DESPEDIDA DE SOLTERA I

Estáis locas, chicas – dijo riéndose Marga.
-Tú tranquila… que nos lo vamos a pasar ¡de puta madre! – le contestó Laura que lo había organizado todo.
-¿Pero tú has estado alguna vez en un boys? – le preguntó Leire.
-Pues no he tenido el gusto… - respondió con ironía la novia.
Marga se casaba la semana siguiente y sus amigas, más concretamente Laura, le habían organizado una fiesta de despedida de soltera. Todo parecía normal hasta que, en mitad de la cena, Laura había anunciado el local al que asistirían más tarde.
A Mireia no le hacía mucha gracia ir a un local de striptease, pero pensó que viniendo de Laura no podían esperar otra cosa. Decidió no darle mayor importancia y no dejar que eso arruinara la noche.
-No sé si a mi chico le hará mucha gracia que vaya a un sitio así – soltó la mojigata de Mabel.
-No tiene por qué enterarse – la aconsejó Leire – Yo no pienso decírselo al mío – concluyó mientras pensaba lo bien que se lo iba a pasar esa noche.
Ante aquellas palabras Mireia y Alicia se miraron adivinando que ambas pensaban lo mismo: de lo mucho que era capaz su amiga. Aún recordaban la última vez que salieron juntas y cómo Leire no dejó de tontear con todo tío que se le arrimaba llegando finalmente a enrollarse con uno. Siempre se quedaron con la duda de si llegó a pasar algo más que eso puesto que se marcharon antes que ella dejándola allí con aquel tío. Ambas conocían al buenazo del novio de Leire y se hacían cruces cada vez que la veían con esa actitud.
Alicia comenzó a leer el folleto con un cierto aire de reprobación:
Viernes show
Espectáculo 1: Un regalo para la dama
Espectáculo 2: ¡Qué divertido!
Espectáculo 3: Seguridad ante todo
Espectáculo 4: Sólo el más fuerte
Espectáculo 5: Hay que domar a este animal
-¿Y de qué tratan cada uno de los espectáculos? – preguntó Marga intrigada.
-No se sabe, son sorpresa – le aclaró Laura – Los van variando cada vez aunque por el título te puedes hacer una idea, ¿no?
-Eso tú que eres una guarrilla – bromeó Mireia y todas comenzaron a reír.
Las 6 amigas, Marga, Laura, Leire, Mireia, Mabel y Alicia, continuaron la cena bromeando sobre los espectáculos del folleto y, acorde a la situación, las conversaciones se fueron tornando más picantes.
Laura y Alicia eran las únicas solteras del grupo, pero mientras que Laura estaba entusiasmada con ir al local de striptease, no en vano había sido idea suya, a Alicia parecía no hacerle mucha gracia. Y el motivo principal era que a Mireia tampoco le parecía la mejor forma de pasárselo bien. Mireia era para Alicia el espejo en el que mirarse, sentía una extraña devoción por su amiga, tan guapa, simpática e inteligente, todas las cualidades de las que ella carecía. Sin darse cuenta, Alicia siempre pensaba, decía y hacía lo mismo que su amiga.
De las chicas con pareja sin duda era Leire la que estaba más desatada. Aunque no estaba casada llevaba años viviendo en pareja con un grandísimo trozo de pan que no le daba las cosas que esa noche pensaba obtener. Aunque nunca lo había hablado abiertamente con el resto de amigas, se sobrentendía una especie de código no escrito en el que se decía claramente que lo que pasa en una noche sin novios no sale de ahí. Ella no es que fuera una belleza precisamente, pero era lo suficientemente normal como para conseguir pasarlo bien sin problemas en una noche de desenfreno.
Por el contrario Laura tenía algunos problemas más que su amiga Leire. A pesar de no ser fea sí que estaba rellenita con lo que le era más difícil encontrar algo decente que llevarse a la cama. Pero esa noche pagaban ellas así que no tendría problemas para disfrutar de unos buenos trozos de carne masculinos. Además la soltería no le impedía pasarlo en grande sin estar pendiente del qué dirán.
Mireia era una chica abierta que disfrutaba con la visión de un tío bueno como cualquier otra y no se escondía para decirlo abiertamente. Sin embargo también tenía una moral bien definida que le impedía disfrutar de un espectáculo, para ella, tan burdo como el que iban a visitar esa noche. Además tenía al novio más maravilloso que se pudiera tener y no tenía ninguna necesidad de acudir a un local de ese estilo. Por suerte no le acompañaban los complejos de Mabel y no tenía ningún problema en que su pareja se enterara de todo lo que iba a pasar en la despedida. Es más, incluso llegó a pensar que tal vez ir a un boysera la mejor opción puesto que así evitaría los moscones que sin duda la hubieran atormentado toda la noche en cualquier otro local al que hubieran asistido.
Mireia era la triunfadora del grupo y es algo que no pasaba desapercibido para Mabel que, al igual que Alicia, sentía cierta devoción por su amiga. Se sentía atraída por su personalidad tan carismática, seguramente lo que más le faltaba a ella. Aunque no estaba todo el día detrás suyo como Alicia, sí que sentía una atracción que procuraba disimular por temor a ser malinterpretada. Mabel era una chica guapa, pero carente de otras muchas cualidades. Aunque con recelo por lo que su novio pudiera pensar, decidió que iba a disfrutar del show que las esperaba. Sintió curiosidad por cómo sería.
Por último, Marga era la primera de las amigas que daba el paso. Sólo le faltaba una semana para dejar la soltería. Cuando le propusieron hacer una despedida de soltera le pareció buena idea. Únicamente puso como condición que fuera algo íntimo, con sus mejores amigas, como cualquier otra noche de chicas que habían vivido con anterioridad. Lo que no se esperaba es que Laura tuviera aquella sorpresa preparada, pero casi prefirió eso que no un show individual de un stripper que la hubiera avergonzado mucho más. Marga no era tan guapa como Mireia o Mabel, pero sí tenía un cierto atractivo que, unido a que no era precisamente tonta, la hacían, sin contar a Mireia, más apetecible que al resto de amigas.
-Oye, pero no te obligarán a hacer nada si no quieres, ¿no? – preguntó temerosa Mabel.
-Bueno, los boys meten mano si te dejas…
-¡Laura, tú sí que estás informada! – se sorprendió Marga - ¿No habrás ido ya a uno de estos sitios?
-Pues sí… – respondió entre tímidas carcajadas seguidas de las risas del resto de chicas.
-Tendrás que enseñar las tetas – asustó Leire a Mabel provocando el pánico en su rostro.
-¡Ostras! Pues como tenga que enseñarlas yo que tengo una teta más grande que otra… – bromeó Mireia para quitar hierro al asunto y tranquilizar a su amiga.
El resto rieron y Laura se abalanzó sobre su amiga para tocarle los pechos al tiempo que aseguraba ser cierta la diferencia de tamaño. A Mireia no le sorprendió el gesto jocoso de su amiga, pero sí lo bien que le magreó las tetas.
-¡Uy, nena! – sorprendida - ¡Qué bien las tocas! – bromeó con el estupor marcado en el rostro.
El pecho de Mireia no era nada despreciable para su delgado cuerpo. Y el escote que llevaba dejaba a la vista un contundente canalillo. Mabel, al ver el gesto de Laura, sintió deseos de magrear las tetas de su amiga y, entre risas y bromas, también se las tocó con la excusa de comprobar la diferencia de tamaño entre ambos pechos.
-Oye, no le metas mano a mi chica – bromeó Laura y le dio un pico a Mireia.
-¡Yo también quiero! – replicó Mabel repleta de envidia. Sus dos amigas se acercaron para besarse en los morros las tres al mismo tiempo.
Tras los chupitos a los que les invitó el camarero la conversación de las amigas llegó al punto álgido, en parte, gracias al alcohol ingerido.
-Imaginaos que ya estamos en el show… – decía Leire mientras el camarero se alejaba – … ahora se giraría el camarero y se la sacaría aquí mismo – Y comenzó a reír.
-¡Qué bestia eres, hija! – la recriminó Marga con sutileza.
-Chicas, ¡no os vayáis a asustar con las pedazos de pollas que vamos a ver! – gargajeó Laura algo más que alegre debido a la sangría.
Mabel se ruborizó ante aquellas palabras, pero aún lo hizo más con el resto de la conversación.
-Bueno, bueno, no será para tanto – dijo Mireia restándole morbo al hecho de tener un buen tamaño.
-¡Eso es que no has visto una polla grande en tu vida! ¿Cuánto le mide al tuyo? – le preguntó Laura.
-Sí, claro, a ti te lo voy a decir…
-Va… no seas así… al mío le mide 14 centímetros – confesó Leire.
Laura comenzó a reír:
-Pues nena, no sabes lo que te espera…
-¡Serás guarra! ¿Cuánto le medía al que la tenía más grande de los tíos con los que has estado?
-¡21! – mintió para bromear y caldear la conversación. Y lo consiguió puesto que sus amigas se rieron expectantes.
-¡Eso es mentira! – le espetó Mireia.
-Tú calla que no has dicho cuánto le mide al tuyo – le reprochó Marga.
-¿Y al novio cuánto le mide? – replicó con picardía y cierta curiosidad.
-Pues yo diría que en torno a los 18. Centímetro arriba, centímetro abajo…
-¡Joder! – exclamó Mireia ciertamente sorprendida – Ya me caso yo con él – bromeó.
-Eso es que en casa tienes poca cosa… - la chinchó Leire.
-No mucho menos que tú en la tuya – le respondió hábilmente.
-Entonces… – insistió Laura.
-Pues no sé… no se la he medido nunca pero… una cosa así – y Mireia separó sus dos dedos índices a una distancia de unos 15 centímetros para indicar el tamaño del pene de su novio.
Las chicas se rieron.
-¿Y el tuyo cuánto calza Mabel?
La tímida amiga se ruborizó al escuchar la pregunta de Laura hasta el punto de sentir el calor agolparse contra su sien, señal de haberse puesto roja como un tomate. Pensó que lo mejor sería contestar, pero al dar la respuesta aún se avergonzó más al pensar en lo pequeño que era el pene de su chico.
-12 – señaló a secas.
Laura se tuvo que contener la risa pensando en lo mal que lo iba a pasar la pobre Mabel durante el espectáculo. Y para no dejar de lado a Alicia, le preguntó lo mismo que le habían preguntado a ella.
-15 centímetros – mintió Alicia diciendo lo mismo que había insinuado Mireia.
-Chicas, el show empieza a la 1 así que tendríamos que ir moviendo el culo… – indicó Marga.
-Nunca mejor dicho – bromeó Leire.
Tras pagar la cuenta se dirigieron caminando al local que estaba a unos 10 minutos andando desde el restaurante donde habían cenado. Durante el camino siguieron con las conversaciones y las bromas.
Mireia y Alicia se retrasaron un poco del grupo e iban hablando sobre Leire.
-Pobrecito – decía Mireia haciendo referencia a su novio – si se enterara de lo que esta tía le hizo la última vez…
-Pues no te quiero ni contar de lo que hoy puede ser capaz…
-Calla, calla, ¡qué asco! Yo espero que se comporte o me muero de la vergüenza.
-Según como lo veamos cogemos y nos vamos a otro lado donde no tengamos que aguantarla – le propuso Alicia pensando que era lo que Mireia quería.
-Bueno, bueno, tampoco nos pasemos. Lo importante es que ellos sean felices y si estas cosas son compatibles con su relación nosotras no tenemos que meternos.
-Sí, sí, eso está claro. Nosotras nos comportamos y ella que haga lo que quiera.
Leire y Mabel iban más adelantadas que el resto, calladas, cada una pensando en sus cosas. Mientras Leire estaba deseosa de llegar al local y pasárselo en grande Mabel recordaba lo agradable que había sido el tacto de los pechos de Mireia. El corazón se le había puesto a mil al sentir la placentera carnosidad de las ubres de su amiga. Y aunque hubiera preferido besarla sin la intervención de Laura, también había sido agradable tener su boca tan cerca.
Entre los dos grupos andaban Laura y Marga bromeando sobre la despedida.
-¡Joder, tía! ¿Cómo se te ocurre mandarme a un local de striptease el día de mi despedida? Cuando te dije algo íntimo no me refería a esto precisamente…
Laura se rió y la instó a relajarse y pasarlo bien con el espectáculo.
-Yo he venido alguna vez y es divertido. Además que si no quieres participar pues miras y punto. No hay problema. Hay alguna que otra que se desfasa un pelín, pero suelen ser las que ya vienen buscando marcha. Nosotras nos lo vamos a pasar bien sin necesidad de tíos. Que nos vamos a reír un rato… ya te lo aseguro. Y además si alguna quiere un pelín de carne pues… - y sonrió pícaramente a su amiga.
Cuando llegaron al local Laura llevó la voz cantante puesto que ella las había llevado allí y ya se conocía el lugar. Marga se sorprendió al ver lo grande que era el recinto. Ella se esperaba algo más reducido e íntimo, pero se encontró con lo que perfectamente podría ser una discoteca. Laura propuso pedir algo para beber mientras esperaban el comienzo del espectáculo.
Mientras se dirigían a la barra Alicia se fijó en la disposición del local. Había una larga barra en uno de los costados hacia donde se dirigían pasando por mesas de varios tipos. Unas redondas y altas rodeadas de taburetes, otras más grandes, bajas y confortables junto a sofás mucho más cómodos… y en el centro del local había un enorme escenario algo más elevado que el resto al que se accedía mediante unas escaleras.
-¿Dónde nos vamos a sentar? – alzó la voz Mabel para hacerse oír por encima del sonido ambiente.
-Tenemos una mesa reservada – le indicó Laura mientras movía la cabeza intentando divisar el lugar correcto – Esa es – y señaló una mesa grande no demasiado alta rodeada de 6 sillas que aparentaban ser bastante cómodas.
-Un poquito lejos del escenario, ¿no? – se quejó débilmente Leire.
-Tú tranquila que el escenario es lo de menos… - y Laura la sonrió con picardía.
Cuando decidieron abandonar la barra para dirigirse a su mesa faltaban pocos minutos para que empezara el espectáculo. Mireia observó la cantidad de mujeres que abarrotaban el amplio local. No se había imaginado que ese tipo de espectáculos fueran con tanto público. Calculó que la asistencia estaría rondando las 100 mujeres. No supo si eso era bueno o malo, pero le pareció excesivo y se preguntó cuántas despedidas, cumpleaños u otras celebraciones se habían congregado allí esa noche.
De repente una voz grave sonó con fuerza en todo el local:
-¡Buuuuuuenas noches! Siento molestarlas en estos momentos pero nos acaba de llegar un paquete y… creo que una de vosotras es la destinataria. Por favor… ¡que pase el meeeeensajerooooooooo!
Y de repente se hizo el silencio que llegó a ser sepulcral debido a la expectación de los acontecimientos. Marga se temía lo peor y miró a Laura con cara de pocos amigos, pero su amiga no se dio por aludida.
De repente, desde el lado opuesto a la barra apareció un mensajero con un paquete en forma de regalo. Marga se tranquilizó pensando que tal vez no era más que un regalo ciertamente. El hombre parecía algo indeciso, no preguntaba por nadie y simplemente se paseaba mirando de un lado a otro como buscando a la destinataria del paquete. Cuando pasó al lado de las 6 amigas no se detuvo y Marga sintió una mezcla entre alivio y desilusión. Por un lado le hubiera gustado el detalle de recibir un regalo, fuera de la clase que fuera, pero sobretodo se alegraba de no pasar la vergüenza que le hubiera ocasionado ser la destinataria.
El mensajero se paró finalmente un par de mesas más allá y se puso a hablar con una de las mujeres sin soltar en ningún caso la caja que llevaba sujeta con las manos. Al parecer era su 40 cumpleaños y las amigas le habían preparado esa sorpresa.
-Muuuuchas felicidades y… disfruta de tu regalo – volvió a sonar a través de los perfectamente ubicados altavoces.
Cuando la mujer retiró la tapa de la caja se llevó las manos a la cara y comenzó a reír echándose para atrás. Las amigas la animaban mientras el mensajero le cogía la mano para llevarla hacia el interior del paquete.
Mabel no se podía creer lo que estaba viendo. Al parecer el mensajero era el primer stripper y tenía su miembro dentro de la caja, introducido a través de un agujero en uno de sus costados. Ahora, la mujer de 40 años, posiblemente casada y con hijos, estaba con la mano dentro de la caja y haciendo un vaivén que hacia indicar claramente las sacudidas que le estaba dando al chico.
El stripper vestido de mensajero era rubio de pelo rizado y debía tener en torno a los 30 años, igual que el grupo de amigas. A Leire le pareció guapo. El tío la sacó de sus pensamientos cuando separó el regalo de su cuerpo, dejando ver la primera polla de la noche, y se alejó de la mesa en la que estaba en dirección a ellas. Leire pudo fijarse en el instrumento del mensajero y supo que esa noche se lo iba a pasar muy bien. El hombre no tenía una polla enorme, pero sí era más grande que la de su novio. Debía medirle unos 16 centímetros, tenía algo de vello púbico pero bien arreglado. El chico pasó de largo sin detenerse en su mesa mientras comenzaba a sonar la música al tiempo que el mensajero bailaba y se desnudaba al ritmo de la misma.
Completamente desnudo, el stripper se iba paseando de mesa en mesa bailando alrededor de las mujeres allí presentes, meneando la polla y arrimándola a las que le venía en gana. La mayoría, tímidas aún, reían y disimulaban mirando para otro lado e ignorando al tío. Otras, más atrevidas, se animaban a magrear el cuerpo del macho desnudo e, incluso, se aventuraban a tocarle la entrepierna.
Mireia no se lo esperaba cuando vio cómo por primera vez en la noche una chica, que debería estar en torno a los 30 años como ellas, se abalanzó a chuparle la polla al stripper que no pareció sorprenderse. Si bien es cierto que podía llegar a pensar que el chico era majo no podía imaginar que alguien fuera capaz de llegar a hacerle una mamada. No sólo era un auténtico desconocido, es que a saber por los sitios que habría pasado esa verga. No le pareció ni mucho menos lo más apetecible.
Laura se alegró al ver cómo finalmente el primer stripper de la noche se acercaba a la mesa. Aunque se moría de ganas de estrujar un pelín las abdominales del rubio pensó que sería más divertido bromear con la protagonista de la noche.
-¡Aquí, aquí! Que se casa la semana que viene – gritó y el resto de amigas se unieron a la causa provocando las miradas asesinas de Marga que no pudo evitar sonreír tontamente cuando el chico se acercó con la polla ya totalmente empalmada debido a las atenciones previas.
El hombre acarició los hombros de Marga y bajó por sus brazos para finalmente arrimarse más y colocarle la polla a escasos centímetros de la cara. Marga rió nerviosa y miró para otro lado. A su lado estaba Laura que estiró la mano para acariciar el duro vientre del chico hasta llegar a su pubis donde se detuvo al notar los primeros pelos. Al otro lado de Marga estaba Mireia y hacia allí se dirigió el stripper bailando a su lado muy cerca de la preciosa chica que no le hizo el mínimo caso.
Mireia no quería darle la más mínima sensación al tío de que aquello le gustaba. De hecho lo que le provocaba era bastante asco tener aquella polla erecta que tanta tía había manoseado y/o chupado. Sintió cierta repulsión con lo que no se sintió mal al rechazar con tanto desprecio al pobre chico que, al fin y al cabo, estaba haciendo su trabajo. El hombre, al ver aquella actitud desistió y lo probó con la chica de al lado, Alicia, que como no podía ser de otra forma tomó la misma actitud que su amiga. Ante tal “fracaso”, el hombre se marchó sin acercarse a Leire ni a Mabel para disgusto y tranquilidad de una y otra respectivamente.
-¡Aaaaaaaatención! Al parecer la temperatura está subiendo más de la cuenta y hemos tenido que llamar a un manitas para que ponga remedio al asunto – volvió a gritar el speaker anunciando la salida de un nuevo actor que apareció portando un cristal entre las manos. Se dirigió directamente a donde estaba el rubio de pelo rizado al cual le estaban haciendo una mamada de campeonato en ese instante.
Alicia no se podía creer para qué era el cristal. El mensajero se apartó de la chica y el manitas puso el cristal entre ambos. El rubio empezó a masturbarse para finalmente soltar 4 largos chorros de semen sobre el cristal que lo separaba de la chica la cual se reía al tiempo que pasaba la mano por la parte limpia del vidrio emulando recoger con el dedo los restos de esperma que había depositado el eyaculador al otro lado. Mirando a su amiga Mireia, Alicia hizo notar el asco que la situación le provocaba.
-¡Anda! Calla ya y disfruta un poquito – le instó Marga que se reía junto al resto de amigas.
Alicia miró nuevamente a Mireia buscando su apoyo.
-Es ciertamente asqueroso, pero mientras no nos lo haga a nosotras… – bromeó Mireia haciendo notar su desprecio al acto en sí, pero dejando claro que no le daba la mayor importancia – Chica, como no te lo tomes de otra forma te vas a amargar la noche – cosa que no estaba dispuesta a dejar que le pasara a ella.
Ahora era el manitas el que estaba continuando el espectáculo. Un chico jovencito que no aparentaba tener más de 25 años. Era moreno con el pelo corto y aunque era guapo, al verse tan joven, a Marga le provocaba más ternura que otra cosa. Sensación que cambió cuando el chaval se sacó la polla. No es que fuera grande, pero era bastante gorda y Marga, por primera vez, empezó a sentir los efectos de la excitación en su cuerpo.
Al igual que el primer stripper, el manitas se iba paseando de un lado a otro al ritmo de la música dejando que las mujeres lo magrearan todo lo que quisieran. Sin embargo, el joven fue más allá metiendo mano a las espectadoras y emulando posturas sexuales como si follara con alguna de ellas. Aunque las mujeres estaban vestidas, era irremediable notar la polla del chico chocando y restregándose contra partes de su cuerpo como tetas, culo, pubis u otras.
Marga alucinaba viendo a mujeres que podrían ser la madre del chavalín retozando con él. Ahora, con la polla en erección, debía calzar unos 16 centímetros como su compañero, pero con un grosor bastante más considerable. Marga se estaba calentando mucho viendo aquellas señoras disfrutando de la juventud del muchacho y ya no sabía si el calor que tenía era debido a la temperatura del local o a la excitación que sentía. Supuso que era ambas cosas.
Mientras tanto, en los vestuarios del local se producía una interesante conversación.
-Bueno… ¿qué? ¿Cuál es el informe?
-Mala suerte… hoy no hay gran cosa. Hay poco… pero al menos es bueno.
-Tú dirás.
Y el mensajero, nunca mejor dicho, se dispuso a informar al resto de sus compañeros:
-En la mesa 8 hay una madurita teñida de rubio que está bastante bien. Supongo que está casada, pero creo que tiene ganas de marcha, aunque habrá que dejar que se vaya animando. En la 13 hay una jovencita que está tremenda. Es muy joven, pero ya sabe latín – se rió – Es la de la camiseta ceñida de color azul. Pero el premio de la noche está en la 21. La tía es una estrecha de cojones, ni me ha mirado, pero ha sido acercarme a ella y casi me corro- exageró – Está tremenda. Eso sí, el que la consiga tiene premio – y todos se rieron.
-Eres un crack.
-Sí, sí, pero hay muy poco material. Nos vamos a hartar de mamadas de tías con dentadura postiza.
-Y lo jodido es correrse con tan poco aliciente. Ya me toca volver a pensar en tu madre para llegar al orgasmo – y se rió uno de los strippers.
-¡Serás mamón! Hijo de puta… – le replicó divertido el aludido.
Cuando el manitas se acercó a la mesa 21 Leire le estaba esperando con ganas. Tras unos magreos iniciales en los que el chico se dejó hacer mientras manoseaba las tetas de Laura, quien le invitó a hacerlo con un gesto evidente, Leire agarró la polla del muchacho y se la meneó unos segundos para terminar pasando la lengua, en un gesto rápido, por el frenillo del joven que se marchó hacia otra mesa.
Marga se moría de envidia. Le encantaría tener el valor suficiente para hacer lo que había hecho Leire, pero su amor por su futuro esposo se lo impedía. No es que quisiera hacer nada con el stripper, pero con la excitación que le había provocado tenía ganas de tocar un poco de carne masculina. Por el contrario, Mireia y Alicia no dejaban de pensar en el pobre novio de Leire que ahora estaría en casa durmiendo ajeno a todo lo que allí estaba pasando.
Cuando el joven moreno finalizó el primer espectáculo volvieron a retumbar los altavoces.
-Bueno, bueno, bueno… ahora que ya hemos arreglado algunos problemillas de calor de la sala… ¿qué os parece un poquito de diversión? ¿Queréis reíros un rato?
Algún tímido SÍ se oyó al fondo del recinto.
-¿No os he oído? – y sonó un único SÍ altivo muy cercano a la mesa 21 que ahogó algunas otras tímidas afirmaciones sueltas por la sala – Vaaaaaamos, chicas… que se note que tenéis ganas de pasarlo bien… no os he oído lo suficiente…
Y ahora un fuerte SÍ prácticamente unísono tronó en todo la sala. Y la música comenzó a sonar.
Cuando Alicia vio al payaso no se lo podía creer. No había nada que le diera más repulsión que los payasos. Aún recordaba el terror que le provocó el maldito muñeco de la película Poltergeist cuando la vio de pequeña o las pesadillas que le provocaba IT de Stephen King. Sin embargo, el actor que salió detrás del payaso las sorprendió aún más, incluso a Laura. Era un enano vestido de bufón. Ambos se separaron para hacer cachondeo y animar al personal en distintos puntos del local.
Ambos actores eran graciosos y conseguían sacar carcajadas de cada una de las mesas que visitaban. Cuando el payaso llegó a la mesa número 8 hizo un amago de sacarse la polla, pero lo que hizo fue sacar un plátano que dejó en su bragueta para que las maduras mujeres, sentadas en un cómodo sofá, bromearan tocando la fruta como si de la polla del tío se tratase. Cuando lo creyó conveniente, el stripper peló el plátano y, colocándoselo nuevamente en la bragueta, se acercó a la rubia teñida que, con una amplia sonrisa de morbosidad, se inclinó para pegarle un mordisco llevándose la puntita de la banana.
Mientras tanto, el enano se había acercado a la mesa de las 6 amigas. Allí continuó con las bromas y, acercándose a Mireia, se metió las manos en el pantalón. La chica se quería morir, pero por suerte el bufón sacó un alargado globo de color rojo logrando sacar una sonrisa en el rostro de Mireia.
-¿Ya podemos besarnos? – le bromeó el enano y ella, divertida, soltó una carcajada – Luego vuelvo –le dijo mientras se marchaba a otra mesa.
El payaso ya se había desnudado aunque aún conservaba su peluca a lo afro con colores vivos y la cara pintada de blanco. Sin duda era el más hombre de todos los strippers que habían salido, tenía un cuerpo voluminoso y musculado, aunque sin llegar a ser excesivo. También tenía la polla más grande de las que se habían visto, en torno a los 18 centímetros, pero no era tan gruesa como la del chico más joven que había hecho de manitas.
El bufón pilló por sorpresa a Mireia que estaba atenta a lo que sucedía con el payaso.
-He vuelto… – le insinuó en tono jovial mientras volvía a llevarse una mano al interior de su paquete. Mireia estaba convencida de que haría otra broma así que se sorprendió al ver la enorme polla que sacó el enano.
¡Era de plástico! A Mireia casi le da un vuelco el corazón que se había puesto a mil por hora debido al susto que el enano cabrón le había dado. Al ver que se trataba de un consolador no pudo evitar volver a reír sin saber si era por la gracia o por el susto. El enano empezó a menear la polla de plástico mientras bromeaba con la chica:
-¿Quieres tocármela? – le propuso jocosamente.
-¡No, gracias! – le espetó con contundencia.
Entonces el enano la volvió a sorprender sacando una pistola de juguete y apuntándola a la sien mientras ponía cara de niño bueno. Mireia volvió a reír con las tonterías del bufón pero negó con la cabeza momento en el que el enano apretó el gatillo haciendo aparecer en el cañón de la pistola una banderita con la palabra BANG escrita. Mireia no pudo evitar morirse de la risa y, en agradecimiento a lo divertido que había sido, alargó la mano para tocar el pene postizo del enano. Le hizo gracia notar la rugosidad del plástico y pensar en el enorme tamaño de aquel consolador que para nada reflejaba el tamaño que debería tener el enano.
-¡Gracias! – le soltó con una amplia sonrisa burlesca mientras se marchaba.
Mireia no se podía creer que el enano fuera un stripper. El payaso sí lo era, pero supuso que el bufón únicamente hacía de animador. Se fijó en él mientras se alejaba y alucinó al ver que se quitaba los pantalones quedándose en tanga y mostrando lo que parecía un buen paquete. Aún le desconcertó más oír los gritos de las mujeres que estaban más cercanas al enano vitoreando lo que acababan de presenciar. Sintió curiosidad por saber si el pequeño hombre mostraría su pito y, sobretodo, por ver si era tan grande como aparentaba para ser un enano, pero supuso que eso no pasaría.
En ese instante el resto de chicas estaban fijándose en el payaso pero no podían ver lo que ocurría puesto que el stripper había sacado una toalla para tapar lo que estaba pasando, aunque no era difícil imaginarlo. Y sus sospechas se confirmaron cuando el tío se retiró y la mujer que le estaba haciendo la mamada se quedó la toalla para limpiarse la cara.
Mireia seguía fijándose en el enano cuando se bajó el tanga y alucinó al ver aquella buena polla para ser de alguien tan pequeñito. La tenía flácida y debía ser casi tan grande como la de su novio en erección. Le pareció curioso y le hizo gracia. El enano fue paseando su virilidad hasta que en una de las mesas más alejadas una chica rubia aprovechó, mientras bailaba a su lado, para hacerle una mamada. Al igual que su compañero, el enano tapó la acción con una toalla así que Mireia se quedó con las ganas de saber cuánto le debía haber aumentado de tamaño la polla estando en erección.
-¿Cómo ha ido? – preguntó el mensajero tras la finalización del segundo espectáculo.
-¿Tú qué crees? No hay ninguna que se me resista. Lo de la pistola las desarma – y el enano comenzó a reír.
-¡Eres el puto amo!
-Yo al menos he conseguido que se riera. Ahora, que cambie su actitud lo veo difícil.
-¿Pero te ha tocado la polla o no? – le preguntó otro compañero.
-Sí… la de plástico – y todos comenzaron a reír – pero no ha puesto mucho entusiasmo… – confesó con resignación.
-Lo importante es que, por lo menos, se ha reído. Ya no es el desprecio con el que me ha tratado a mí – apuntó nuevamente el mensajero.
-A ver si se resiste a mi manguera… – soltó con aire chulesco uno de los chicos que actuaba en el tercer show de la noche y que estaba a punto de ser anunciado.
Ajenos a lo que sucedía fuera de los vestuarios, los strippers oyeron al locutor hablando por los altavoces:
-Atención, lamentamos anunciar que hemos sido denunciados y la policía ha llegado para hacernos desalojar el local. Por favor, rogamos que nadie se mueva de sus asientos puesto que será la policía, con la ayuda del cuerpo de bomberos la que se encargará de llevar a cabo el desalojo. Aguarden en sus asientos hasta que sean atendidas.
Las serias palabras provocaron un runrún en la sala únicamente apaciguado por la música que empezó a sonar para anunciar la salida al escenario de un negro vestido de policía y un corpulento blanco vestido de bombero.
Un negro… Laura pensó que ya iba siendo hora de disfrutar de la noche plenamente y qué mejor forma de hacerlo que con un tío de raza negra. Se imaginó la enorme tranca que debía tener y le entró un escalofrío.
Los dos nuevos boys comenzaron su espectáculo bailando sobre el escenario en el que hicieron un striptease para acabar mostrando un tanga en el que las mujeres que ocupaban los asientos más caros del local, los más cercanos al escenario, introducían sus billetes como si de una película americana se tratara. Tanto el policía como el bombero conservaron su gorra y su casco respectivamente.
Tras el striptease, tal y como hicieran los otros compañeros, los 2 hombres se pasearon por la sala. El policía era un negro muy delgadito, todo fibra, de algo más de 30 años mientras que el bombero era un hombretón blanco que no llegaría a la treintena. No estaba ni mucho menos tan fibrado como el policía, pero con su altura y sus duros músculos parecía un boxeador ruso sacado de una película de Rocky.
Laura estaba impaciente esperando que el negro se acercara por la mesa, sin embargo fue el bombero el que lo hizo acercándose a Alicia que lo despreció como ya hiciera antes Mireia con el mensajero. El hombre parecía insistir pero ella seguía en sus trece. El stripper probó un nuevo acercamiento sacando un bote de nata que utilizó para dejar un reguero de crema desde sus pectorales hasta su vientre. Alicia siguió despreciándole así que el bombero se giró hacia Mireia quien le sonrió negando con la cabeza. El tío le devolvió la sonrisa con todo el aire chulesco que desprendía y las amigas comenzaron a animarla.
Ante los vítores de las amigas, Mireia decidió comerse la nata. Lo haría con cuidado para ni rozar al asqueroso tío y ya está. Pero cuando se acercó a él y empezó a recoger la nata con la lengua sintió algo raro. El fuerte olor del macho, unido a su considerable corpulencia (como a ella le gustaban los hombres… ¿cuántos mails había visto en los que había disfrutado con cuerpazos como este?), su chulería, la nata… todo se unió para hacer que no le importara terminar de recoger la crema con la boca chupando ligeramente la parte baja del ombligo del enorme bombero. El tío aprovechó para bajarse ligeramente el tanga mostrando su pubis rasurado y creando un nuevo camino blanco que unía el anterior con la base de su polla. Mireia le miró y le dijo que no mientras se relamía recogiendo la nata que quedaba en la comisura de sus labios.
El resto de la mesa estaba alucinando, sobretodo Alicia. Si bien ninguna esperaba que Mireia, tan abierta y divertida, tuviera esta actitud tan cercana a la lascivia, era Alicia la que estaba más descolocada puesto que había declinado hacer justo lo que ahora hacía una desconcertante Mireia. Por otro lado, Mabel tampoco estaba disfrutando de la situación precisamente. Al igual que sus amigas no esperaba que Mireia se comportara así y al verla le entró un malestar incontrolable, también conocido como celos. No sabía por qué pero no quería ver a su amiga disfrutar con ninguno de aquellos malditos strippers.
-Si no te lo comes tú se lo comerá otra – la chuleó y Mireia, no acostumbrada a que la chulearan, se agachó a recoger la nata nuevamente con sumo cuidado de no tocarle.
El hombretón, crecido, se bajó el tanga mostrando una preciosa polla de considerable tamaño. Cuando Mireia la vio, tan cerca, casi se muere producto de una mezcla entre sorpresa, algarabía y unos primeros evidentes síntomas de excitación.
-Esto se lo tendrá que comer otra… – le respondió con malicia cuando el chico la invitó a una nueva merienda llenando su verga de rica dulce nata. El bombero no quiso forzar más la situación y rodeó la mesa pasando por Alicia y Mabel hasta llegar a Leire que no quiso desaprovechar el manjar que había desechado Mireia. Primero
pasó la lengua por todo el tronco recogiendo la crema para terminar introduciéndose los gordos 22 centímetros de tranca en la boca. Debido al grosor, mucho mayor que el del pene del manitas, Leire no podía abarcar mucho más que el glande de aquella descomunal polla.
Mientras tanto, en el escenario, el policía, tumbado en el suelo, estaba recibiendo una mamada doble. Por un lado la teñida madurita de la mesa 8, ya completamente desinhibida, y por otro una jovencita morena de no muy buen ver. Ambas chupaban con cierta descoordinación los 20 centímetros de rabo negro.
Cuando el bombero se separó de Leire, la mujer sintió un cierto alivio puesto que estaba dispuesta a llegar tan lejos como aquel tío hubiese querido y tampoco era plan de que sus amigas fueran testigo de aquello, sobre todo porque conocían a su novio. Mireia también se sintió aliviada al ver cómo la tentación se marchaba hacia el escenario donde se reunió con su compañero para tumbarse a su lado.
La rubia teñida dejó al negro tras las indicaciones del bombero y se abalanzó sobre la polla blanca en lo que parecía una competición entre la joven poco agraciada mamando al policía negro y la madurita potente mamando al bombero blanco. La pugna parecía llegar a su desenlace cuando ambos stripper se corrieron en sendas copas que dieron a sus respetivas “concursantes”. Cuando la joven fea se metió el semen en la boca su rostro aún se deformó un poco más para acabar escupiendo el contenido con una cara de asco culminada con las arcadas con las que se retiró hacia su mesa. Cuando la rubia acercó la copa a sus labios, echando la cabeza para atrás e inclinando la copa para que el semen se deslizara a través del cristal primero y después por la lengua y el interior de su experimentada boca, ya había “ganadora”. Sin esfuerzo, la mujer tragó el espeso contenido y su cara de lujuria denotaba que no le daba ningún asco.

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