LAS ALEGRIAS DE ESTHER 2

CAPÍTULO DOS. Andrés dejó a Esther en su apartamento y volvió a la mansión. Esther subió a su piso, aún estaba un poco alucinada. Primero por qué había ganado seis mil euros en dos días y después por qué la situación era cuanto menos extraña. De momento, todo era perfecto y se había sentido protegida y segura. Pablo era un amo comprensivo y aunque le había castigado y volvería a hacerlo, parece que no había sido excesivamente duro con ella. La primera toma de contacto había sido gratificante para ella y se sentía muy a gusto con la decisión tomada. Sabía que en el tiempo que le quedaba tendría nuevas e interesantes experiencias y que seguro se harían realidad sus más oscuras fantasías. En cierto modo era feliz, muy feliz. Deseaba que le volviesen a llamar para ver qué nueva experiencia le deparaba el destino. Estaba segura que cubriría sus expectativas. estaba impaciente por contar su historia y rápidamente busco en su cabeza a quien contárselo. Llamó a su amiga Irene y le contó su aventura. - Pues ya ves Irene, me voy a forrar jajaja y además haciendo lo que más me gusta. - Joder tía que suerte tienes y menudos chollos te encuentras. - No te preocupes si surge algo para ti te comento.¿Estarías dispuesta? - Jodeeer no sé, eso de que me peguen no me pone mucho. - No te pegan jajaja a mí sí, por qué me gusta y ese es mi trato, pero si sale algo, les diré que tú sin castigos. - Ahhh vale, si es así, entonces perfecto, me lo comentas. Bien, voy a ducharme y a dormir un poco. Esther se metió en la ducha, encendiendo el agua caliente, el calor del agua pronto invadió su cuerpo. Se sentía fenomenal, esa sesión había sido un chorro de adrenalina para ella. Dejó que el agua caliente corriese por su cuerpo a la vez que levantaba su cara para buscar el chorro directo. Se sentía muy bien con ella misma. Se puso el albornoz y salió a ponerse algo de cena. Se sentó frente al televisor y buscó su serie favorita y procedió a mirar con atención la pantalla. Al poco se quedó dormida sin darse cuenta. Despertó con frío sobre las tres de la madrugada y se fue a la cama, se quitó el albornoz y se metió desnuda en la cama. Sentir las sábanas recién cambiadas con su cuerpo desnudo la excitó y sucumbió de nuevo al sueño. A las nueve de la mañana sonó su teléfono. - Buenos días, soy Pablo. ¿Tienes algo que hacer el jueves? - Pues la verdad que no sé, pero creo que no. - ¿Te gustaría venir a mi casa por la tarde noche sobre las ocho u ocho y media? - Perfecto no hay problema. - Un mensajero te llevará una caja, tú ya sabrás que hacer. Andrés te pasará a buscar sobre las siete o siete y media, te llamará antes. - Muy bien, muchas gracias. Casi no había colgado y llamaron a la puerta. - ¿La señorita Esther? - Si soy yo, muchas gracias. Cuando se marchó el repartidor, Esther abrió la caja. En ella había un vestido negro, hasta los tobillos y abotonado en su parte delantera., Unas medias de seda negras con un precioso bordado en su parte superior y unos zapatos de unos 15 centímetros. Rápidamente lo sacó de la caja, al hacerlo descubrió un huevo vibrador en el fondo y un sobre. Abrió el sobre y leyó. Has de ponerte el vestido, con los cuatro primeros botones desabrochados, también habrás de ponerte el huevo a las ocho menos cuarto. La curiosidad pudo con Silvia y se puso las medias. Estás tenían un tacto divino, la seda se pegaba a su piel adquiriendo una suavidad extrema, esa sola caricia la hizo mojarse. El vestido realzaba su pecho que justo no se llegaba a ver entero por muy poco, adivinando su contorno perfectamente. Sus pezones se pusieron erectos marcando la fina tela del vestido y denotando su excitación. Al ponerse los tacones, se vio espectacular. Fue al baño y se maquilló intentando provocar con su cara lo que insinuaba su cuerpo.. Estaba espectacular y realmente explosiva. Dio unos paseos por la casa para acostumbrarse a los tacones y dejó todo muy bien colocado para el jueves. Puso el huevo a cargar y salió a buscar a su amiga Irene. - Te veo radiante, niña, ¿Todo perfecto, creo? - Siiiii estoy exultante, esto me está llenando. Y mis fantasías se van cumpliendo una tras otra. - Qué suerte has tenido, la verdad es que un chollo así no se presenta todos los días. - Me lo pensé mucho antes de contestar, me excite y me cague de miedo. Pero ahora creo que hice bien en hacerlo. Irene miraba con envidia como su amiga desprendía un halo especial. Las dos muchachas se tomaron unas cervezas y picaron un poco. Después se fueron a sus casas. Esther estaba impaciente, por lo que podría surgir al día siguiente. Se tumbó en la cama totalmente excitada, pero no quiso ni tocarse, quería experimentar el máximo placer. Ella sabía que sería recompensada con creces. Al despertarse, llenó la bañera, sembró la bañera con sus sales favoritas y se metió en el agua caliente. Cerró sus ojos y se dejó llevar por su imaginación. ¿qué le pasaría hoy? Su flujo descendió hasta inundar su sexo Al salir del baño, se dio su crema recreándose en sus duros pezones que acaricio con parsimonia y pellizco con un aire muy picante. Se retoco el coñito, dejando una pequeña línea de pelo en el centro de este. La excitación podía con ella, su sexo ya era una fuente. Menos mal que no llevaría bragas las bragas, estaba segura de que si se metía los dedos se correría en el acto Se perfumo con tiempo, para que el olor fuese frugal. Comió algo muy ligero y procedió a maquillarse. Se puso las medias, el vestido y los zapatos, se colocó el huevo en el interior de su coñito y se miró al espejo. estaba radiante, los pezones se marcaban en la fina tela insinuándolo todo. Sus preciosos pechos se insinuaban por el escote del vestido y casi se podía ver hasta su pezón, este se veía en cuanto se agachaba un poco. Andrés llamo poco después de las siete. - Señorita Esther, estaré ahí sobre las siete y media. - Perfecto Andrés aquí estaréesperándole. Aún tenía casi media hora y el huevo se puso en funcionamiento a muy baja potencia. Al ir sin bragas tenía que apretar sus piernas para que el aparato no se saliese. Esto le proporcionaba un excitante placer, a la vez que una gran excitación por el miedo a perder el aparato - Señorita Esther, ya estoy aquí la espero frente a su portal. - En un minuto estoy abajo. Esther apretó sus piernas y fue hacia el ascensor. La humedad de su sexo hacía que el huevo buscase por donde salir y eso que la velocidad era mínima. Por suerte Andrés había aparcado muy cerca. Esther caminaba muy despacio apretando con fuerza sus piernas. Andrés le abrió la puerta y miro como se abría el vestido al sentarse y las magníficas vistas que le ofrecía. - Esta usted preciosa, si me permite el comentario. - Muchas gracias, Andrés, es usted muy amable. Llegaron a la casa cerca de las ocho y media. Esther fue conducida a una habitación donde había otras seis personas más don Pablo. Ella estaba prácticamente en medio y las demás personas le hacían medio circulo, mientras tomaban una copa. Esther estaba expectante, sabía que no podía hablar y ya tenía un castigo pendiente. Don pablo se acercó a ella y cogiendo primero su mano derecha se la ato a unas cadenas que pendían del techo, haciendo lo mismo con su mano izquierda. Fue desabrochando los botones de su vestido con lentitud. Esto produjo una gran excitación en Esther al verse desnuda delante de los ahí presentes. Pablo acaricio su mejilla, repaso sus pechos y descendió hasta comprobar la humedad de su sexo. Pablo se le acercó y le dijo al oído. - Ahora pondré el huevo al máximo, si no eres capaz de aguantar cinco minutos, sabrás como pica el látigo y más después de aplicar la pala. Ester temblaba por la excitación, llevaba mucho tiempo excitada y no sabía si conseguiría resistir. Pablo se retiró dejando al descubierto los pechos y el coñito de Esther. Las cadenas se izaron hasta dejarla con el único apoyo de sus puntillas en el suelo. Esther miraba a su público e intentaba apretar las piernas todo lo que podía. La velocidad del aparato, le parecía endiablada y no tenía ninguna noción del tiempo. Ella solo se preocupaba de apretar sus piernas y de que el huevo no se saliese, aunque cada vez le resultaba más difícil. El público la miraba con expectación, ellas acariciaban sus pechos, mientras ellos cogían sus pollas por encima del pantalón. Pudo observar como una morenaza impresionante chupaba un tremendo pene de un atlético rubio. Esto la despisto lo suficiente para dejarse ir. Abriendo sus piernas todo lo que pudo expulso el aparato a la vez que un buen chorro de flujo salía por su coñito. Siiiiiiiijodeeeerqueeeeeguuustooooooosiiiiiii, siiiiiii, siiiiiii. - Muy bien Esther, has aguado quince minutos, toda una campeona. Te has ganado una reducción en tus azotes, estos serán solo veinte, aunque me temo que pedirás más. Ahora iremos al salón. Esther tenía todas las piernas mojadas. Fue desatada y llevada al salón. Ahí había una gran mesa con unas sujeciones en cada esquina. Primero fue desnudada, le quitaron toda la ropa y los zapatos. Ataron sus manos a cada argolla que salía de la mesa y Andrés procedió a distribuir comida por su cuerpo, gelatinas, salsas, pescado crudo, carne con salsa. Los comensales procedieron a desnudarse también. - Ya podemos empezar, recordar que quien use las manos será castigado. Los asistentes procedieron a comer y lamer sobre el cuerpo de Esther. Esta recibía un extraño placer, aunque era superlativo. Todas las bocas, las lenguas, las pollas recorriendo su cuerpo. La excitación subía por segundos, después del huevo estaba totalmente excitada. Cada roce en su piel le producía mil sensaciones. Su cerebro las aceleraba haciendo que su cuerpo se tensase ante el roce de esa multitud de lenguas y bocas. Una preciosa rubia le dijo al hombre que tenía al lado. - Quiero probar el sabor de ese coñito con un poco de soja. El hombre procedió a introducir su polla en el cálido habitáculo, lo movió unas cuatro o cinco veces, observando su tremenda humedad y procedió a untarlo con la salsa de soja que tenía sobre su ombligo. La rubia abrió mucho los ojos y acerco su boca con gula a ese impresionante falo bien condimentado. Recogió con su lengua todos y cada uno de los ungüentos en el habidos y procedió a chupar con frenesí, tan especial recipiente. El apolíneo muchacho, movía sus caderas buscando que la rubia introdujese su miembro lo más hondo posible. Mientras la morena chupaba, con inusitada ansia los pies de Esther que se retorcía sobre sí misma, el placer, la ansiedad y el deseo de correrse, la tenían en un éxtasis total. A su vez el atlético rubio, chupaba sus pezones con una dulzura y una maestría extrema. Los estiraba para proceder a lamerlos con suma lentitud, los mordía muy ligero y volvía a estirarlos. Don pablo se había apropiado de la boca y metía y sacaba su polla con una lenta métrica que lo tenía al borde de la explosión. Una madura mujer, chupaba los huevos de pablo que colgaban sobre la cara de Esther. La madura tenía experiencia y don pablo no aguanto mucho, aprovechando la boquita de la madura para darle su ración de leche. La madura trago con suma gula la leche recibida y como buena samaritana, compartió con Esther el sabor del líquido elemento. El apolíneo moreno entro en Esther con suma lentitud mientras la rubia devoraba su clítoris, con pasión, chupando y lamiendo con parsimonia. El apolíneo muchacho acelero al máximo sus embestidas llenando el coñito de Esther con preciado líquido. Ester estaba en éxtasis, no había podido aguantar más y ya hacia un buen rato que había empezado a correrse. Su mente se nublaba y los orgasmos apunto estaban de llevarla a la inconsciencia. Mientras el rubio atlético follaba con ganas el coño de la morena, esta lo repasaba sobre la boca de Esther, que lamia ávidamente tan delicioso manjar. A la vez que el muchacho llenaba el coñito de la morena, esta se corrió, dejándole a Esther la mezcla de los dos sabores, que no dudo en degustar con suma ansiedad. las mil sensaciones que Esther recibía la tenían en un orgasmo continuo que hacía vibrar todo su cuerpo. Una vez termina la cena, todos volvieron al salón, donde se había colocado una especie de mesa con un alzador en su mitad, este alzador tendría medio metro más o menos. Esther fue soltada de la mesa y tal como estaba fue de nuevo atada en el nuevo artilugio. Le pusieron boca abajo ataron sus manos juntas por encima de su cabeza y flexionando sus rodillas las ataron dejándola bien abierta. La mujer madura se puso debajo de Esther con la boca en su coñito. Don pablo procedió a acariciar con la pala el culo de Esther. Plaaaas - Unoo gracias señor - Doos, gracias señoor. La madura lamia en un baile sin fin el abultado clítoris de Esther que cada vez bajaba más su culo, exponiéndolo así a los azotes de la pala. Al quinto azote un hombre ya muy mayor, introdujo su impresionante miembro en el encharcado coñito de Esther. Este bombeo duro durante cinco empellones y saco su polla llenando la boca de la madura de los jugos que Esther cocinaba en su interior. - Seeeeeeeeeeeeeeeiiiiiiiiiiiiiiiissssssssssgraaaaaaaaaciiiiiiiaaaaaaassssseeeeeeeeee ñ oooooooor Esther tuvo un gran orgasmo que ya no pararía hasta el final. - Diiiiiieeeeezzzzzzzgraaaaaciiiiiiiiiaaaaass señooooooooor Aquí nuevamente el señor bombeo el coñito de Esther que ahora era devorado por la rubia. Ester ya solo era un orgasmo detrás de otro y al azote quince, dejo de hablar para empezar a temblar. Las tres mujeres cubrieron su cuerpo con los suyos y los hombres procedieron a desatarla. Cuando dejo de temblar, todos se sentaron en los cómodos sofás, comentando la experiencia vivida. - Jodeer ha si do brutal, os lo recomiendo. El calor de los azotes, la comida de coño y la follada, jooodeer que pasada. Llego un momento que perdí la consciencia de tanto placer. Tenéis que experimentarlo alguna vez. - se de lo que hablas Dijo la mujer madura, mientras pajeaba al señor que aún no se había corrido. Yo al igual que tu he estado en esas dos mesas, he recibido y dado todo lo que podía y más. El calor de los azotes y las lenguas ávidas de sexo, eso es la locura y la verdad que se lo recomiendo a todas las mujeres. En un callado lamento el hombre se corrió en las manos de la madura que beso sus labios tiernamente. Pues venga, vamos a darnos una ducha, que la fiesta ya se ha terminado. Cada uno busco un baño en la grandísima mansión y procedieron a lavarse. La noche había terminado con una gran dosis de placer. continuara

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