LAS ALEGRIAS DE ESTHER 3
CAPÍTULO TRES.
Esther llego a su casa, se despojó de la ropa y se fue directamente a la bañera. Se metió en el agua calentita y se relajó tranquila, mientras ponía su música preferida. Cerrando los ojos recordaba lo vivido en los últimos días. Los placeres recibidos, el haberse sentido feliz y plena a la vez que llena. Recordó su anterior vida monótona y aburrida. El cambio había sido brutal, había tenido suerte, la verdad es que no se arrepentía de nada.
Estaba deseando tener una nueva oportunidad. El agua había arrugado sus manos y sus pies. Salió del agua, se secó, se puso su albornoz y salió hacia la cocina para prepararse algo que comer. Recogió su móvil y vio dos llamadas perdidas de Pablo y un mensaje de WhatsApp.
Mañana a las cinco de la tarde en mi casa.
Una corriente eléctrica excitante recorrió el cuerpo de Esther, excitándose pensando en ¿que pasaría mañana?. Para ella era siempre una grata sorpresa la llamada de Pablo.
Esa mañana Esther se ducho y se arregló su coñito dejándolo completamente depiladito.
Sabia que no debía llevar ropa interior, por lo que simplemente se probó un vestido de gasa negro, hasta media rodilla, se miró al espejo y se vio radiante. Se maquilló bien puta y se pintó los labios con un rojo chillón. A las cuatro en punto, Andrés llamó a su telefonillo.
- Buenas tardes, le espero aquí frente a la puerta.
- Gracias Andrés en nada estoy.
La excitación iba subiendo a medida que Esther se acercaba al vehículo.
- Buenas tardes.
- Buenas tardes señora, enseguida estaremos, póngase cómoda
Esther se puso cómoda y abriendo un pequeño frigorífico que había en el vehículo sacó una botella de agua, para apagar un poco su fuego interior. Sobre las cinco menos cuarto llegaron a la mansión.
- Hoy tengo que dejarla aquí.
- Muchas gracias Andrés.
Esther bajó del coche y se enfiló hacia la puerta principal. Junto al timbre había un sobre. Esther lo abrió, dentro había un antifaz y una nota.
Póngase el antifaz, desnúdese y llamé al timbre.
Esther miró a los lados y se quitó el vestido, se puso el antifaz y llamó al timbre. Al abrirse la puerta unas suaves manos la guiaron por la casa hasta un gran dormitorio. Ahí la dejaron, Esther pudo escuchar como esa persona salía de la habitación.
Ella se mantuvo alerta, escuchando cada sonido. Una fina brisa acarició sus piernas subiendo hacia sus pechos. Unos pasos captaron su atención. Alguien se movía alrededor suyo.
Esther estaba expectante y altamente excitada. Sintió como algo muy suave acariciaba su espalda, bajaba por ella y se recreaba entre los cachetes de su culito. Se deslizaba entre su rajita y acababa recogiendo sus flujos. Ya húmeda ascendía por su cuerpo hasta sus pechos, recreándose en dar vueltas a sus pezones. La excitación iba en aumento, ese artilugio conseguía mantenerla excitada. le acariciaba la piel en una sensación entre las cosquillas y una corriente eléctrica muy suave. la excitaba
Mientras en la habitación, Pablo estaba con una gran pluma de pavo real, rodeando y recorriendo el cuerpo de Esther. Notaba como sus pezones se ponían bien duros y la piel de gallina aparecía en su cuerpo. La pluma se empezó a centrar en su entrepierna, que ya estaba totalmente humedecida. Pablo siguió acariciando ese cuerpo despacio, subiendo y bajando pasando lentamente esa pluma por todas las zonas del cuerpo de Esther. Está cada vez estaba más excitada y por sus piernas empezaban a verse reguerillos de flujo. En estas estaba cuando unas manos acariciaron su pelo masajeando su nuca, su excitación fue creciendo según las manos bajaban por su cuello para posarse en su pecho acariciándolo lentamente. En el disfrute de las manos estaba, cuando otras aparecieron entre sus piernas acariciando su coñito muy lento con las yemas pasando estás por los labios de su coño subiendo y bajando por éllos. Esther cada vez abría más las piernas buscando que los dedos de su coño terminaran penetrándola, cosa que no sucedía. Los dedos de sus pechos ahora apretaban sus pezones, produciendo un agradable dolor que se convertía en placer al cruzarse con las sensaciones de su coño. La excitación iba en aumento y Esther subía y bajaba sus caderas buscando ser penetrada. Sus gemidos se escuchaban en toda la sala y el brillo entre sus piernas cada vez era mayor. Un fuerte apretón de sus pezones, a la vez que un dedo penetraba su coñito, hizo que Esther se corriera y un río descendiera por sus piernas. La fuerza del orgasmo la hizo hincarse de rodillas.
- Hummmmmsiiiiihummmsiiiiiisiiiiiiisiiiii
Una gran polla ocupó su boca, mientras unas manos sujetaban con fuerza su nuca. La polla avanzaba lenta e inexorable dentro de la boca de Esther. Ella tenía que abrir mucho la boca para no lastimar al portador de esa polla. La follada de boca iba lenta, la polla era demasiado grande, a la vez que suave y venosa. Eso lo podía apreciar con sus labios y con su lengua. se recreaba midiendo y lamiendo esa gran polla. Poniéndola de pie, la fueron dejando bajar lentamente, mientras ella sola se iba empalando en otra gran polla. Esta le llenaba el coño entero y la obligó a lubricar en mayor cantidad. al ser tan grande, de primeras solo pudo enterrar la mitad en su lubricado coñito
-Hummsiiiiii . me llenas entera hummm que gusto.
Un gemido se escapó entre sus labios mientras subía y bajaba sobre esa gran polla. Esther estaba en la gloria, subía y bajaba enterrando una pequeña porción de polla, hasta conseguir tocar con sus glúteos la pelvis del macho. Se estaban follando muy, muy lento y le encantaba poder recibir tantas sensaciones diferentes. La falta de visión, hacía que sus otros sentidos se acrecentaran. El tacto se sentía más, mucho más. Por eso podía sentir como esa polla se iba hinchando dentro de ella como el roce con las paredes de su coño, le producía a la vez, un terrible placer y una sensación de quemazón que le obligaba a lubricar con mayor abundancia. La polla de su boca también crecía, mientras sus venas se hinchaban cada vez más.
Lentamente se iba hinchando, aumentaba su rigidez.Se movía rítmicamente arriba y abajo dentro de su boca hasta que empezó a soltar toda su carga en ella. Esther sintió como el primer chorro traspasó su garganta, a la vez que sujetaban su cabeza muy fuerte contra esa polla. Dos chorros más traspasaron su garganta dejándola un sabor agrio dentro de su boca. Tosió y la polla retrocedió dando paso al aire liberador. Tomó aire y renovó sus esfuerzos en dar placer a la otra polla.
- Siiasiiiputaaa, asiiii, déjame bien vacío, déjamela bien limpia. Siiiiiiiii
Esther noto como salía la última gota, no tuvo más remedio que rebañarla, así su boca quedó libre. El aire volvió a circular libremente por su tráquea, ahora se centraba en sentir como era taladrada por esa polla que ella misma movía dentro de su cuerpo. Se movía lentamente, frotando su clítoris contra la piel del hombre, sus manos apoyadas en el pecho de él, le servían para alzarse y frotarse con extrema lentitud. Estaba en la gloria con ese ritmo cadente. Su orgasmo estaba próximo y lo veía venir. Aceleró el ritmo y el orgasmo le llegó, invadiendo todo su cuerpo. Fue un orgasmo largo y portentoso.
- Siiiiiiisiiiiiiiisiiiiiiiiiijodeeeeeeersiiiiiiisiiiiijoooooodeeeeer
Esther se dejó caer sobre el cuerpo de su follador y ahí quedó rendida y adormilada.
Esther iba despertando lentamente de su sopor. Noto algo áspero que recorría su piel, era como una lija fina. No era agradable, pero tampoco era desagradable. El tacto era un tanto especial, hacía que todo su cuerpo se erizase, sus pezones se pusieron duros, muy duros al tacto de eso que ella no sabía que era. Descendían por su cuerpo recorriendo sus senos, bajando por su vientre y terminando en su coñito. Ahí se recreaban pasando una y otra vez por él recorriéndolo desde su ano hasta su clítoris, para volver a subir y bajar sin descanso. La excitante tortura estaba a punto de ser casi inaguantable. Su espalda se arqueaba, su cuerpo se tensaba, una placentera sensación recorría su cuerpo. La excitación era máxima, estaba al borde del orgasmo y solo había sido acariciada sin tregua. Se retorcía sobre sí misma agarrándose con fuerza a los lados de la cama. Su lengua recorría sus labios relamiéndose por el gusto. Estaba desesperada.
- Follameee, por favorrrfollameeeee
Los gritos de Esther desgarraban el silencio, nadie contestaba. Pero esa cosa no paraba, seguía su lento baile sobre su coñito. Esther se desesperaba y buscaba alcanzar esa mano con las suyas, pero era imposible, siempre la separaban antes de llegar a tocar siquiera al portador de ese instrumento de delicada tortura.
Algo se apoyó sobre la entrada de su coñito. Esther respiró aliviada, por fin la iban a follar.
Noto como su coño se abría desmesuradamente, como aun estando lubricada el roce de carne con carne le producía un calor especial.
- Siiiiiiiiisiiiiiisiiiiii me corroooooojodeeeersiiiiiiiii
No pudo aguantar el orgasmo en cuanto esa caliente y gruesa polla llegó al final. Era tan larga que le hacía daño al chocar con su útero. Su grosor era tal que a duras penas podía acogerla en su coñito. Quien fuese, iba muy lento, muy despacio, se paraba y volvía a seguir. Esther abría la boca como los peces, boqueando y suspirando, jadeando y gimiendo.
- Así, despacio, siii que me partes cabronsiiiiasiiiii.
El portador de semejante herramienta, seguía lenta e inexorablemente martilleando las paredes del coñito de Esther.
- Asiiisiiiiasiiiijodeeeer me corroooo me corroooooo-
Esther cubrió con sus piernas la espalda de ese macho y éste la levantó en vuelo, clavando su polla hasta tocar su culo con sus huevos.
Aaaaahh me parteeeesaaaaaahhhsiiiiii , no pareeessiiiiii
El hombre empezó a mecer a Esther sobre su polla. Esta iba de orgasmo en orgasmo. Se sujetaba al fuerte cuello del hombre, hasta que este sintió que se había quedado sin fuerzas y consiguió depositarla sobre la cama.
- Joder cabron, jodeeeer casi me matas jodeeeer.
El hombre cogió a Esther por las caderas y empezó a follarla con todas sus fuerzas.
- Asiiiisiiii me mataaassiiii, no pareeees no paaaaaaaaaa............
Un potente chorro de flujo salió por el coño de Esther, bañando al hombre con él. Este se apartó un poco y recogió en su boca parte de ese líquido. Continuó, con unas terribles embestidas, para terminar, llenando el coño de Esther con su semen.
Esther dejó caer su cabeza sobre el costado de la cama, el hombre se acercó a su boca para besarla y compartir el líquido de su corrida.
Con una voz muy ronca y varonil, le dijo.
- Aquí tienes el sabor de tu orgasmo.
Esther escuchó en somnolencia unos pasos que se alejaban, colocó su cabeza encima de la almohada y se dejó ir en un sueño profundo. Despertó cuando unas suaves manos devolvían la vista a sus ojos. Una preciosa mujer la miraba.
-Ve dúchate y vístete, por hoy termino tu dicha.
Esther se fue al baño y al levantarse vio unos guantes de trabajo sobre la alfombra. Eso era lo que tanto placer le había dado. Se ducho recreándose en su cuerpo excitado. Sus pezones reaccionaron de inmediato. Su sexo, que lleno de líquidos su cueva. Se tenso y cerró los ojos dejando que el agua corriese por su cuerpo, se vistió y se fue a su casa.
Ya en su casa se tumbó en un su sofá y puso una de sus series favoritas. Al poco sus ojos se cerraron y se quedó profundamente dormida. El frío de la madrugada la despertó. Recordó con gran placer la caricia de ese vasto guante sobre su piel. Se fue a su cama, el calor de su edredón, volvió a unirla con Morfeo. Sobre las diez de la mañana sonó su móvil, era Irene.
- Hola mi niña, ¿qué tal estás?
- Joder tía aún estoy temblado
- ¿Qué me dices, ayer tuviste una buena sesión?
- Alucinante tía, aun si me rozó los pezones, se ponen duros como una piedra.
- Jodeeer, tienes que contarme todo con pelos y señales.
- ¿Quedamos para comer, me invitas y te cuento?
- Que morrazo tienes, pero vale, te invito. Ya tengo el coñito encharcado.
- Venga nos vemos a las dos.
Esther fue a la cocina y preparó unas tostadas, un café bien caliente y unas frutas. Mientras desayunaba no dejaba de pensar en cómo había cambiado su vida en poco tiempo. Como había evolucionado su cuerpo y como era capaz de sentir cada toque, cada azote, cada beso. Estaba ensimismada y el sonido del teléfono le sacó de su ensoñación-
- ¿Esther? Le llamo de parte de don pablo. El próximo día veinticinco, tiene una importante reunión. ¿Podría usted asistir?
Esther miró el calendario, ya sabía que no tenía nada, pero fue un acto reflejo.
- Perfecto, ese día me va perfecto, lo tengo libre.
- Muy bien, sería importante que si es posible acudiese acompañada de otra chica. Ya sabe que serán bien remuneradas. En caso que no encuentre a nadie, le ruego me llame a este número para encargarme yo.
- ¿Habrá azotes?
- Es muy posible, ya sabe cómo son estos hombres.
- Vale, la tarifa es de cinco mil por cada una y si quedan marcas, diez mil y solo seré yo la que reciba ese castigo.
- Le mandaré el contrato y la confirmación hoy mismo. Muchas gracias.
- Muchas gracias.
Esther se vistió informal, unos vaqueros que no dejaban nada a la imaginación y una camiseta de tirantes que marcaban sus tetas como una segunda piel. Sus pezones se pusieron muy duros al roce con la tela, hasta tal punto que estuvo a punto de ponerse un sujetador. Tomó su coche del garaje y fue a reunirse con Irene.
- Joder niña, vas crear un club de torticolis. Esos pezones casi rompen la tela.
- Si están super sensibles, joder fue una pasada, casi me pongo un sujetador. Cada vez que me roza la tela me pongo malita. Vamos a tomar algo y te cuento.
- joder niña, ¿para tanto fue?
- ¿Para tanto? Y para más.
- Vamos anda y me cuentas.
Las dos amigas pasaron a la cafetería del restaurante y pidieron unos martinis antes de pasar a comer. Esther le fue contando a su amiga, los pormenores de lo que ella había sentido, ya que ver, no había visto nada. Irene tenía la cara encendida, los labios abultados y los pezones como Esther, duros muy duros, esto a simple vista. Donde no se veía, su coño estaba encharcado y sus muslos no dejaban de rozarse.
- ¿Te estas poniendo cachonda?
- Como una estufa antigua.
- Joder, pues aún no te he contado lo mejor.
- ¿No jodas, hay más?
- Claro
- Vamos a comer y me cuentas, que estoy a punto de correrme.
La excitación de Irene era tal que su pantalón tenía una mancha de su propio flujo. Las dos amigas se sentaron, pidieron sus comandas y esperaron que el camarero viniese con el primer plato. Esther contó a su amiga, como sintió algo rugoso, aunque no desagradable acariciando su cuerpo. Lo hacía con extrema lentitud, recorriendo incansablemente sus zonas más erógenas. Como la excitaba cada vez más, hasta el punto de pedir ser taladrada por una buena polla. Solo de recordarlo sus pezones se pusieron como auténticas piedras, al igual que los de Irene.
Al llegar el camarero con el siguiente plato, se quedó tan impresionado que su boca se abrió en un gesto de admiración. Él pensó que eran lesbianas y estaban jugando. Nada más lejos de la realidad.
En cuanto el camarero marchó, Estherprosiguió con el relato.
- Nada más sentir como una polla entraba en mí y tocaba las paredes de mi útero, me corrí como una perra. Sentí esa polla primero apoyar su cabeza en la entrada y después ir entrando lenta, marcando mis paredes, rozándome, dando cuenta de su largura y grosor. Me corrí, me corrí como una colegiala.
- Joder tía, que pasada,¿no?
- Aún no termina ahí la cosa.
- Me tienes como un volcán, joder me voy a tener que meter los deditos.
Irene metió sus deditos por debajo de su corta falda y haciendo a un lado sus braguitas, metió un dedo en su coño.
- ¿Te estás haciendo un dedo?
- Si jodeeer no puedo más. Sigue, sigue.
- Pues el tío siguió lento e inexorable metiendo y sacando su polla de mi coñito. Hasta que rodee su espalda con mis piernas. Con increíble fuerza me levanto unida a él y me clavó su polla hasta el fondo, puso sus manos en mi culo y me dio fuerte, muy fuerte, tan fuerte que quede pegada a su cuello semi inconsciente por la cantidad y calidad de los orgasmos.
- jodeeerhummmsiiiiiiiijodeeeerjodeeeer
- ¿Te has corrido perra?
- Como una perra.
- Pues no saques el dedito que viene lo mejor.
Me depositó sobre la cama, me miró a los ojos y cogiendo con fuerza mis caderas me empezó a dar con todas sus fuerzas. Tuve un potente squirt y lo llené entero con mi corrida, que el con gusto alojo en su boca. Espero paciente que me calmase, para volver a darme con todas sus fuerzas hasta que me llenó el coño con su leche. Me beso y me lleno la boca con mi propio líquido. Ahí me desmayé.
- Joder, joder, joder, siiiihuuuummmsiiii me corro, me corro otra ve siiiiii hija de putaaaaaa. Que bien lo disfruuuuutaaas
- Serás cerda. Por cierto, me han pedido una chica para el día veinticinco. ¿Te apuntas?
- Jodeer no sé...¿ qué habría que hacer?
- Pues básicamente follar igual hay algún azote, eso subiría la tarifa.
- ¿La tarifa?¿Cobras por esto?
- Y muy bien.
- ¿Cuánto sería?
- Cinco mil sin marcas. Diez mil con marcas.
- ¿ Euroooos?
- Claro.
- Joder es la mitad de mi sueldo anual.
- Verás que te parece.
- Joder, quiero probar.
- Perfecto,¿ les digo que sí?.
- Bien, diles que sí.
- Pero ahora vamos a una ferretería que quiero probar que se siente con esos guantes. me has dejado en ascuas
- Iremos también a un sex shop y así te caliento un poco el culito, para que no te pille de sorpresa.
- Joder que puta eres y que vicio tienes.
- Pagaron su cuenta y salieron a buscar sus utensilios para el placer.

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