DESPEDIDA DE SOLTERA III
Cuando Mireia llegó al escenario, el stripper la sentó en una silla para hacerle un show como el que estaba llevando a cabo su compañero. Aún seguía disfrazado de caballo y el baile era más cómico que sensual hasta que se puso a cuatro patas como si de un animal de verdad se tratara. En ese momento Mireia se fijó en el miembro del caballo y le hizo gracia ver lo grande que era. Recordó lo que Laura y Leire habían comprobado y pensó que si todo aquello era del stripper debía ser un verdadero animal. A la mente le llegó la argumentación de su novio cuando ella reprochaba el porno con caballos.
-A ti lo que te pasa es que, secretamente, te ponen los enormes rabos que tienen los caballos y como no te asusta la idea te enfrentas a ello reprochándolo – le decía siempre su chico.
¿Y si tenía razón? Su mente estaba comenzando a entrar en un grave conflicto y el maldito stripper vestido de caballo a cuatro patas con la enorme verga respingando no le ayudaba en absoluto. Finalmente, el subconsciente pudo más y Mireia se levantó de la silla y, con la excusa de comprobar lo que antes comprobaron Laura y Leire, se agachó junto al caballo para tocarle la polla.
-Pues es verdad que es todo tuyo – le dijo al stripper que se reía bajo su cabeza de caballo.
Internamente, Mireia quería pensar que estaba tocándole la polla a un inconsciente y pobre caballo para ponerlo cachondo y hacer que su rabo creciera hasta el infinito poseído por la lascivia entrándole irremediables ganas de montarla. A lo cual ella se negaría, por supuesto.
Con lo que Mireia no parecía contar era con que bajo aquella apariencia de caballo había una persona racional con la suficiente experiencia como para ganársela antes de ir a montarla como un salvaje con la polla erecta emanando flujos preseminales.
Cuando la chica volvió a ocupar su asiento el caballo empezó el striptease quitándoselo todo y dejando únicamente la cabeza del disfraz y un tanga de color rojo. Mireia pudo comprobar el escultural cuerpo del chico que además era alto como a ella le gustaban. Los músculos fibrados no desentonaban con los del disfraz y Mireia siguió imaginando que aquel era su corcel blanco, pues el bulto del tanga tampoco desentonaba con lo que a un caballo se le presupone.
-No te quites la cabeza, ¿vale? – le pidió la chica haciendo más fácil imaginarse que era un animal salvaje.
Cuando el tío la contestó relinchando notó la humedad de su entrepierna que llevaba un rato indicando lo excitada que estaba. Mireia palpó los músculos del caballo notando la firmeza de los mismos. Recorrió cada uno de los recovecos del animal hasta llegar a su culo que lo masajeó con lujuria. El tío volvió a relinchar tirando la cabeza hacia atrás y ella agarró el tanga y tiró hacia abajo mostrando el enorme pollón del animal.
El vaquero ya se había desnudado completamente y había hecho lo propio con la cuarentona. La mujer era bastante del montón lo que unido a su edad hacia que no estuviera de muy buen ver. No así el hombre que estaba a punto de insertarle los 17 centímetros de gruesa polla que tenía. Cuando la mujer sintió el gordo pene atravesándola olvidó el aproximado centenar de mujeres que la estaban viendo y se dispuso únicamente a sentir aquella herramienta algo más gruesa que la del manitas, pero no tanto como la del bombero.
Mireia no se podía creer que 25 centímetros de polla estuvieran flácidos. Lo estaba pensando cuando el stripper pareció leerle la mente al ponerse a cuatro patas nuevamente. En ese momento, el hombre dejó de serlo como tal y se convirtió definitivamente en un caballo a los ojos de Mireia que chorreaba cada vez que pensaba en lo que estaba a punto de hacer tras haber repudiado tantas veces aquellos videos de los que su novio le había hablado alguna vez.
Primero acarició la cabeza del animal tranquilizándolo, no en vano era un caballo salvaje y no sabía cómo podía reaccionar. Mientras oía los jadeos del bicho fue bajando por la crin hasta el lomo donde volvió a amansarlo. La chica se dirigió a la grupa del animal notando la firmeza del culo del stripper y de ahí saltó a la parte baja de una de las patas traseras para ir subiendo poco a poco notando la dureza de los músculos y aproximándose al sexo del caballo.
-Tranquilo, Phoenix… – hablaba con el animal para tranquilizarlo y evitar que la excitación se convirtiera en algo peligroso
Cerca de los testículos del animal comenzó a notar el calor que la zona emanaba y pudo notar como el colgante pene había adquirido cierta altivez. Mientras no dejaba de acariciar la crin del caballo con la mano derecha, con la mano izquierda alcanzó la bolsa testicular del corcel que pareció estremecerse. Los huevos del caballo colgaban bamboleantes, pero el objetivo de Mireia era otro. Por fin agarró el rabo del caballo y pudo notar como sólo con su tacto el pene del animal adquiría tamaño y altivez poniéndose paralelo al suelo y llegando más allá de la mitad del lomo del equino. Sin duda era un pollón enorme de 30 centímetros que no abarcaba a rodear con su mano completamente estirada.
Excitada como nunca, descontrolada como estaba, Mireia se agachó y acercó su cara a la punta de la polla del caballo. La verga era tan grande que prácticamente no podía introducírsela en la boca con lo que se dedicó a chupársela y lamerle la punta.
Cuando el vaquero se corrió sobre el vientre de su clienta advirtió al caballo, que se separó de Mireia.
-El show ha terminado… – le dijo.
¡No podía ser, ahora no! pensó. Intentó tranquilizarse recapacitando sobre lo que estaba haciendo y supo que parar era lo que debería haber hecho hace mucho rato. Con lo que si era el caballo (¡no! ¡maldita sea! ¡no era un caballo!) el que cortaba la situación pues mejor. Pero la serenidad se esfumó al pensar lo que sus amigas acababan de presenciar y lo que le había hecho a su novio…
-… pero si quieres puedes acompañarme a los vestuarios – continuó el stripper.
¡Maldición! Con lo fácil que hubiera sido que se hubiera acabado y ya está. ¿Ahora le estaba ofreciendo seguir con el show de forma más privada? La verdad es que no estaría mal, pensó. Creía que los remordimientos no la dejarían vivir en el momento en el que se dio cuenta que, en ese instante, no tenía remordimiento alguno. La excitación era mucho mayor que la mala conciencia que aún era inexistente.
-Déjame que lo hable con mis amigas – le dijo.
-Por supuesto.
-Lamentamos tener que anunciar la finalización del show de esta noche. Lo cual no significa que la fiesta haya terminado puesto que la música y la bebida aún no se han acabado – concluyó su actuación el speaker invitando a que se quedaran aquellas que lo desearan.
Mireia no paraba de darle vueltas de camino a la mesa. Estaba indecisa. Si no aceptaba la invitación se tendría que marchar para casa echando ostias para hacer el amor con su pareja o casi mejor hacerse una paja pensando en caballos salvajes poseyéndola. Pero tampoco quería que se notara demasiado, aunque debía de ser evidente tras lo que había hecho en el escenario. En ese momento empezó a preocuparse por sus amigas. ¿Qué pensarían? Tras lo mucho que había criticado a Leire, ahora ella había actuado tanto o peor que su amiga.
Las caras de las 5 chicas eran un poema. Por suerte, Laura rompió el hielo.
-¡Joder, tía! Si lo sé voy yo al escenario… - bromeó rebajando la tensión y provocando las sonrisas del resto.
-Muchas gracias – le agradeció Leire – si llego a ser yo no hubiera tenido tanta fuerza de voluntad y me habrían follado como a la del cumpleaños.
Aquellas palabras parecieron romper la tensión definitivamente haciendo ver que había sido Mireia la que, en un momento dado, había cortado la situación. Además, Mireia recordó que ninguna de sus amigas sabía lo que había estado pensando cosa que aún la tranquilizó más puesto que se moriría de vergüenza si finalmente alguien supiera que la excitaban los caballos, cosa que había descubierto esa misma noche.
-Mireia, tú no tienes la culpa – intervino Mabel – te han estado buscando toda la noche. Sin duda eres la más guapa de la sala – confesó – y no han parado hasta que han conseguido lo que buscaban…
-Es verdad, desde el mensajero al principio hasta el tío este disfrazado de caballo, pero pasando por el enano, el bombero y el gladiador. Todos te han estado buscando – se dio cuenta Marga y el resto de amigas.
-Gracias… chicas… – Mireia se sintió completamente respaldada - ¿Sabéis? el tío este – refiriéndose al caballo – me ha propuesto que me vaya con él a los vestuarios…
-¿Y qué vas a hacer? – la interrumpió desconcertada Alicia.
-Pues… – tras ver la comprensión de sus amigas y como todo se había apaciguado estaba decidida a rehusar la invitación cuando el propio actor que había hecho de caballo la interrumpió.
-Bueno, ¿ya te has decidido? – le preguntó a su espalda.

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