DESPEDIDA DE SOLTERA FINAL
Todas las chicas se giraron al mismo instante para ver al hermoso rubio que las hablaba. Se había quitado la cabeza de caballo y se había puesto una toalla alrededor de la cintura para tapar sus vergüenzas.
-¿Eres tú? – le preguntó incrédula Mireia.
Él se rió y le contestó afirmativamente. Mireia sintió ganas de comérselo allí mismo, era una ricura. Lo que escondía el caballo negro azabache era un rubio de cara preciosa que bien podría ser sueco. Nuevamente Mireia pensó que podría ser el hombre del mes de octubre en alguno de los calendarios subiditos de tono que recibía en el correo electrónico. Volvieron a surgirle las ganas de acompañarlo a donde le pidiera aquella hermosura y con ellas, las dudas, que se disiparon al ver a la joven de la mesa 13 volver sonriendo del privado al que se la había llevado el misterioso y enmascarado luchador. Un atropello de pensamiento se abalanzó sobre ella. Las gracias del enano, la soberbia del bombero, el misterio del enmascarado, la cara de satisfacción de la joven buenorra, el excitante juego de los aros, su corcel… cuando Mabel la sacó de sus pensamientos.
-Yo la acompaño – exclamó sorprendiendo al resto de amigas y, sobretodo, sacando de un notable apuro a Mireia.
El tío se quedó mirando a Mabel y le respondió:
-Bueno… no era mi intención llevarme a dos, pero no me importa…
-No, si no vas a ponerme una mano encima – le cortó la irreconocible Mabel provocando las risas del joven que debería rondar los 25 años.
-Si tú lo dices… - le respondió – ¿Vamos?
Mientras las dos chicas se alejaban con el rubio el resto de amigas se lo tomó cada una a su manera.
-Bueno, chicas, ¿pedimos otra ronda mientras esperamos a estas dos pájaras? – propuso Marga dispuesta a disfrutar de su despedida sobre todo después del peso que se había quitado de encima al hacerse la paja que se había hecho en los lavabos.
-Eso está hecho – la siguió Leire contenta de no ser ella la que se iba hacia los vestuarios sabiendo que era relativamente fácil que hubiera pasado.
-Oye, ¿y no os parece raro lo de Mabel? – inquirió Laura desconcertada por ser Mabel la que acompañaba a Mireia y no ella. Supuso que si las cosas hubieran ido de diferente forma… pero en ningún caso se esperaba que la mojigata propusiera ir a los vestuarios sobre todo después de haber pasado de los tíos durante toda la noche. No sabía el qué, pero tenía claro que había algo raro.
-Más raro me parece lo de Mireia – confesó Alicia, que estaba completamente turbada con el comportamiento de su amiga. Sin duda ella no era así y lo sabía bien pues habían sido muchas las veces que habían hablado sobre este tipo de comportamientos principalmente con el ejemplo de Leire.
-Chica, ¿quién no ha tenido una noche tonta? – soltó Leire perspicazmente.
-Yo – pensó Alicia, pero no dijo nada.
-No tienes por qué hacerlo – le insinuó Mabel a su amiga una vez que llegaron a los amplios vestuarios de los boys.
-Mabel… – le suplicó Mireia pidiéndole que no se lo pusiera más difícil.
Mabel vio la carita de circunstancias de su amiga y no pudo reprimirse. La volvió a besar como hiciera antes durante el show. Mireia se lo esperaba menos si cabe y volvió a sorprenderse, pero nuevamente no se retiró. Esta vez la lengua de Mabel se introdujo en la boca de su amiga y buscó su lengua con avidez. Al encontrarla, una chispa fue el inicio de los acontecimientos posteriores.
Cuando Mabel masajeó el voluminoso pecho de su amiga, Mireia se dio cuenta de lo que pasaba, pero ya era demasiado tarde para dar marcha atrás y las placenteras caricias de Mabel eran justo lo que estaba necesitando desde hacía mucho rato. Mientras tanto, el stripper que las acompañaba, viendo el percal, decidió no intervenir de momento y se quedó viendo el espectáculo que ahora las clientas le estaban ofreciendo a él.
Cuando Mabel retiró su lengua, Mireia la interrogó.
-¿Mabel, qué te pasa? ¿esto a qué viene? ¿eres lesbiana? ¿te gusto?
Aunque siempre había sentido lo mucho que su amiga la quería jamás pensó que la cosa fuera más que un amor de amiga llegando a un atractivo físico, ni mucho menos que pasara al terreno sexual.
-No, claro que no soy lesbiana, pero… no sé qué me pasa contigo, Mireia – se confesó – Me atraes, mucho. Eres tan guapa y femenina… pero no es eso… es que es tu forma de ser, creo que me he enamorado.
Mireia estaba flipando, pero aquellas bonitas palabras eran lo que faltaba para que la mezcla con la excitación que llevaba encima hiciera bum. Agarró de la cabeza a su amiga atrayéndola hacia sí y la volvió a besar. Mientras sus lenguas se entrecruzaban las manos de Mabel se colaron bajo las prendas de Mireia buscando un contacto más directo con sus pechos. El contacto fue total cuando se deshizo del sostén y pudo disfrutar de los protuberantes pechos y sus delicados pezones.
Cuando Mabel levantó la camiseta de su amiga dejando al descubierto sus ubres, el tío que las acompañaba flipó con aquellos perfectos pechos. Sin ser enormes, eran lo suficientemente grandes como para no desear ni una pizca de más. Naturales, bien puestos y con unos rosados pezones a juego con unas aureolas de tamaño perfecto, ni demasiado grandes ni demasiado pequeñas. Las tetas perfectas.
-¿Tú no me tocas? – le preguntó preocupada Mabel.
-Es que… – Mireia no sabía bien, bien cómo actuar. No es que no supiera tocar unas tetas, pues ella tenía unas, pero no sentía que hacerlo fuera lo que más le apetecía especialmente. De todos modos vio el ansia reflejada en el rostro de su amiga y se dispuso a complacerla –… está bien.
Como a ella le hicieran antes, metió la mano bajo las ropas de Mabel y, tras desabrochar el sujetador, le acarició los pechos provocando los suspiros de su amiga que se derretía con cada caricia.
El rubio pudo observar el pecho de la otra chica que era algo más pequeño que el de la primera. Además no era ni mucho menos tan bonito. Las tetas, debido a la silicona, eran mucho más redondas, pero una redondez antinatural. Los pechos estaban demasiado separados y las aureolas se veían demasiado pequeñas con respecto al resto de pecho. No es que fueran unas malas tetas, pero no llegaban ni a la mitad de perfección de las de Mireia.
Mientras las chicas se comían a besos y Mireia sobaba las tetas de su amiga, Mabel bajó una mano hasta la entrepierna de Mireia donde comenzó a frotar sobre el tejano. Debido a la postura y la rigidez de la tela aquellas caricias eran prácticamente infructuosas.
-Espera – le dijo Mabel mientras la retiraba y la tumbaba de espaldas en el suelo.
Mireia estaba desconcertada, pero tan caliente que se dejaba hacer y, aunque flipó al entender las intenciones de su amiga, no la paró. Mabel desabrochó los botones del tejano de su amiga y tiró de ellos mientras Mireia levantaba el culo para facilitar la faena. Ante los ojos de Mabel y el stripper aparecieron unas braguitas claritas manchadas por la zona que había estado en contacto con el sexo de Mireia.
-Te lo estás pasando bien, ¿eh? – la picó el chico recordándola que su corcel aún estaba allí y la esperaba dispuesto a montarla como el animal salvaje que era.
Mabel interrumpió los pensamientos de su amiga cuando Mireia notó el dedo acariciando las humedades de su ropa interior. Soltó un gemido producido por el placer de unir sus pensamientos con aquella sutil caricia. Aquella reacción animó a Mabel que retiró las bragas de Mireia quien, nuevamente, levantó el pompis para facilitar la maniobra. En cuanto la tela pasó por sus pies, Mireia dobló las piernas echándolas hacia atrás y abriéndolas para que su amiga tuviera amplio acceso a su coño abierto. Mabel aceptó la evidente invitación acercando su rostro a la humeante raja notando el calor que desprendía.
Al stripper se le empezó a empinar la polla al ver la lengua de Mabel contactar con el esponjoso coño de Mireia. El líquido vaginal blanquecino se adhería a la roja lengua de Mabel que se comía todo el manjar y los fluidos que se resbalaban por las nalgas de una y por la barbilla de la otra. Cuando el tío vio a Mabel, que estaba arrodillada, llevarse la mano a la entrepierna decidió actuar. Se acercó a la chica por detrás y le levantó la falda para ofrecerle el placer que ella le estaba regalando a su amiga. Pero no se esperaba aquella reacción. Mabel se separó de Mireia y se lo recriminó:
-¿Qué haces? Te dije que no ibas a tocarme un pelo…
La mojigata de Mabel parecía haber espabilado en una sola noche. Mireia estaba orgullosa de su amiga que además le había regalado 2 orgasmos en tan poquito rato. Pensó que aquella primera experiencia lésbica había concluido, pero al parecer su amiga no pensaba lo mismo puesto que se estaba quitando la falda y la miraba con una expresión que le recordó la confesión de su amor por ella.
-Mabel, yo no…
-¿Te da asco? – le preguntó asustada. Mireia vio tristeza en su rostro y casi se le parte el alma.
-No es eso, es que no me apetece.
-¿Pero no te apetece porque ya no te apetece más o porque soy yo o porque…?
-Para, para – la cortó y se dio cuenta de lo mucho que su amiga la deseaba y que después de lo que se había dejado hacer… se preguntó si la palabra calientacoños existía.
Mabel estaba completamente desnuda tumbada en el suelo cuando Mireia se tumbó sobre ella para besarla. Los cuerpos de ambas chicas se fundieron en uno mientras sus pechos se restregaban unos contra otros provocando el máximo placer posible sobre Mabel. Mireia se retiró de ella bajando hacia su entrepierna mientras le decía que era lo último que harían.
Mireia se alegró de que Mabel estuviera completamente rasurada. Aún así no le apetecía chuparle el coño con lo que se dispuso a darle placer como ella sabía provocárselo a sí misma. Le introdujo dos dedos de la mano, más concretamente el anular y el medio, y los dobló una vez en su interior buscando el mítico punto G. No le costó encontrarlo para empezar primero unas suaves caricias que fueron aumentando hasta acabar con un desesperado vaivén que provocó la corrida de su amiga.
Mabel creyó morir cuando notó los dedos de su amiga en su interior, pero aún sintió más placer cuando por primera vez le tocaban aquella zona tan sensible que desconocía. Sin duda, Mireia le estaba dando mucho más placer en una sola vez que todas las veces juntas de su novio. Cuando su amiga le provocó el orgasmo se avergonzó puesto que junto a él apareció un enorme chorretón de líquido como si se estuviera orinando. Era la primera vez que le pasaba y, sin saber lo que era, se avergonzó de que su preciada amiga fuera testigo de ello.
-Tranquila, cariño, es algo normal – la tranquilizó Mireia al ver la preocupación en el rostro de su amiga.
-Te quiero – Mireia sonrió.
-Sobre eso ya hablaremos con más calma.
-¿Nos vamos? – tentó a la suerte Mabel.
-Ves tirando tú, yo tengo algo pendiente – y miró a su blanco corcel.
-Como quieras – se resignó Mabel que, al menos, había tenido sexo con Mireia y tenía pendiente una conversación con ella. Aunque sobre eso se temió lo peor. Avergonzada por todo, se marchó sin despedirse.
-¿Sabes que tienes unas tetas perfectas? – le susurró el stripper a Mireia acercándose por la espalda mientras le acariciaba los pechos por primera vez.
-No son perfectas – le respondió ensimismada viendo a su amiga marcharse – una es más grande que la otra.
-¡Pues es verdad! – confirmó mientras se reía – ¿Qué te pasa? – le preguntó al verla pensativa.
-No sé… es todo muy extraño… acabo de tener sexo con una amiga, estoy desnuda en el vestuario de un stripper dejando que me sobe las tetas… yo no me comporto así.
-Si te sirve de consuelo te diré que ha sido todo un poco premeditado.
-¡Ah! ¿sí?
-Bueno, pues… no se lo digas a nadie, pero… cuando sale el primer compañero, se encarga de evaluar a las chicas que han venido a vernos y…
-¿Y? – preguntó haciéndose la tonta.
-Pues que se encarga de decirnos las que están más buenas y luego el resto salimos con cierta predisposición. Ya me entiendes…
-No, no te entiendo – le dijo Mireia marcando la ignorancia en su rostro.
-Pues, mujer, que hoy la tía más buena de toda la sala eras tú y has sido el objetivo de cada uno de nosotros durante toda la noche.
Mireia comenzó a reír.
-Gracias. Cómo me gusta hacerme la tonta. Estaba esperando a ver cuánto tardabas en decirlo.
-Serás… – la recriminó el joven, pero rápidamente sonrió dándose cuenta de que aquella chica era mucho más que un par de tetas perfectas a pesar de no ser iguales en cuanto a tamaño.
-¿Sabes? es cierto que mi amiga me ha sacado un par de orgasmos, pero… a la hora de… me ha faltado un pito – sonrió con vergüenza.
-Aquí tienes uno para que no te falte de nada – la vaciló sacándose la toalla mostrando nuevamente la enorme polla totalmente flácida – Pues para no haberte gustado el temita bollo a mi me ha puesto como un toro – le confesó recordando cómo Mabel le había comido el coño.
-Será como un caballo- rió Mireia – Pues se te han pasado rápido los efectos – advirtió agachándose para recoger con la mano los 25 centímetros de carne que le colgaban entre las piernas. – Y no es que no me haya gustado, me han venido muy bien sus caricias – insinuó con picardía – lo que pasa es que yo necesito otra cosa – concluyó antes de llevarse a la boca lo que tenía entre manos.
La polla del chico era tan grande y pesada que si no la sujetaba con las manos, al no estar tiesa, se le escurría de la boca volviendo a su posición natural colgando como tercera pierna del stripper. Para evitarlo la sujetó con ambas manos, sitio de sobra había para ello, y empezó a masturbarlo mientras con la boca se dedicaba a chuparle el brillante glande. Con esa maniobra no tardó en empezar a sentir cómo el escalofriante rabo comenzaba a adquirir rigidez y ganar en tamaño. Cerca de los 30 centímetros había espacio para que 2 manos más la acompañaran en la masturbación del semental y, aunque nuevamente no era capaz de abarcar todo su grosor con la mano, sí podía introducirse, aunque a duras penas, el glande completamente en la boca.
El tío no era tonto y sabía lo que la mujer deseaba. La separó de él y la colocó a 4 patas para insertarla por detrás colocándose a 4 patas igual que ella. Mireia sabía lo que estaba a punto de llegar y mientras lo esperaba ansiosa se frotaba el coño con avidez, provocándose todo el placer que podía. Cuando el macho estuvo a punto de insertarla notó el calor que la polla desprendía y al sentir el contacto del glande con sus labios vaginales tuvo un primer orgasmo ayudado por las caricias que se estaba procurando.
El stripper quiso penetrarla sin utilizar las manos y fue ella la que tanteó la zona buscando el pollón para dirigirlo a la entrada que debía perforar. Cuando alcanzó el duro hierro lo pegó contra su coño y lo restregó mientras masajeaba el largo tronco de la descomunal verga. Creía que se iba a desmayar del placer mientras el tío notaba como la polla se inundaba del líquido que lubricaba en abundancia la excitada mujer.
Cuando Mireia notó el irreversible deseo de sentirla dentro la guió primero hacia atrás para después acercarla a su orificio. Empezó a sentir el grueso glande haciéndose paso por la estrecha cavidad vaginal y sintió cómo la nueva corrida la alzaba hasta el cielo. Cuando el glande ya se había introducido empezó a notar carne que no dejaba de entrar dentro de su cuerpo hasta llenarla por completo chocando contra su fondo. El dolor de la embestida se sobrevino con las placenteras idas y venidas de tan grueso pene que rozaba sitios a los que su novio no había llegado jamás. Cuando cerró los ojos y se imaginó penetrada por un caballo salvaje perdió la cuenta de los orgasmos.
-¿Puedo correrme dentro? – le preguntó el chico cuando estaba a punto del orgasmo.
Ella le dijo que sí ya que hacía tiempo que se tomaba la pastilla para que su novio pudiera hacerlo sin condón. Por otro lado quería sentir el manantial que aquella verga debía emanar dentro de ella. Y no le defraudó sentir como la polla del caballo escupía semen a borbotones en su interior transportándola a un último orgasmo mientras imaginaba el blanquecino semen de un semental recorriendo sus entrañas.
-¿Te gustaría conocer a los chicos? – le propuso inocentemente el stripper mientras Mireia se vestía.
-Si no sé ni tu nombre, Phoenix – le replicó con agudeza.
-Al menos tienes un sobrenombre con el que llamarme – Mireia sonrió.
-Está bien – aceptó pensando inconscientemente en el enano, el bombero y el enmascarado y cada una de sus virtudes, a saber, gracia, suficiencia y misterio.
Una vez completamente vestida, pasaron la puerta que daba a una sala aún más grande que la anterior donde estaban todos los strippers que habían actuado esa noche. Algunos estaban cambiados, otros seguían con la ropa de trabajo y la mayoría estaban a medias, tapados con una toalla como estuviera anteriormente Phoenix o desnudos completamente como era el caso del manitas, el gladiador o el enmascarado.
Mireia pensó que venían del vestuario del que había hecho de caballo y que aquella sala debía ser común para todos los actores.
-Chicos, aquí está el premio de la noche – la presentó el rubio molestando a la chica.
-¡Oye! – le recriminó golpeándolo en el hombro.
-No te molestes, es que es así. Eres la tía más buena de todas las que nos han visto actuar esta noche – intervino el mensajero que ya estaba vestido de calle.
-Sí, sí, ya me ha contado… – afirmó desinteresada – No hace falta que os tapéis ahora, si habéis estado toda la noche mostrando vuestros encantos – soltó con ironía al ver que el luchador, que aún conservaba la máscara, se tapaba con una toalla.
-Ya, pero con una noche tan ajetreada no habrás tenido tiempo de fijarte en todas las pollas – advirtió el más veterano de todos.
-En las que me ha interesado ya me he fijado bien – le sonrió Mireia.
-En la mía, por ejemplo – irrumpió en la conversación el enorme bombero nuevamente con su chulería.
Mireia se fijó bien en él, otro de los que ya estaba cambiado. Si actuando de bombero ya se notaba su bravuconería, era mucho más evidente vestido de calle. El típico guaperas que Mireia no soportaba, pero que en ese momento la ponía cachonda como una perra en celo. Con el pelo engominado y ataviado con una camiseta remangada para lucir brazos y ajustada para marcar músculo y unos piratas con cinturón holgado que dejaban ver la ropa interior, aquel impresentable la estaba volviendo a calentar sólo de pensar que bajo aquella apariencia de chulo había una polla enorme con la que bien podía vacilar.
-Por ejemplo – confirmó la insinuación del perdonavidas – Aunque hay alguna que me he quedado con las ganas de ver más detenidamente – soltó pensando en la del enano.
-Si quieres puedes hacer una inspección de pollas – le propuso el payaso provocando la risa de la invitada.
-No, gracias – desoyó la propuesta con desdén pero sin dejar de reír.
-Vamos chicos – los organizó el payaso ignorando las palabras de la chica.
Ante la atónita mirada de Mireia los 10 machos se colocaron en fila uno al lado de otro por el siguiente orden: el mensajero vestido de calle, el manitas desnudo con la gorda polla morcillona, el payaso envuelto en una toalla pero con la cara aún pintada y la peluca sobre la cabeza, el enano vestido de bufón, el policía aún con el disfraz, el bombero con apariencia de boxeador ruso vestido de calle con aire chulesco, el gladiador desnudo mostrando la fenomenal polla que ya acariciara tras el juego de los aros, el misterioso luchador con la toalla con la que se había tapado al verla y aún la máscara tapándole el rostro, el vaquero con otra toalla y su corcel Phoenix que aún conservaba la toalla y se había vuelto a poner la cabeza de caballo sacándole otra nueva sonrisa.
-Estáis locos – fue lo único que se le ocurrió decir.
-Tú sólo tienes que venir hacia las que tengas ganas de ver… ¿cómo has dicho?... ¿más detenidamente? – le propuso el gladiador insinuando que la suya era una de las afortunadas.
-No lo dirás por la tuya – le cortó – que además ya puedo ver sin necesidad de molestarme mucho – refiriéndose a que estaba desnudo – Además, sería un agravio comparativo para el resto y no me parece bien.
-¡Joder, chica! Pues inspecciónalas todas – se comenzaba a impacientar el gladiador, tocado en el orgullo.
-Puedes empezar por orden – intervino graciosamente el enano por primera vez provocando nuevamente la sonrisa en el rostro de la chica.
-A ver, por ejemplo, del primero… paso – haciendo referencia al mensajero.
-Ya me lo dejaste claro durante el espectáculo – respondió con serenidad ante la malicia de la chica.
-Va… no te enfades – empezaba a disfrutar de la situación - ¿Quieres que te la inspeccione? – le propuso con todas las armas de mujer activadas al 100%
-Vigilad con esta que sabe más que las que suelen acabar la noche con nosotros – advirtió el vaquero a sus más jóvenes compañeros.
Pero el primero de la fila desoyó el consejo de su compañero y respondió que sí con carita de cordero degollado. Mireia era mucha mujer incluso para según qué strippers curtidos en mil batallas. Y para jolgorio del mensajero y sorpresa de la mayoría del resto, Mireia avanzó hacia el inicio de la fila de hombres y se agachó delante del primero.
La mujer volvía a estar caliente como una moto. La tonta conversación con un ligero morbo únicamente había sido el detonante, pero los 10 tíos de calendario que estaban en fila deseosos de que ella y únicamente ella les hiciera lo que estaba a punto de hacer era la verdadera razón de que se atreviera a hacerlo. La moral hacía mucho rato que ya no existía para Mireia. La repulsa inicial que sentía por estos tíos que vendían su cuerpo se había convertido en la lujuria de saber que 10 cuerpazos con 10 pollas más grandes que las de su novio estaban disponibles para su disfrute y era lo que pensaba hacer, disfrutar de esa ocasión que posiblemente jamás se repitiera.
De rodillas ante el primer stripper alargó sus manos para desabrochar el cinturón del mensajero. Cuando se hubo desecho del cinturón comenzó a desbotonar el pantalón para poder meter una de las manos acariciando el paquete del hombre. De reojo pudo ver como la polla del joven manitas iba creciendo señal de que estaba disfrutando con aquello. Y eso le hacía disfrutar a ella, el saber que era capaz de poner cachondos a aquella jauría de potentes machos.
Cuando bajó de un tirón el pantalón del primer hombre a su vista aparecieron unos bonitos calzoncillos blancos que guardaban el primer tesoro. Al parecer el más joven no era el único que disfrutaba más de la cuenta. Una ligera mancha en la tela blanca era señal de que el tío había comenzado a soltar líquido preseminal. Manoseó un poquito más el buen paquete blanco y finalmente le bajó los calzoncillos de golpe dejándolos a la altura de las rodillas. La polla del stripper se liberó de golpe y era evidente su excitación puesto que ya la tenía bastante erecta de modo que casi golpea la cara de la chica que se apartó con maestría demostrando buenos reflejos. Sonrió.
Efectivamente, en la punta superior del glande Mireia pudo apreciar el líquido cristalino que el mensajero había empezado a emanar gracias a ella. Lo masturbó ligeramente notando que la polla alcanzaba lo poco que le quedaba para su máximo esplendor y entonces se la metió en la boca pasando la lengua por la punta para saborear aquellos primeros fluidos preseminales.
No tardó en cambiar de objetivo. Cuando se movió ligeramente hacia su derecha, caminando sobre sus rodillas, quedó en frente del joven manitas. El chico tenía la gruesa polla completamente erecta. Mireia se la tocó y notó la dureza del aparato. Se complació al saber cómo lo había puesto sin ni siquiera tocarlo. Se metió la polla en la boca directamente y comenzó a hacerle una mamada sin previo alguno. No tardó mucho en dejarlo con aquella erección de campeonato al igual que a su primer compañero y dirigirse a su tercer objetivo, el payaso.
Lo primero que hizo fue mirar hacia arriba y ver el rostro pintado de blanco bajo aquella peluca de color verde con algún tono de color amarillo. Se había vuelto a poner la típica nariz roja, el mismo color que le rodeaba la boca dándole un toque algo siniestro. Le hizo gracia pensar que iba a chupársela a un payaso. Metió la mano bajo la toalla del stripper buscando su polla. Cuando la encontró, morcillona, comenzó a masturbarlo bajo la blanca toalla. Cuando notó que estaba completamente empalmado retiró la tela dejándola caer al suelo momento en el que se la chupó al igual que hiciera con los primeros de la fila.
El siguiente era el enano. Aún vestido de bufón, recordó la buena tranca que tenía para su corta estatura y, unido a lo gracioso que había sido con ella, se moría de ganas de hacerle una mamada. Cuando se acercó a él, mirándolo a los ojos, llevó sus manos a la abertura del pantalón del que antes habían salido un globo y una polla de plástico. Ahora la sorprendió nuevamente al salir disparada una flor amarilla de plástico en cuanto sus manos entraron en contacto con el pantalón, sobresaltándola.
-¡Dios mío! qué susto… – reaccionó golpeándole ligeramente en el costado y riéndose. Nuevamente le había sacado una sonrisa – ¿Serás capaz de ponerte serio un solo instante?
-No creo – le contestó el bufón sacando ahora nuevamente la enorme polla de plástico que ya utilizara en su espectáculo.
Mireia lo miró, sonriendo, y volvió a tocar aquel dildo como ya hiciera antes, pero esta vez recreándose en su forma, sus detalles… y empezó a sobarlo como si de la polla del enano se tratase.
-La tienes muy grande para ser tan pequeñito – le dijo pícaramente mientras manoseaba los 22 centímetros de plástico – Seguro que la verdadera debe ser muy chiquitita – insinuó con malicia sabiendo que no era cierto.
-Es tan pequeña que no creo que la veas – le replicó.
-Síííííí… por fa… – le siguió el juego, poniendo cara de súplica.
-No sé, no sé – suspiró – primero tendrás que cumplir con esta – haciendo referencia a la de plástico.
¡Y tanto! pensó Mireia que estaba disfrutando notando las artificiales venas que poseía el consolador que, en cierto modo, le recordaba a la polla del bombero. Aunque no era tan rechoncha y tenía venas marcadas, sí que era más o menos del mismo tamaño y grosor. Dejó de masturbar el plástico y se lo llevó a la boca mientras no dejaba de mirar a los ojos del enano, esperando su bendición para, por fin, verle la verga en todo su esplendor. Aunque el plástico no sabía igual de bien que cada una de las pollas que se había llevado esa noche a la boca, le calentaba el jueguecito con el enano. Se esmeró por complacerlo y, cuando un reguero de saliva se deslizaba por su barbilla y el plástico del consolador, por fin, el enano pensó que ya era hora de mostrarle lo que estaba ansiosa por ver.
Primero se quitó su ropa de bufón, un mono, dejando ver su poco agraciado cuerpo de enano. Mireia se fijó en sus pequeñas manos y esos grandotes dedos desproporcionados comparados con el resto del cuerpo. Igual que su polla, pensó. Aunque su cuerpo era evidentemente de enano, el stripper se cuidaba y poseía unos músculos bastantes desarrollados para lo que es habitual en las personas que sufren esta anomalía. Sobre todo poseía unas piernas bastante gruesas.
Cuando se quedó en ropa interior Mireia pudo volver a fijarse en el abultado paquete del pequeño hombre. Llevó una mano hacia el bulto y lo manoseó con lujuria percibiendo la carne que se escondía bajo la tela blanca. Antes de descubrir el tesoro, la chica se acercó y pasó su lengua por encima del calzón, humedeciéndolo, marcándose así el glande del enano. Mireia agarró los calzoncillos y los bajó lentamente mostrando poco a poco el pito del enano hasta que apareció por completo una polla flácida de unos 15 centímetros. Tal y como le pareció la primera vez, aquel pene en reposo era tan grande como el de su novio en erección.
Mireia suspiró mirando al bufón, muy cachonda, y se llevó una mano a los pantalones para desabrocharlos y poder introducir una mano mientras con la otra agarraba la verga del enano. Con la mano dentro de su pantalón y las bragas a un lado para poder masturbarse se metió la carne blanda del pequeño en la boca. Nunca le había gustado chupar una polla que no estuviera tiesa, pero la situación la sobrepasaba. Con la boca completamente llena de carne y su dedo frotando con frenesí su clítoris tuvo un nuevo orgasmo.
Dentro de su boca empezó a notar un movimiento. Era el pene del enano que empezaba a recobrar vida. Era un proceso lento y placentero. Notó como una parte luchaba por salir de la boca, señal de que, al crecer, ya no le cabía todo dentro. Empezó a mover la cabeza mientras no dejaba de chuparle la verga, ahora morcillona, para ayudarle a conseguir la erección. Cuando notó que lo que le golpeaba la garganta estaba duro como una roca se apartó de él para ver, por fin, aquel rabo completamente tieso. Sus expectativas se cumplieron sobradamente. 18 centímetros de polla para un hombre tan pequeñito era algo digno de ver y admirar.
-¡Jo! Menuda pollita, digo… pollón tienes, ¡majo! – y no se rió, simplemente se acercó para besarle el glande y pasar al siguiente.
-Me alegra que te guste – sonrió el enano satisfecho.
Ante ella estaba el policía con su imponente traje. Era como si se la fuera a chupar a la autoridad y le entró un gusanillo en el estómago.
-¿Puedo, agente? – le preguntó Mireia con sensualidad.
-No es que puedas, es que es tu deber – bromeó el policía con el rostro serio.
Primero se deshizo del cinturón que portaba la pistola y la porra. Lo dejó caer al suelo mientras el stripper se abría la bragueta dejando salir su polla morcillona. La visión de Mireia era excitante. A tan solo unos centímetros de su cara una enorme polla negra salía de los pantalones de un tío completamente vestido de policía. Se imaginó haciendo aquello por necesidad, para evitar una multa por ejemplo, y se volvió loca.
Era la segunda vez que tocaba una polla negra (la primera vez había sido hacía poco al gladiador durante el juego de las anillas) y, por supuesto, la primera vez que chupaba una. Lógicamente el sabor no era distinto al de otras vergas, pero sí era llamativo ver como brillaba aquella piel oscura y más a medida que su saliva se acumulaba a lo largo de los ya tiesos 20 centímetros de rabo negro.
Cuando decidió pasar a su siguiente objetivo, antes de moverse de rodillas lateralmente como hiciera en los otros casos, echó un vistazo al creído que estaba junto al policía. El bombero, vestido de calle, la miraba con suficiencia, esperando su turno.
-Vamos, vamos… – la animó con una sonrisa chulesca – si lo has estado deseando toda la noche – insinuó mientras se frotaba el paquete.
Aquella actitud era detestable para Mireia en cualquier otra circunstancia, pero en ese momento, cada gesto o palabra que salía de aquel vanidoso la calentaba más y más. Y contra más grotesco fuera, más se mojaban las bragas de Mireia. Se levantó y se acercó al bombero para besarlo. El guaperas le introdujo la lengua con astucia, regalándole un beso muy excitante. Mientras sus lenguas se entrecruzaban, ella acarició los fuertes brazos del stripper para luego introducir sus manos bajo su ajustada camiseta sintiendo la dureza de su torso. Cuando sus bocas se separaron Mireia estaba exhausta debido al intenso morreo, pero con ganas de comerse el pecho de aquel hombretón. Besando el voluminoso cuerpo del tipo Mireia bajó hasta la ropa interior que sobresalía por encima de los pantalones.
Aquel chulo había sido el único que se había atrevido a manosear los pechos de la chica mientras ella se dedicaba a sobarlo así que Mireia estaba al borde del orgasmo cuando escuchó las palabras que le provocaron la corrida.
-Estoy deseando reventarte la boca con mi enorme cipote.
Por mucho menos que eso Mireia había tachado de despreciables a tíos que se le habían acercado buscando lo imposible. Y sin embargo, aquel engreído la tenía a su merced. Le dio miedo pensar que se sentía tan atraída por alguien tan vulgar.
-Y yo estoy deseando que tu enorme cipote me la reviente – se sorprendió a si misma respondiendo con aquellas palabras.
El bombero se bajó los pantalones y ella se entretuvo jugando con el descomunal bulto que había bajo los bóxers del vacilón. Sobre la tela notó la cuantiosa carne y pasó la lengua sobre los calzoncillos como ya hiciera con el enano. Esta vez se entretuvo más hasta notar que el paquete ganaba en dureza. Cuando el bóxer apenas podía retener el rígido falo, Mireia le bajó los calzoncillos mostrando nuevamente la polla que ya le tentara durante el espectáculo.
El pollón era tan grueso que no se marcaba ni una sola vena. A pesar de su rigidez parecía algo menos duro que los otros. Con la polla en la boca sintió que se quitaba la espina que se le había clavado al rechazar comerse la nata que el bombero le ofreciera sobre aquella misma verga. Con aquella esponjosa polla habría seguido hasta provocarle el orgasmo, pero pensó que aún le quedaban otras a las que satisfacer y no quería dar tratos de favor a ninguno.
El siguiente era el gladiador. Al llegar a su altura pudo comprobar cómo su polla estaba empinada aunque no totalmente.
-Te dije que esto todavía no había terminado – le recordó Mireia justo antes de chupársela.
No tardó mucho en notar el grosor total de aquella enorme polla y las innumerables venas que la rodeaban. Aunque Mireia no estuvo demasiado tiempo con la mamada, el gladiador se quedó satisfecho tras la actitud que la chica había tenido con él anteriormente.
Aunque el luchador estaba tapado con la toalla era evidente la empalmada que había debajo de la misma. Mireia comenzó a sobar el duro bulto para acabar desplazando a un lado el paño dejando al aire libre los erectos 20 centímetros del stripper. Mireia no dejaba de mirar a los ojos del aún enmascarado que la miraban con una especie de miedo o de temor. Cuando por fin le agarró la polla con la mano se sorprendió al escuchar su nombre:
-Mireia… – dijo con voz temblorosa el luchador.
-¿Me conoces? – reaccionó asustada la mujer.
-Yo… sí… – soltó el stripper avergonzado que se llevó las manos a la careta.
Cuando el negro se deshizo de la máscara Mireia se quería morir. No recordaba su nombre, pero se trataba de uno de los chicos jóvenes que jugaba a fútbol con su novio. Aunque su primera reacción fue de pavor y rechazo, pensó en las muchas veces que se había fijado en el chico. Aunque era muy joven, de apenas 19 años, siempre había bromeado con su novio indicándole lo bueno que estaba el chaval. Y aunque lo hacía para picarlo, no dejaba de ser verdad. No se sorprendió al saber que era stripper pues cualidades para ello no le faltaban. Y la única cualidad que no le conocía resultó ser aquella preciosa polla de 20 centímetros.
Tras el susto inicial por saber que un amigo de su novio estaba siendo testigo de todo aquello, la lujuria se apoderó de la situación y la impulsó a comerse al niño con el que inconscientemente tantas veces había fantaseado. Volvió a agarrarle la polla y contestó al rostro de temor e incredulidad del chico con una sonrisa de pura lascivia, justo antes de hacerle una mamada.
Dejó al más joven del grupo con la polla a punto de explotar para pasar a lo opuesto, al más veterano. Con la seguridad que le daban las tablas en el mundillo, el vaquero se sacó la toalla mostrando a Mireia su polla en reposo. La chica se la cogió y empezó a meneársela sin miramientos.
-¿Sabes? Creo que eres la mejor tía que ha pasado por estos vestuarios desde que trabajo aquí. Y ya son unos añitos – le dijo el stripper con sinceridad.
Mireia no sabía cómo tomarse esas palabras.
-En serio, no sólo estás muy buena, sino que… por aquí pasa cada descerebrada… – continuó.
-¿Y no crees que sea una descerebrada haciendo lo que estoy haciendo?
-Tú no venías buscando esto. La mayoría acaba aquí porque ya lo tenían claro desde un principio, aunque no lo supieran. Pero tú estás aquí por un calentón así que no te arrepientas. Cuando pase esta noche sigue con tu vida como si esto no hubiera pasado. Seguirás pensando que estas cosas son una guarrada y seguirás sin entender a las chicas que chupan pollas a un stripper sólo porque la tenga grande o porque el tío esté cachas o sea un guapito de cara.
Mireia no sabía si podía encajar esas palabras correctamente teniendo la polla del tío que hablaba en la mano, pero pensó que tal vez tenía razón y se sintió bien engañándose a sí misma con ayuda de esas palabras. Momento que aprovechó para agradecérselo al vaquero metiéndose en la boca la única verga que le faltaba por saborear esa noche.
Para acabar con la ronda, Mireia se acercó a su corcel a quien le retiró la toalla mientras relinchaba echando la cabeza de caballo hacia atrás. Ante ella volvieron a aparecer los centímetros de polla que recogió con la mano para acercárselos a la boca nuevamente. Mientras se la chupaba, el resto de strippers deshicieron la fila para rodear a Mireia que se vio envuelta por machos desnudos con las vergas tiesas deseosos de recibir sus atenciones.
Por un momento, la chica se vio abrumada por la situación, pero no tardó en acostumbrarse a chupar una polla mientras masturbaba a otros 2 tíos con sendas manos. Cada pocos segundos cambiaba de objetivo de forma que estuvo mamando y masturbando a todos y cada uno de los strippers siempre de 3 en 3 durante algunos minutos.
Mientras la venosa polla negra del gladiador recibía las atenciones de la boca de Mireia, quien pajeaba al policía y al bufón con sus manos izquierda y derecha respectivamente, el joven luchador fue el primero que se dedicó a atender a la señorita. Se acercó a Mireia por su espalda y comenzó a sobarle el culo que estaba en pompa debido a la postura de la chica. Mireia se giró para comprobar quién era el asaltante y se sorprendió al ver al hasta ahora tímido compañero de su novio.
-Supongo que esto significa un pacto de silencio, ¿no?
El chico le respondió con una sonrisa, confirmando y dejando tranquila a la mujer. Aunque la tranquilidad le duró poco cuando el adolescente metió su mano entre las piernas de Mireia buscando su sexo provocándole el deseo de ser completamente asaltada. Y le gustó que fuera el luchador el primero en atreverse.
Mientras el joven le acariciaba el coño sobre la tela del pantalón, fue Phoenix el que se acercó para quitarle la camiseta y el sostén liberando los magníficos pechos de la excitada mujer y fue el vaquero quien aprovechó la coyuntura para sobar las tetas de Mireia que se deshacía de placer mientras atendía a 3 machos y era atendida por otros tantos.
Al poco rato Mireia estaba completamente desnuda, arrodillada, mamando y pajeando, mientras los strippers se turnaban para magrearla. Fue el manitas quien, apelando al nombre de la función del personaje que esa noche había interpretado, le introdujo los dedos en la raja para masturbarla provocándole un nuevo orgasmo a sumar a la larga lista de la noche.
Con el desfallecimiento de Mireia provocado por la corrida, el más veterano de los actores aprovechó para coger a la mujer levantándola y llevándola hacia una estrecha mesa donde la tumbó bocarriba. El mueble estaba a la altura idónea para lo que sucedió a continuación. Nuevamente el más joven del grupo se acercó a Mireia dejando su polla sobre su rostro. La mujer le agarró el pene con una mano y mientras lo masturbaba comenzó a lamerle los testículos. Mientras, por la otra parte de la mesa, se acercó el policía acariciando las piernas de la chica. Se las recogió doblándolas por la rodilla al tiempo que las separaba abriéndole las piernas para poder acceder a su coño. El negro bajó la cabeza y empezó a practicarle sexo oral a la majestuosa Mireia.
Ahora la chica podía atender a 4 machos aunque no al mismo tiempo. En cada uno de los lados se colocaba uno para que ella pudiera masturbarlos mientras que en el costado más cercano a la cabeza se colocaban otros dos. Mireia, girando la cabeza a uno u otro lado, podía chupar una u otra polla. Mientras, el resto de strippers se iban turnando para saborear las mieles de la mujer y no parecía importunarles encontrarse el coño completamente lubricado tanto por los fluidos de Mireia como por la babas de sus compañeros.
A pesar de lo desconcertante de la situación, de tanta polla a la que atender, del cansancio, del placer que las experimentadas bocas masculinas le ofrecían, Mireia tuvo un momento de lucidez para pensar en el pobre enano, el cual no podía acceder al vicio que en esa mesa se estaba desatando. Para complacerla, el gladiador ayudó a subir a la mesa a su pequeño compañero y Mireia le dedicó especial atención incorporándose para chuparle el cipote al pequeño hombre.
Cuando el bufón bajó de la mesa y todo volvió a la normalidad anterior, fue el mensajero el primero en querer follarse a Mireia. El stripper estaba comiéndole el coño cuando se apartó de ella acercando la polla al sexo de la mujer.
-Bueno, tras la inspección y los acontecimientos posteriores… ¿sigues pasando de esto? – le recriminó el mensajero haciendo alusión a su tiesa verga y la intención de penetrarla.
Mireia no contestó, únicamente lo miró desafiante, diciéndole con la expresión que se dejara de juegos rencorosos y se la metiera ya. El tío, satisfecho al ver el rostro desencajado de la chica, le metió la polla hasta el fondo y comenzó a follársela con avidez.
Como ya era habitual, los strippers fueron pasando todos por el lugar que había inaugurado el mensajero de forma que Mireia pudo ser penetrada por todos y cada uno de los sementales. Igualmente, mientras uno de los chicos la follaba, ella podía encargarse de alguno que otro más con sus manos y boca siempre que le quedaran fuerzas para ello.
Nuevamente fue el vaquero, quien parecía llevar ligeramente la voz cantante debido a su veteranía, el que volvió a cambiar la postura. Esta vez fue él el que se tumbó en la mesa bocarriba para penetrar a la mujer que ahora dejaba su culo al alcance del resto. Y no tardaron en aprovecharlo magreándole las nalgas y haciendo pequeñas y leves incursiones en su ano las cuales fueron en aumento a medida que se dilataba. Mientras, Mireia no dejaba de chupar y masturbar toda polla que se le pusiera a tiro.
Esta vez fue el policía el primero en intentar darle por el culo. El negro acercó su largo cipote al humeante agujero trasero de la chica, lo encaró y comenzó a introducir levemente el glande en la carnosa cavidad. Para facilitar la maniobra, el vaquero detuvo sus acometidas y Mireia dejó de atender al resto girando su cabeza para estar atenta al movimiento del stripper que la enculaba.
No era la primera vez que practicaba sexo anal, pero sí la primera vez que lo hacía con una polla tan grande. Al principio le costó acostumbrarse, pero cuando el policía le había metido el glande y comenzó a moverse con lentitud ganando terreno dentro de su ano poco a poco, empezó a sentir placer, que se desbordó cuando la polla que tenía en su coño comenzó a moverse acompasando el ritmo con la de su culo.
Cuando el trío se desenvolvía con soltura, Mireia, sumida en un éxtasis de lujuria, volvió a sus quehaceres. Con los brazos extenuados y la boca dolorida volvió a masturbar y mamar las pollas de los sementales que desfilaban por sus manos y boca respectivamente.
Cada vez que un nuevo asaltante visitaba el culo de Mireia, esta se detenía para favorecer la nueva penetración y observar como aquellas enormes barras de carne desaparecían dentro de su cada vez más dilatado ano. Especial atención tuvo con el chulesco bombero que con su gruesa polla se lo hizo pasar mal a pesar de haberse introducido el resto de vergas que también eran de un gran calibre. Sin embargo, fue verle el rostro mirándola con aquella vil superioridad mientras sentía el exagerado rabo en su interior y correrse al instante.
Mientras notaba las hinchadas venas de la polla del gladiador restregarse por su recto, el stripper se separó de ella de golpe y, agarrándola por los brazos, la alejó del veterano que se la estaba follando hacía rato. El gladiador la dejó en el suelo, de rodillas, y acercó su polla a la preciosa cara de la mujer sin dejar de masturbarse.
Mireia sabía lo que venía. Que se corrieran en su cara no era lo que más le atraía, pero recordó haberse dejado alguna vez con algún ex al que le gustaba demasiado aquella guarrada. Quiso protestar cuando el gladiador la convenció para dejarse manchar la cara.
-Aquí tienes tu premio por ser la ganadora del juego de las anillas.
Aunque para ella aquello no era un premio precisamente, le hizo gracia el comentario y pensó que era imposible que habiendo 10 tíos ninguno se le corriera en la cara. Se dejó hacer sonriendo al macho que, al ver tremenda sonrisa, empezó a soltar chorros de semen directos al bello rostro de Mireia.
La mujer no se esperaba en ningún caso la cantidad de semen que aquel bestia era capaz de soltar. El primer chorro cayó sobre sus dientes y labios que se cerraron instintivamente, pero fue inevitable que el escurridizo líquido se introdujera en su boca. El siguiente chorro cayó sobre su nariz tapándole los orificios nasales. Mireia tuvo que abrir la boca rápidamente para poder respirar y no pudo evitar que se llenara con los siguientes lechazos del gladiador.
Mireia sacaba con la lengua el semen que se acumulaba en su boca, haciéndolo resbalar por la comisura de sus labios y por la barbilla cuando, antes de darse cuenta, el vaquero comenzó a escupir semen sobre su cara relevando a su compañero. Antes de cerrar los ojos, pudo ver que el mensajero y otro stripper la rodeaban sin dejar de pajearse.
Y así, uno a uno, los 10 tíos fueron corriéndose sobre el rostro de Mireia. La cara de la mujer estaba completamente llena de semen, el cual se había resbalado por su cuerpo inundando su cuello y llegando hasta sus perfectos pechos. Algunos regueros de leche se habían deslizado más allá manchando su ombligo y conquistando el pubis de la desconcertada mujer que no sabía cómo había recibido aquel bukkake, un auténtico baño de semen en su rostro.
Despertando de su ensoñación comprobó las risas de algunos de los chicos y se sintió completamente humillada. Recordó empezar la noche con las ideas muy claras y cómo se habían tambaleado a lo largo de la misma, pero jamás sin perder el control. Aún cuando había hecho todo lo que estaba en contra de su moral, lo había hecho siendo dueña de sus actos. Incluso recordó jugar con los 10 experimentados sementales en los inicios de lo que ahora era una vejación, bañada en un mar de lefa, completamente ajena a su voluntad. Sintió deseos de desaparecer, pero lo primero era conseguir algo con lo que limpiarse.
Recogió una de las toallas que alguno de los strippers había dejado caer al suelo y se limpió el pegajoso rostro. A medida que podía volver a abrir los ojos vio como los machos que la habían ultrajado se marchaban sin ni siquiera despedirse. No sabía si aquello era bueno o malo. Por un lado era mejor que se marcharan sin decir nada, más fácil y rápido podría olvidar aquel oscuro incidente, pero no podía evitar sentir aquella patada en el estómago que le provocaba el desprecio y desinterés que cada uno de aquellos engreídos le estaban regalando.
-Ahí tienes un lavabo por si quieres arreglarte un poco – le dijo el compañero de su novio, el luchador enmascarado, que era el último en marcharse.
-Gracias – le soltó ella con la voz débil, entrecortada, mientras veía como el chico se alejaba sin mirar atrás, sin escucharla.
Mientras se duchaba, Mireia reflexionó sobre todo lo que había ocurrido. Recordó las palabras del veterano vaquero y los incontables orgasmos que había recibido. Pensó en el tamaño de los penes que únicamente en sueños habría disfrutado si no hubiese tenido la noche loca que acababa de vivir. Intentó reunir todo lo bueno que aquello había significado para hacer frente a lo malo que realmente suponía. Y empezó a pensar en sus amigas, en cómo les contaría lo sucedido, sobre todo a Alicia. Recordó lo ocurrido con Mabel y lo jodido que era ese tema. Pensó en que un compañero del fútbol de su novio había sido testigo directísimo de lo ocurrido y pensó mucho en su pareja. Se sintió culpable por él y luego por ella misma, por haber roto una fuerte moral que la había acompañado toda la vida y ahora se tambaleaba por no decir que se había derrumbado completamente. Y así, en un mar de dudas, salió a afrontar todo lo que ahora se avecinaba.
Comentarios
Publicar un comentario