DESPEDIDA DE SOLTERA II
Al término del tercer espectáculo Mireia aprovechó para ir al baño. Necesitaba despejarse. Alicia decidió acompañarla.
-¿Has visto a la guarra de Leire? – la interrogó. Mireia no sabía qué decirle. Si bien reprochaba que Leire, con novio, le chupara la polla a un stripper, ella había medio disfrutado al comerse la nata tan cercana a aquella misma verga. Estaba confusa.
-Sí, yo no sería capaz de hacer algo así – no mintió, pensando que, aunque quisiera, no sería capaz de traicionar a su pareja.
-¡Ni yo! – la secundó Alicia pensando que se refería al acto en sí, no al engaño que con él se cometía.
Mireia se mojó la cara para refrescarse. Mientras tanto, en la mesa número 21…
-Chicas, yo…
-No hace falta que digas nada Leire – la tranquilizó Marga – sabes que no va a salir de aquí. Además yo…
-Tú, ¿qué? – la instó Laura.
-¡Yo estoy cachonda como una mona! – se confesó Marga y sus amigas se rieron.
-Ya sabes que nadie va a decir nada – le devolvió el clave Leire.
-Ya, pero no pienso hacerle esto – replicó la novia haciendo referencia a su futuro marido – No voy a joder nada por un calentón tonto. Cuando llegue a casa me hago un dedo y punto.
-Tienes razón… - se avergonzó Leire.
-Pues chicas… yo al próximo que se acerque a la mesa no lo dejo escapar – concluyó Laura provocando nuevas risas en el grupo.
Cuando las 2 amigas volvieron del baño, intercambiando sus asientos, el penúltimo espectáculo ya había comenzado. Tanto el gladiador como el luchador de lucha libre ya estaban actuando.
-Como os decía, si la fuerzo un poco más la tía me come la manguera – vacilaba el bombero.
-Eso no te lo crees ni tú, lo que pasa es que la mujer tiene muchas tablas – le replicó el mensajero – Aunque, es cierto que yo, al principio, no pensaba que la tía llegara a comerse la nata…
El bombero sonrió orgulloso.
-¿Y qué tal la madurita?
El policía y el bombero se miraron y sonrieron complacidos. Ninguno de sus compañeros necesitó saber más.
Cuando el luchador se acercó a la mesa de las 6 amigas ya estaba completamente desnudo. Únicamente conservaba una máscara típica de la lucha libre mexicana. Laura llamó su atención y el stripper no la ignoró. Era de raza negra tal y como a ella le gustaba y, aunque era algo bajito, estaba muy fuerte. Era algo intermedio entre la corpulencia del bombero y la pura fibra del policía. Laura cogió la polla flácida del stripper y se la metió en la boca hasta llegar a la base donde tenía un anillo de goma para prolongar las erecciones.
Cuando la polla alcanzó los 20 centímetros el enmascarado comenzó a sobar los grandes pechos de la chupadora. Al ver la predisposición de la chica le quitó la camiseta y, retirando las grandes copas del sostén pudo magrearle los pechos a la vista del resto de la sala. Entre las amigas cundía la sorpresa y el jolgorio a partes iguales. Aunque ninguna se esperaba que Laura se dejara magrear de ese modo, también sabían que lo estaba disfrutando enormemente.
Cuando Mireia levantó la vista y vio al luchador mirándola fijamente se sorprendió y más al ver cómo el stripper retiraba rápidamente la vista tras notar en su mirada algo raro. No sabía el qué, pero sus sospechas se confirmaron cuando el enmascarado se retiró rápidamente dejando a Laura con ganas de más.
Marga no sabía si aguantaría hasta llegar a casa. Tenía las bragas completamente mojadas. Desde que había visto a las mujeres maduras disfrutar del grosor del pene del chaval más joven que había actuado no había parado de ver pollas y cuerpazos y el calentón no le bajaba. Si a eso se le unía algunas de sus amigas disfrutando de lo que ella no podía la cosa cada vez se ponía más difícil de controlar así que decidió retirarse al baño momentáneamente igual que antes lo hiciera Mireia.
De camino al baño se cruzó con el gladiador. Otro negro muy similar al luchador aunque algo más alto. Tenía el pelo muy cortito y un ligero bigote muy finito. No pudo evitar acariciarle la enorme polla negra en un gesto rápido, pero suficiente para aumentar sus deseos de sexo. Entró al cuarto de baño con la respiración entrecortada y se metió en uno de los lavabos. Al bajarse los pantalones pudo comprobar la mancha que la excitación había dejado en sus bragas. Las retiró lentamente viendo como la tela se resistía a separarse de la zona húmeda quedándose pegada unos instantes hasta que se separó dejando unos hilillos de líquido blanquecino. Se sentó en la taza y, abriendo las piernas, se llevó una mano a la entrepierna notando la humedad existente. Al retirar los dedos, estos quedaron impregnados del flujo vaginal que se llevó a la boca. Cuando su mano volvió a la zona, comenzó a frotarse los labios haciendo especial hincapié en el clítoris para acabar introduciéndose 2 dedos en su raja.
Mientras tanto, el gladiador se había acercado a Mireia e intentaba convencerla para que lo acompañara al escenario, pero ella se negaba firmemente.
-No has de hacer nada, es sólo un juego – intentó convencerla, pero ella seguía en sus trece.
Mabel estaba sufriendo más de lo que jamás se podía imaginar. No entendía lo que le estaba pasando, pero deseaba con todas sus fuerzas que Mireia no sucumbiera a las evidentes tentativas que cada uno de los strippers estaban intentando con ella. Y lo peor es que no lo hacía por protegerla como amiga, lo hacía porque la deseaba como mujer. Era la primera vez que se daba cuenta de ello y se estaba atormentando.
-Si prefieres le digo al enano que te haga alguna gracia o al bombero que te enseñe la manguera, a ver si a ellos les haces más caso…
¡Increíble! ¿La estaba chantajeando moralmente? Si lo hacía, había acertado pues en ningún caso pretendía hacer ver que el enano la había cautivado con su humor o que el bombero la había calentado con su suficiencia en todos los sentidos.
-Está bien, pero tiro las anillas y ya está – sucumbió por fin.
-Tranquila, si no creo que ganes – le dijo el stripper mientras se dirigían al escenario.
-¡Sí, hombre! ¿Y por qué no? – le contestó indignada.
-¡Ah! No sé… no tienes pinta de tener muy buena puntería.
-Pues ahora te vas a enterar…
De camino al escenario, Mireia volvió a pillar al luchador mirándola y nuevamente desvió la mirada para concentrarse en la joven de la mesa 13 a la que tenía chupándole la polla con las perfectas tetas al aire al igual que antes tuviera a Laura. Mireia se extrañó, ahora convencida de que había algo raro en él, pero prefirió no darle más vueltas y concentrarse en ganar aquel mini juego al que la habían desafiado que consistía en introducir unos aros de plástico en la polla del stripper, en este caso, el gladiador.
Cuando Marga cerró los ojos y visualizó la polla del manitas empezó a gemir de placer. El sonido del chapoteo que producían sus dedos al chocar contra su lubricada vagina era evidente. Estaba a punto de llegar al orgasmo cuando recordó el tacto de la polla del gladiador y, en ese instante, se corrió soltando unos ligeros grititos ahogados por la vergüenza de ser descubierta. Durante el orgasmo no dejó de pensar en el niño y las mujeres disfrutando de tan joven pene. Sólo cuando terminó de sentir placer se acordó de su novio y los remordimientos iniciales se apaciguaron pensando que lo que acababa de hacer había sido por el bien de ambos.
Cuando Mireia se disponía a lanzar el primer aro se fijó en el gladiador allí tumbado sujetándose la polla totalmente tiesa y sintió que la imagen le gustaba. Se fijó en aquella enorme polla y las venas marcadas a lo largo de sus 21 centímetros. No era tan gruesa como la del bombero, pero a cambio tenía las abdominales completamente marcadas. La verdad es que el negro era todo un buen macho y Mireia comenzó a sentir nuevamente lo que el lavado de cara había apaciguado. Estaban pasando tantas cosas por su cabeza que el lanzamiento fue un desastre. Se pasó de largo y no tocó ni polla cayendo el aro sobre el pecho del hombre de unos 35 años que la sonrió burlándose de su lanzamiento. Cuando Mireia se acercó a recoger el aro apoyó su mano sobre las duras abdominales y le dijo:
-Esto aún no ha acabado – desconcertando al hombre que donaba su miembro al juego.
Mientras esperaba nuevamente su turno en la fila pudo ver al enmascarado que se retiraba con la joven de la mesa 13. De camino a la sala privada volvió a mirarla y sus miradas se cruzaron por tercera vez. El desconcierto de Mireia era total cuando le tocaba lanzar de nuevo y, esta vez, sin pensar en nada, coló el aro en la polla del gladiador que ahora sonrió satisfecho. Era la única de las concursantes que lo había conseguido así que era la ganadora.
-Tenías razón, has ganado.
-Ha sido suerte.
-No lo dudo – se rió – pero has ganado el premio.
-¿Qué premio? – preguntó intrigada.
-Pues si quieres te hago un privado.
-¿¡Cómo!? – se indignó – ya te he dicho que únicamente venía a jugar, nada más.
-Ya, pero es que no pensé que ganaras y ¿qué crees que pensarán estas chicas, que sí querían ganar para que les hiciera un privado, si tú renuncias?
-Ese es tu problema, habíamos quedado en que jugábamos al dichoso jueguecito y punto. Le cedo mi premio a mi amiga que seguro que está dispuesta – le propuso refiriéndose a Laura.
-No creo que a las otras les hiciera mucha gracia.
Mireia se giró y dirigiéndose a sus rivales les dijo:
-Chicas, yo me retiro, podéis seguir vosotras a ver quién consigue el premio.
Las concursantes parecieron satisfechas, no así el gladiador que pensó que el mensajero tenía razón y esa tía iba a ser más dura de lo que se pensaba. Pero antes de marcharse, Mireia le sorprendió al agacharse a recoger el aro que rodeaba su verga. Al hacerlo apoyó la palma sobre su pubis y al levantar el aro su mano recorrió toda la polla en un claro gesto de que la chica no se quería ir sin al menos manosearle el cipote.
Acalorada, Mireia volvió a su asiento donde ya había vuelto también Marga y las 6 amigas siguieron disfrutando del resto de la noche.
-¿Qué te ha dicho? – le preguntó Alicia.
-Pues el tío quería hacerme a un privado… - le contestó con toda la indignación que supo interpretar.
-Será cerdo…
-Haberle dicho que me llevara a mí – bromeó Laura.
-¿Y qué te crees que he hecho? – y todas las amigas rieron animadas, sobretodo Mabel al ver que su amiga no sucumbía a los placeres de la carne masculina.
Mireia se sorprendió al notar, en su pierna derecha, las caricias de Mabel. Respondió al gesto con una mueca mezcla de agradecimiento y extrañeza y Mabel aprovechó para besarla. Mireia reaccionó abriendo los ojos, sorprendida, pero no retiró el rostro mientras las amigas reían divertidas.
-¡Madre mía! Lo que hace el alcohol… – insinuó Laura bromeando.
-Sí, será mejor que no bebamos más – propuso Leire en el momento en el que el camarero hacía acto de presencia provocando las carcajadas del grupo de amigas.
-Un gin tonic – pidió Leire.
-Otro – soltó Laura.
-Otro mojito – continuó Marga.
Cuando llegó el turno de Alicia no supo qué decir. Miró a Mireia y, al no poder esperar a oírla, no pidió nada.
-Creo que ya he bebido demasiado – soltó Mireia con un resoplido – tráeme un red bull.
Mabel se sentía extraña. Acababa de besar a Mireia y, por suerte, no parecía habérselo tomado a mal. Lo cierto era que las amigas habían ayudado haciendo cachondeo. No quería seguir bebiendo para evitar hacer una locura, pero por otro lado había sido una locura tan placentera que…
-Vodka con cola – concluyó.
Mireia creía que habían bebido demasiado y no le hizo mucha gracia que Mabel pidiera otro cubata. Aunque no se tomaba a mal lo del beso no entendía a qué había venido en ese momento y justo después de aquellas caricias. No le dio mayor importancia pero temió que alguna acabara haciendo una locura, incluida ella.
Mientras el gladiador y el luchador terminaban sus privados, en el vestuario se preparaban para la última actuación de la noche.
-Rubio, eres nuestra última esperanza – le animó el enano – todos confiamos en ti.
-Lo malo es no tener los informes de estos 2 – contestó haciendo referencia a los que acababan de actuar y ahora estaban enfrascados con sendos privados.
-También tengo curiosidad por saber de la jovencita de la 13. A ver si cumple con las expectativas… - y todos se rieron.
-Desde el lejano oeste, con sus portentosos músculos, su piel negra azabache y un enorme rabo… ejem ejem – bromeó el locutor – os presentamos al magnífico Phoenix, el mejor caballo de todo el oeste americano.
¡¿Un caballo?! ¡No podía ser semejante guarrada! pensó Mireia que ya había discutido más de una vez con su novio sobre lo asqueroso que le parecía que alguno de sus amigos viera videos porno en los que un caballo era el protagonista. Pero por suerte su alteración se vio aplacada al ver que se trataba de un más que currado disfraz de caballo que debía esconder lo que supuestamente era otro stripper. Como anunciaba el hombre de la megafonía, el disfraz era de color negro y reflejaba bastante bien los músculos que se le presuponen a un caballo. Pero sin duda, lo más gracioso era el pene del animal, bastante grande. Aunque no sabía el tamaño del órgano sexual de los equinos, le pareció que aquel era bastante desproporcionado.
El hombre disfrazado bailaba dentro de su disfraz provocando el jolgorio de las mujeres que se lo pasaban en grande jugando con el animal y manoseándolo. Lo cierto es que la estampa era bastante divertida. Al llegar a la mesa 21 se acercó a Marga que ignoró al animal el cual se arrimó a Laura que se levantó para bailar y hacer el tonto junto al caballo. Empezó a sobarlo y bajó hasta el largo pene. Al palparlo se sorprendió.
-¡Pero si es la polla del tío! – gritó a sus amigas.
-¡Anda, ya! – le soltó incrédula Leire que se levantó para comprobarlo ella misma - ¡Es verdad! – y no pudo contener la risa al comprobar que el stripper había metido su polla dentro del espacio del disfraz destinado para ello. Lo sorprendente es que prácticamente los 30 centímetros de tela eran cubiertos por el semental que se escondía bajo el disfraz.
Mientras el caballo se marchaba volvió a sonar, en tono de broma, la megafonía:
-Al parecer Phoenix está algo cachondo y descontrolado con lo que ha tenido que venir su dueño para domarlo.
Y dicho y hecho, apareció un nuevo stripper vestido de vaquero que cogió al caballo para subirlo al escenario donde ambos se pusieron a bailar al ritmo de la música. Mientras el vaquero comenzó a desnudarse, el caballo volvió a la mesa 21, directamente hacia Leire a la que empezó a sobar con sus pezuñas por encima de la ropa. Ella se dejaba hacer sintiendo el placer que las caricias del animal salvaje le provocaban.
-¿Te vienes al escenario? – le susurró el caballo cuando una de sus pezuñas le acariciaba la entrepierna.
Leire estaba deseando follar y tuvo miedo de acabar haciéndolo si se movía de su sitio así que miró a sus amigas y con la súplica marcada en el rostro les preguntó:
-¿Alguna quiere acompañarle? Que no quiero acabar haciendo ninguna tontería.
Marga se sentía bien consigo misma tras la masturbación del lavabo que había esfumado la excitación que la noche le había provocado y no estaba dispuesta a volver a tentar a la suerte.
Alicia dudó sobre lo que hacer. Estuvo a punto de ofrecerse ya que Mireia había hecho lo mismo con el gladiador, pero pensó que no se iría nuevamente y eso la hizo decidir no decir nada aunque no las tenía todas consigo.
A Mireia le supo realmente mal por Leire. Había cosas que hacía que no podía entender, pero lo que estaba claro es que estaba tratando de no hacer la mayor de las tonterías que podía hacer esa noche y pensó que debía ayudarla. Sin embargo supo que Laura se ofrecería y se sintió aliviada por ello.
Mabel ni se planteó la opción. Si esa noche cometía una locura lo haría con la pedazo de hembra que tenía a su lado. Ya fue suficiente satisfacción ver que no se estaba ofreciendo para ir al escenario con el caballo.
Laura notó las miradas de sus amigas clavarse en ella. Pensó que todas estaban esperando a que aceptara la petición de Leire y se sintió sucia. No le gustó la sensación de sentirse juzgada por sus amigas y las sorprendió a todas:
-Yo paso, es que el rollo animalito no me va mucho…
Mireia se quería morir. Esas palabras la estaban obligando a salvar a Leire y, con una mirada asesina pero disimulada hacia Laura, se levantó de su asiento:
-Yo iré… – soltó con resignación provocando el arrepentimiento de Alicia quien, de haberlo sabido, se habría ofrecido igual que su amiga.
Mabel estuvo tentada de agarrarla del brazo para impedirlo, pero se contuvo y no lo hizo mientras que Leire agradeció el gesto a su amiga con una mirada que lo decía todo.
Mientras tanto, el vaquero ya se había quedado en tanga y buscaba entre el gentío una chica a la que hacerle un show personalizado. El vaquero era el más veterano de todos los boys de la noche. Rondaba los 40 años, pero muy bien llevados. Aunque conservaba su sombrero de cowboy se adivinaba un pelo muy corto, casi rapado y, como no podía ser de otra forma, estaba fuerte, sobretodo tenía unos prominentes pectorales. En general se notaba que era el más hombre de todos los que habían actuado. Finalmente la afortunada fue la mujer que cumplía los 40 y que al principio de la noche había recibido el regalo por parte del mensajero.
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