pantalones y las bragas y masturbarse delante del ordenador. Su coño ya estaba muy mojado y al leve roce de sus dedos, sintió que un orgasmo la invadía. Hola Esther. He visto sus respuestas y por mi parte cumple a la perfección para poder ser la segunda parte de la ecuación. Creo que todas sus fantasías podrán ser resueltas sin dificultad. Le paso el contrato, si lo conforma, seguiremos en contacto, de no ser así, habrá sido un placer el haberte conocido. La abajo firmante. EstherClaramunt Revigñon. Acuerda que desde el momento de la firma y por el periodo de seis meses queda ligada a las órdenes, deseos y pruebas que don Pablo Andrade González tenga a bien practicar con ella. Don Pablo pagará la cantidad de 500€ por sesión y estás se celebrarán en la mansión los Álamos en la sierra madrileña, en el municipio de Patones de Arriba. Don Pablo se encargará del transporte de ida y vuelta de doña Silvia. Una vez esté en la mansión será de exclusiva propiedad de don Pablo y podrá hacer con ella cualquier cosa ya pactada. Aquí se excluyen las prácticas escatológicas y el abuso del sexo anal, este solamente se realizará después de haber dilatado y lubricado la zona correctamente. La palabra de seguridad será rojo, si no dispone de la boca tres palmadas con sus manos o sus pies. Una vez firmado el acuerdo y en compensación por los posibles perjuicios que se puedan ocasionar recibirá la cantidad de 5000€ en concreto de extra. Doña .………………………. Don …………….. Esther miro tarde su correo, ese día había tenido muchas cosas que hacer. Al abrirlo vio que tenía un correo de don Pablo. Lo leyó y le pareció fenomenal, sobre todo la cuestión económica. Procedió a contestar y firmar el contrato, no sin antes acariciar sus pezones en un suave pellizco. Don Pablo, estoy de acuerdo. Procedo a enviar el contrato firmado y a quedarme con una copia del mismo. Pablo recibió el contrato firmado y revisó su agenda. El próximo viernes, tenía libre y podía dedicarse por entero a Silvia si es que ella también podía. quería tener un primer acercamiento, para ver que tal podía responder y hasta dónde podría llegar. Querida Estherel próximo viernes 21 de enero, si le va bien, mi chófer pasará a recogerla por donde usted me diga a las diez de la mañana. Le ruego sea puntual. Esther recibió el correo y una corriente de adrenalina recorrió su cuerpo, su mejilla se sonrojaron y su coñito empezó a lubricar en desmedida manera. Sentándose frente al ordenador, respondió. Estimado señor don Pablo, por mi parte no habría problema. Estaré encantada de presentarme ante usted. Esther …… Pablo se dedicó a preparar la estancia donde recibiría a Esther. En ella había una cruz de San Andrés, de la que partía en la unión de las dos aspas, un vibrador que se movía como si fuese un sinfín a la vez que vibraba. También disponía de un banco que se acoplaba a ese artilugio y de sus patas salía una barra extensora que mantenían las piernas del sujeto a colocar, bien abiertas. Pablo ese día se dio un buen baño y se perfumó. Sabía que el olor en las mujeres es una primera toma de contacto y quería ganar ese punto. Se vistió con su traje negro de lino, se puso una camisa blanca y unos zapatos de charol negros. Eran las once de la mañana y en un cuarto de hora, Andrés llegaría con Esther. Escucho como el auto entraba en el garaje. - Don Pablo, la señorita ya está aquí. - Perfecto, llévela a la sala, ahora voy yo. - Pablo se retrasó a propósito, sabía que eso haría crecer el nerviosismo y la incertidumbre de Esther. El la observaba desde detrás de un espejo, que le permitía una nítida visión. Esther retorcía sus manos con nerviosismo, la excitación iba creciendo y su cuerpo daba muestras de ello. Se preguntaba ¿qué hacía ahí, porque se arriesgaba, que le pasaría, qué pruebas había de hacer? Daba vueltas por la sala, cuando empezaba a desesperarse. Pablo entró. - Buenos días señorita, ¿El viaje bien, supongo? - Si, si señor, muy bien gracias. - ¿Fueron satisfechos sus honorarios? - Sí señor, así fue. - Muy bien, pasemos a esta sala. La sala era fría como el recibimiento. Estaba iluminada en un tenue color rojo y se podían apreciar todos los instrumentos que en ella había. Éstos los iremos viendo poco a poco según discurra la historia. - Desnúdese y sientes en el banco que hay bajo la cruz. Peroooo, asiiii en frío??? - Si lo quiere ya puede irse, llamaré a Andrés - No, no, tranquilo. Esther empezó a desnudarse… el comienzo la dejó helada, aunque esa autoridad y esa voz le hicieron mojar sus braguitas. Pablo observaba el cuerpo de Esther desde su butacón de cuero negro. La muchacha tenía un bonito cuerpo y unas tetas de impresión. Esther se desnudó lentamente y procedió a sentarse en el banco. Observó que entre sus piernas había una especie de falo rugoso. Este le queda justo en su clítoris. Pablo se levantó, sujeto las muñecas de Esther a la cruz y abriendo bien sus piernas le sujetó a los estrenos de los salientes del banco. Se sentó en su butaca y empezó a observar a Esther. Esta miraba atónita como ese hombre solo la miraba, lo que empezaba a excitarla. Miraba su coño con descaro y al subir la vista a sus tetas se relamía, no dejaba de mirar y acariciar ese precioso cuerpo con su mirada. Pablo empezó a acariciarse la polla por encima del pantalón sin separar en ningún momento la vista del coñito y las tetas de Silvia. Se puso de pie caminando alrededor de ella observando cómo su pecho se alzaba en rítmico baile Se relamía mirándola y el bulto de su entrepierna cada vez era más notable. Los pezones de Esther se pusieron duros como la polla de Pablo y el coñito ahora era una fuente. Ella sentía como ese hombre estaba acariciando su cuerpo sin tocarla, solo con su mirada. Su excitación cada vez era mayor, sentía esos ojos recorriendo su piel y tatuando el deseo en ella. Pablo en su recorrido se dirigió a la pared del fondo y oprimiendo un botón, hizo que el artilugio empezase a moverse. Este repasaba el coño de Esther una y otra vez en un movimiento de adelante hacia atrás a la vez que vibraba lentamente. Los ojos de Esther empezaron a abrirse, muy despacio y su cuerpo empezó a calentarse, su piel se erizo. Nunca había sentido nada parecido, la cadencia del instrumento era tal que su cuerpo se iba excitando muy lentamente. Una sensación de placer empezaba a subir desde su coño hasta su cerebro. Las piernas se le cerraban involuntariamente queriendo atrapar ese instrumento. Pablo dobló su americana sobre una silla, se quitó sus zapatos y sus calcetines, desabrochó su cinturón y dejó caer sobre la tarima su pantalón, desabotono con parsimonia su camisa y agarrando su polla empezó a menearla. Subía y bajaba su mano con suma lentitud. Esa polla gorda de unos diecinueve centímetros. Se mecía frente a la cara de Esther que abría cada vez más los ojos. El aparato vibrador, cada vez cobraba más ímpetu, lo que hizo que Esther clavase su coño contra él a la vez que sus ojos devoraban la polla de Pablo. El estar atada aún le daba más morbo. Puesto que quería lanzarse y sus ataduras se lo impedían. Su excitación estaba llegando al máximo - Démela, démela por favor, démelaaaa - Primero pídela como tienes que hacerlo, ruega, humíllate. - Por favor don Pablo, por favor, déjeme comerle la polla, por favor. - ¿Ves qué fácil es? Pabló se subió al banco y se acercó a la cara de Esther. A la vez que hacía que el vibrador adquiriese mucha más velocidad. Esto hizo que Esther casi se clavase en él, pegando al máximo su clítoris en esa barra mellada que le llenaba de placer. Estaba muy excitada y quería esa polla en su boca. Pablo se acercó a Esther, lento, muy lento. Meneando su polla en un sube y baja que Esther seguía con sus ojos y con su boca abierta. Acercaba la polla a la boca y al tocar los labios, volvía a alejarse. - Abre esa boca putita, ábrela bien. Esther abrió la boca todo lo que pudo. Pablo introdujo su polla en la boca, pero solo entró la mitad. - Abre más putita, abre más, que te voy a reventar esa boquita. Esther abrió la boca un poco más, haciéndose daño en las comisuras de sus labios. La polla de Pablo entró hasta su garganta. Es ahí cuando tuvo su primer orgasmo que le hizo dar un apagado grito, ya que tenía la polla metida hasta su glotis. Esther estaba extasiada, el vibrador de su coño la volvía loca y que le fóllansen la boca siempre le había producido un placer especial. Pablo al notar su orgasmo sacó la polla de la boca de Esther, dejando un hilillo de babas entre la boca y su polla. - Por favor, folleme, por favor. - ¿Quién te dio permiso para hablar? Serás castigada luego y ahora te quedarás sin follar. Debajo de Esther ya había un buen charco. Pablo se sentó y volvió a mirarla sin prisa, su cara de gusto, sus ansias que le hacían retorcer sus muñecas, ese coñito pegado al vibrador, su mirada de súplica y sus ojos llorosos por la follada. Le estaban haciendo pasar un muy buen rato. Esther ya tenía los ojos en blanco y un hilillo de baba caía por la comisura de sus labios. Había perdido la cuenta de sus orgasmos, balbuceaba temblando en un orgasmo continuo. Miraba a Pablo y le rogaba ser follada con la mirada. Pablo se levantó, apagó el aparato y desató los pies de Esther que inmediatamente juntó sus piernas. Sentía un placer jamás alcanzado. Le soltó las manos que rápidamente las llevó a su coño para apretarlo con fuerza. Pablo procedió a atarla sobre un potro. Le ató las manos a las patas de delante y los pies a las de atrás, así como sujeto su vientre fuertemente al lomo del potro con una cuerda de seda que le propiciaba un agradable tacto. - Te voy a dejar respirar un rato. Pablo se puso una fina bata de seda y fue al salón a degustar su nuevo champán francés. Esther estaría un buen rato en esa posición pensando y relamiéndose. La opresión de su vientre y la exposición de su coño, hacían que éste latiera con fuerza. Estaba a punto de correrse solo de pensarlo y de sentir como bombeaba como si fuese un corazón desbocado. Después de la segunda copa de champán, Pablo miró su reloj. Eran más de las dos y había que comer. Fue a la habitación y desató a Esther, viendo un gran charco a sus pies. Veo que has disfrutado de tu soledad. Pero ahora tenemos que comer, necesitarás todas tus fuerzas, luego tendrás tu castigo. Gracias señor. Fueron al salón y Andrés les sirvió una sopa de picadillo y un buen filete a la plancha con patatas fritas. Lo regaron con un buen vino tinto y de postre tomaron arroz con leche, había que reponer fuerzas. Hoy comerás conmigo en la mesa, pero esto no será lo habitual. Para relajarse tomaron una copita de champán mientras hablaban de sus vidas y de sus trabajos. Pablo era un excéntrico millonario que había hecho su fortuna con el tabaco. En los buenos años del contrabando de este producto. Ahora se dedicaba a vivir de sus locales y sus pisos. Solo en alquileres tenía unos dieciocho ocho mil euros al mes. Madrid seguía siendo una capital muy cara. Una vez terminada la comida y ya con esta reposada, volvieron a la habitación roja. Pablo volvió a atar en la misma posición a Esther y está empezó a excitarse con la sola idea de ser azotada. Pablo cogió un fogueer del cajón de los juguetes. Se componía de una empuñadura de cuero, con tiras de este material, finamente trenzadas entre sí, sabiéndolo usar, hacía mucho daño. Esther, ahora te voy a azotar, contarás los azotes y me dirás, gracias señor. ¿lo has entendido? Si señor Unooo gracias señor Doos gracias señor. Pablo no imprimia mucha fuerza en los primeros azotes, aunque unas bonitas marcas rosas aparecían en la blanca piel de Esther. Cada cinco azotes metía sus dedos en el húmedo coñito follandola lentamente. Quinceeee gracias señor. Ahhhhh dieciséis gracias señor. Pablo había intensificado la fuerza en los azotes y las marcas ya tenían un ligero color violáceo. Observó como unas gotas resbalaban por las piernas de Esther, denotando su excitación. Soltó el nudo de su bata y su erecto pene miró al cielo. Dando un fuerte azote. Ahhhhhveinticiiiciiiincooooograaaciiiaaasseñoooor Pablo introdujo su polla de un solo golpe en el coño encharcado de Silvia, que nada más sentirla, se corrió como una loca, llorando por el placer. - Gracias señor, gracias señor, graaaciiiaaasseñoooor Pablo entraba muy lento y muy suave en ese coñito, la excitación de los azotes le tenía a punto y quería aguantar un poquito más. Con su mano dio un sonoro azote a Esther y empezó a follarla con todas sus fuerzas. - Tomaaaaatomaaaaatodooo para tiii, tomaaaaa, tomaaaaaa te voy a llenar, toooooomaaaaaaa Una buena cantidad de esperma, llenó el coñito de Esther. Pablo se salió de ese cálido coñito y sentándose en su butaca, observó cómo su semen corría piernas a bajo de la joven que aún temblaba sobre el potro. Después de unos minutos de observación, recogió un bote de lubricante y se acercó al culito de Silvia. Esta al notar el frío del lubricante y los dedos en su culo grito. No, por ahí no, por favor señor, por favor. Has vuelto a hablar y esto estaba dentro del pacto, así que en la próxima sesión serás castigada con la pala. Pablo siguió con sus dedos explorando ese casi virgen culito y lo noto muy cerradito, muy apretadito. Le daría mucho gusto follárselo. Lo que sin duda haría el día que ella se lo suplicase, pero ahora solo quería conocer su elasticidad. Andrés acompaña a esta hermosa joven al baño y después la lleva a su casa.

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