DE SORPRESA EN SORPRESA III
Se había disparado su potencial exhibicionista y ya no tenía freno. Se incorporó hacia mí, yo estaba temblando, no sabía muy bien que me iba a pasar en los brazos de esa tigresa pelirroja. Me abrazó con pasión, estaba sudorosa pero muy apetecible, olía a sexo por los cuatro costados (¿cuatro?). Acercó su boca a mis labios y dulcemente los mordisqueó, con suavidad; además de ser una perra calienta también era claro que estaba enseñándome su lado más sensible y sensual. Me despojó del batín que todavía no había acertado a quitarme desde que llegó la camarera y comenzó a lamerme el torso, recreándose en cada milímetro de mi piel, lo que suponía para mí una tortura ya que mi ansiosa polla pedía casi a gritos que la atendiesen como merecía.
La gata pelirroja continuaba abrazándome con cierta dulzura, recorriendo mi cuerpo con besos dulces, arrancando en cada caricia un leve suspiro de mi garganta. A partir de ahí su lengua tomó el poder y rastreó toda mi fisonomía intentando encontrar algo con lo que juguetear. Se introdujo varias veces en los aretes que llevaba en mi oreja izquierda, pero seguía buscando con lascivia. Al final sus pesquisas se vieron recompensadas. Después de varias vueltas, sin utilizar sus manos, dirigió su boca hacia el canal de mis nalgas, habiéndome pedido que me levantara previamente, y con una habilidad increíble consiguió introducir su húmeda lengua entre ellas, recorrer mi escondido agujero, pasar entre mis piernas apresando mis abultados huevos con su boca y, por fin, atacando sin contemplaciones mi zona más inflamada y arrogante.
La reina se sentó en su trono, el que antes había servido para que yo fuese testigo de sus manejos, y desde esa posición me plantó una mano en cada nalga y se quedó contemplando mi rabo, como preparándose para un festín culinario: rabo de toro. Estaba empezando a calentarse de nuevo y yo temía por mi físico, pero me dejaba hacer. Debido al estado de erección que tenía, y la proximidad de su cara a mis caderas, comencé a cerrar sucesivamente mi esfínter para conseguir que la polla diese pequeños golpecitos en su frente, lo que arrancó una lujuriosa sonrisa, en la que pesaba más las ganas de comerse aquel manjar que la travesura misma de mi polla.
-“Cómemela, por favor, estoy a mil y me estás haciendo sufrir mucho, ¿no crees?. Eres una cerda que sólo sabe putearme. Trágatela de una vez, hostias”, acabé la frase de forma autoritaria mientras le sujetaba por sus rojizos rizos y la atraía hacia mí.
-“Vale, vale. Veo que el campeón se ha vuelto torito bravo, eso me gusta. Puede que, si te portas bien, te deje tratarme duramente, con autoridad, convertirme en una esclava a tu servicio, pero sólo si te portas como yo quiera, que lo sepas”, lo que añadió con una sonrisa lasciva que se escapaba por sus comisuras.
-“¿Y crees que me cabrá tan espléndida polla en la boca?, dijo poniendo los labios en forma de morritos, un mohín muy ensayado, seguro.
-“Tendrás que intentarlo por lo menos”, le contesté a la vez que acercaba mis manos hacia sus rojizos rizos.
La tigresa no se lo pensó dos vedes, acercó sus labios a mi exuberante y jugoso glande, dejó caer su preciosa saliva en él, lo rodeó con su boca entreabierta, como quien chupa un caramelo, y de un solo movimiento se la introdujo hasta la base, de tal forma que mis repletos huevos chocaron contra su barbilla. ¡¡¡Que mujer y que garganta!!!. Me dolía la polla de lo empalmado que estaba. Comenzó a chuparla enterita, se metía alternativamente mis huevos en su boca, a la vez que los acariciaba con cariño, volvía al tronco de mi rabo para recorrerlo de arriba abajo, sorbiendo, golpeándolo con la lengua, girando alrededor de mis pequeños labios de la punta, sorbiendo, soplando, escupiéndola, y muchas otras virguerías que hacen que recuerde esa mamada como una de las mejores que he recibido en toda mi vida. Lo que más me sorprendía es que a pesar de dedicarse intensamente, sabía cuando me acercaba al orgasmo y frenaba el ritmo, para que no me fuese y la tortura, divina tortura, se alargase todo lo que ella quería.
-“Por favor, ¿me quieres dejar que me vaya dentro de tu boquita?, ¿porqué eres tan bruja y no me acabas…no puedo aguantar…. pero no me dejas llegar….eres una cerda….gatita”, le dije con un aire de súplica y, a la vez, de mandato.
-“Estaba esperando que me lo pidieras así, con esos ojitos y con ese aire de macho necesitado que se te ha puesto”.
A partir de ahí empezó a comérsela de manera bestial y, por mi parte, debido a su habilidad y a mi calentón, todo mi cuerpo sólo pensaba en inundar su boca con mis jugos, aunque mi mente quería también alargar la situación, que por su pericia se había convertido en una delicia oriental. Mi tigresa disfrutaba enormemente comiéndose mi polla y a mí me ponía más si cabe, sobre todo cuando me miraba a los ojos desde abajo, como una esclava que quiere saber si su amo disfruta. Liberando su boca de su carnoso y duro ocupante dijo:
-“Quiero que te corras en mi boca. Que entre en mi lo que llevas dentro. Córrete en las fauces de tu gatita, miauuuuu…”, maulló entornando los ojos como hacen las putas en las películas porno.
Al pronto me negué, quería seguir en plan tantra, placer eterno, pero no pude evitarlo y obedecí fielmente, es más, ya no podía aguantar y me corrí dentro de su boca mientras con mis manos movía frenéticamente su cabeza hacia mí, literalmente me estaba follando su boca mientras chorros de esperma volaban directamente hacia su garganta. Increíble, ¡¡vaya experiencia!!. Antes de sentir los últimos espasmos que anunciaban mi completo vaciado, la sacó de su boca y acercando la tercera copa que había pedido me hizo terminar de vaciarme en ella para después mojar sus dedos y saborear con sus labios mi semen, untarse sus puntiagudos pezones con mis fluidos y pasarse el dedo untado por su clítoris. Era todo un espectáculo verla homenajearse, como lo extendía mientras me miraba con la expresión más lasciva que se puede tener en un momento así. Después se acercó la copa a los labios y con la punta de su lengua buscó y rebuscó para no desperdiciar ni una gota del preciado líquido que con tanta sabiduría había sabido extraer de mí. Nadie me había premiado una corrida con un espectáculo tan excitante.
Se incorporó para ir al cuarto de baño, lo que aproveché para desplomarme en la cama dado que mis temblorosas piernas no me sujetaban; mi excitación seguía siendo casi la misma que al empezar, es más, mi polla estaba casi tan altiva como antes de correrme. El poder de las felinas sobre el macho. Se empezó a oír correr el agua, así que supuse que se iba a refrescar y limpiar un poquito, pero era tan insistente el sonido del líquido que me acerqué al baño y vi que estaba llenando el yacuzzi. Magnífico. Como iba a tardar en llenarse, la cogí en brazos para depositarla de nuevo en la ya caliente y maltrecha cama.
Pensé que era un buen momento para tomar una copita de burbujas, que ya estaría suficientemente frío. Un impulsivo taponazo de corcho se estrelló contra la lámpara del techo, más concretamente, contra uno de los halógenos que dejó de alumbrarnos.
-“Perfecto, mi campeón sabe como dejar el ambiente más íntimo. ¿Tienes tanta puntería con todo?.
Como respuesta le ofrecí una copa y una sonrisa, y todavía con el sabor seco del espumoso acerqué mis labios a los suyos y nuestras lenguas se fundieron en un ardiente beso en el que la mezcla de sabores era una bomba de relojería para nuestras inquietas líbidos.
Le arranqué la poca ropa que le quedaba, y todavía con el sabor de su boca, me lancé a su ardiente rajita, que estaba tan mojada que al mover mi lengua y mis dedos dentro de ella se desprendían unos ligeros chops-chops-chopsque me entusiasmaban. “Has visto como me has puesto, cabronazo. Para que luego digan que hay sequía”, me comentó entre suspiros que empezaban a crecer desde su interior. No contesté, no quería perderme ni un milímetro de esa maravilla que mi pantera tenía entre las piernas, de esa hilera de vello que se había dejado depilar, de esos labios carnosos que cerraban la puerta a sus hermanos menores, de ese interruptor mágico que tenía por clítoris. De ese metal en su ombligo que entretenía mi juguetona lengua.
Sorbía sus jugos porque tenían un gusto maravilloso, con mi lengua y dedos los extraía de dentro para tragármelos al instante y sentía como su cuerpo se tensaba con cada lametón que le regalaba. Mi pelirroja pasó de los suspiros a los gemidos, gemía y gemía sin parar, se estaba acelerando. Aproveché para mordisquear sus labios y su botón mágico y a partir de ahí comenzó a gritar y a decir palabras que no entendía, tan sólo un “…me voy a correr…” destacó en su galimatías sexual, para aumentar su placer le introduje uno de mis chorreantes dedos dentro de su culito; sus chillidos eran realmente escandalosos, me apretaba su cabeza para que no aflojase mi presión. Noté como se iniciaron sus espasmos en las paredes internas de su coño y culito, que me apretaban los dedos a los que sólo les separaba esa delgada pared, y como, finalmente, todo su interior empezó a convertirse en un río de fluidos. Que intensidad. Era como una ola que me inundó mi boca y que tragué con mucho gusto. Era una corrida palpable, como de macho. Que furor tenía aquella tigresa dentro. Con voz entrecortada me dijo:
-“Que maneraaaa …ahh…de correrme. Me has puesto tan caliente… ¿dónde has aprendido a mover así la lengua, cabrón? ¿qué pretendes, que no me olvide de nunca de tí? Nunca… me lo habían …. comido… así y te prometo.. que es la primera vez que me voy de esta… manera….ufff, todavía me da vueltas la cabeza…me vas a volver loca, pedazo de….ufff, cabrón”.
Cuando los sonidos del resto del mundo volvieron a nuestros oídos me acordé del yacuzzi, que ya tenía que estar listo. Eché un vistazo y así era, a punto, casi rebosante. Volví a por mi tigresa, a la que encontré volviendo a llenar las copas y ofreciéndome una de ellas con una mirada inquietante. El líquido entró en mí como un elixir reparador que mitigaba la elevada temperatura de mi piel. Apuré la copa de un trago, al igual que ella, y con esa energía volví a elevar a mi ocasional amante hasta introducirla en el burbujeante yacuzzi. Me zambullí sin perder tiempo y la sensación fue muy gratificante. Las burbujas del yacuzzi y las que flotaban en mi cabeza empezaron a estimularme de tal forma que mi polla comenzó a dolerme de la excitación que manifestaba, apuntando directamente al techo, intentando sobresalir del agua como el periscopio de un submarino. Teniendo la sensación de que me había ganado su confianza y su permiso para tomar la iniciativa, me acerqué a ella frontalmente, sus piernas se separaron demostrando que había leído mi pensamiento, y dentro del agua le inserté poco a poco mi polla hasta el fondo de su maltratado y acogedor coñito. Empecé a bombear dentro de ella, un burbujeante polvo submarino, genial, era una sensación indescriptible, quería disfrutar tranquilamente de ella pero mi gatita comenzó a acercarse a mí, demostrando que sentía ya mucha necesidad, casi dependencia. Habían pasado demasiadas cosas y era la primera vez que me la follaba. Cómo habíamos podido aguantar tanto, su coño abrasaba a pesar de estar sumergidos, nuestros deseos eran brutales. Se apretó contra mí de un fuerte impulso, clavando sus uñas en mi espalda y respirando de tal forma que me asustaba. Estaba al borde de irse de nuevo por lo que inicié una follada más enérgica y profunda para acelerar su orgasmo, suelo ser agradecido. Y así fue, se corrió abrazada a mí, resoplando en mi cuello, contagiándome sus temblores y dejando caer una serie de obscenidades que me encendieron todavía más.
Cuando el último grito se escapó de su garganta se desplomó hacia atrás hasta sumergirse completamente, todavía empalada en mi endurecido miembro. Volvió a emerger y empezamos a joder de nuevo, esta vez se sentó de espaldas sobre mí y cabalgó reiteradamente sobre su potro más deseado, haciendo que su coño recorriese completamente mi polla, desde la base hasta quedarse enganchado solo a mi amoratada cabecita, para después volver a caer con un gran estrépito de agua y burbujas a su alrededor. Después, hice que se pusiera a cuatro patas, con el agua a la altura de su rajita y todo lo demás, salvo la parte superior de sus maravillosas nalgas, sumergido en el mar de sexo en el que disfrutábamos; desde mi posición elevada vi sus dos agujeritos y me decidí de nuevo por el menos apretado, en el que clavé mi polla de una estocada a la vez que introducía decididamente un dedo en su culito, y luego dos, girándolos para dilatar ese recóndito lugar que se me ofrecía tan generosamente.
-“Ahhh,….se….te…..ven…las….intenciones, pedazo de cabrón. Qué quieres, follarte mi culito….¿no?…” me dijo con un tono que denotaba más una invitación que una pregunta. Mientras, seguía metiendo mi rabo hasta lo más profundo que daba su longitud y cada vez que golpeaba en el fondo, se oía un grito de placer y sentía como tensaba su coño para abrazarme íntimamente, para no dejar que la volviese a sacar. Ummm, la tigresa era la hostia, sabía follar y hacer que un hombre disfrutase hasta el infinito. Con mis embestidas sentí que otra vez estaba a punto de correrse por lo que seguí con más interés trabajando su culito para que me diese la bienvenida como me merecía.
-“O me la metes ahora en el culito….ahhhh….o después ya es tarde….la quiero ahora, cabrón….que me vas a hacer correr de nuevo……ahhh…..uhmmmm”, me gritó girando un poco su cara para mirarme a los ojos, y ahí aprovechó para llevarse su dedo corazón y metérselo en su culo hasta el fondo. Le gustaba hacérselo ella misma. Lo giró para dilatar su anillo todo lo posible. Dirigió su mano hacia mi polla, que todavía estaba dentro de ella, la sacó de su coño para ponerla en la entrada de su círculo mágico, ya enrojecido y bastante dilatado, la untó de la espuma que se había formado en el yacuzzi y dijo:
-“Ahora tú, hijoputa, y de un solo golpe. Castígame, párteme el culo, hasta dentro y lo quiero ya, hazme tu puta para siempre…..”, no tuvo que esperar más, preparados, listos, ya, sus palabras fueron un pistoletazo para mí, y con un firme empujón de caderas entré en ese culito, pasé su anillo protector y entré en las profundidades de sus entrañas todo lo que me daba de si mi considerable miembro. Me quedé quieto porque ella dio un grito que ahogó para evitar que se presentase la seguridad del hotel y en sus empañados ojos noté que le había dolido.
-“Ahora no pares….dale….dale y rómpeme el culo…..dale hasta el fondo….más….más….”, lo que mostraba que iba por buen camino. Casi al momento, los ahogados gemidos de dolor se transformaron en suspiros de placer y todo empezó a rodar de miedo. Me sentía tan a gusto dentro de ella, con mi polla apretadita por aquellas paredes mágicas. Una vez vencida esta primera resistencia comencé a meter y sacar mi ariete en todo su recorrido, sacando la cabeza del anillo para volver a traspasarlo, lo que ahora conseguía arrancar en ella verdaderas demostraciones de placer. Sus gritos comenzaron a elevarse, tal y como los había oído antes, en varias ocasiones, mientras el ritmo de mi enculada se aceleraba, ya nada me importaba, nada excepto llenar el culo de esa pantera de mi leche caliente, correrme en su culito mientras ella también se iba.
Le daba tan fuerte que mis caderas chocaban contra sus nalgas mientras el agua del yacuzzi saltaba en todas direcciones. Estaba frenético, animal, nunca me había visto tan fuera de mí. Dar por el culo a aquella preciosidad era demasiado, inimaginable, mi sublime fantasía. Además, ella disfrutaba tanto como si me la estuviese follando por delante, gemía, gritaba, me empujaba mis nalgas para que la perforase todo lo posible. Su respiración estaba tan entrecortada que dudo como podía insuflar aire a su pecho, para lo que utilizaba su boca y resoplaba todo lo que podía, ruidosamente. Estaba claro que era el preludio de un nuevo clímax, el movimiento que sentía en la polla procedía de las paredes de su culo, que me abrazaban como si tuviese espasmos. Había empezado a correrse como una cerda, otra vez, no tenía límite, la gatita era toda una pantera multiorgásmica que introducía sus dedos en lo más profundo de su coño y masajeada con pasión su clítoris. Así estuvo durante una divina eternidad, yéndose escandalosamente, hasta que noté como sus impulsos fueron aflojando y en ese instante percibí que ya no podía aguantar más y dentro de mí explotó uno de los orgasmos más descomunales que he sentido. Empecé a vaciarme dentro de su culito, los chorros de mi esperma tenían que llegar hasta su estómago, me apreté a sus nalgas fuertemente mientras estrujaba sus tetas en un intento de fundirme con ella.
Con un decidido movimiento se sacó la polla de dentro, y recibió mis espasmos líquidos en su cara directamente, que se esparcieron por ella como si de perlas se tratase. Una vez que el último chorro le cayó en su frente, con verdadera ansiedad y todavía convulsionada por su reciente orgasmo, se dispuso a limpiarme metódicamente la polla, para no dejar ni un resquicio sin lamer con su habilidosa lengua, lo que provocaban vibrantes descargas eléctricas en mi ya maltratada extremidad. Cuando acabó con esa labor, acercó su boca a la mía para que yo también disfrutase de esos manjares y en ese momento sentí un ligero mareo que me descolocó de la situación y que achaqué al subidón de adrenalina esa mujer había desatado en mi interior.
La sensación de vértigo no cesaba, es más, iba aumentando paulatinamente por lo que me incorporé para salir del yacuzzi, lo que me resultó harto difícil. Ella me miraba sin demostrar sorpresa, sólo expectación. Abandoné a duras penas el cuarto de baño para dirigirme a la cama donde sucumbí a la oscuridad.
Cuando volví al mundo consciente me dolía bastante la cabeza, como si me hubiesen golpeado con algo contundente, pero supongo que nadie lo había hecho. Oía voces pero no entendía lo que se decía en la habitación. Poco a poco me volvía la consciencia y con la lucidez me invadía una sensación de inmovilidad. La nebulosa de mi interior se iba deshaciendo muy despacio pero todo era desorientación. ¿Porqué no veía nada?, algo lo impedía; me encontraba boca abajo, supongo que en la misma cama en la que hacía poco tiempo me había abrasado el placer. ¿Pero, porqué tenía una venda en los ojos?. La cabeza me seguía doliendo demasiado como para comprender esta insólita situación. Intenté llevarme las manos a la cara para quitarme la venda pero me fue imposible, tenía las manos y también los pies, atados a la cama. Tiré fuerte pero nada, estaba bien sujeto, ¿A qué venía este jueguecito?.
Volví a oír las voces, varias voces. Una era de mi tigresa, pero ¿y la otra?, parecía de hombre, pero no me era fácil distinguir porque tenía una sensación parecida a una fuerte resaca dentro de mí, y la voz no era más que un susurro. Intenté serenarme y agudicé mis sentidos para participar de aquella extraña situación. Las palabras de ellos comenzaron a descifrarse en mis oídos.
-“¿Y ahora qué hacemos?”, dijo ella al supuesto acompañante.
-“Pues seguir el guión y punto. Además, Yara, que tengo que decirte que tú no sepas”, agregó él con autoridad.
-“Cariño, ¿ya has vuelto, cómo estás?, voy a intentar explicártelo de forma clara. Has tenido un desvanecimiento y me he asustado mucho. He llamado a mi jefe y me ha mandado a un compañero de la empresa por si hay algún problema que resolver. También,...tengo que decirte....bueno...que mi empresa es un poco especial, vamos, es decir, que nos dedicamos a una actividad….diríamos….diferente…de entretenimiento”.
-“¿Y no puedes decirme todo eso mientras me desatas, YA-RA?, le dije mostrando un cierto enfado y recalcando su nombre que en ningún momento me había querido decir.
-“Por ahora, eso va a ser imposible porque estás así por necesidades, digamos, profesionales. Para que te lo voy a ocultar más, mi empresa se dedica a grabar películas para adultos obtenidas de forma especial”.
-“ ¿Porno?, ¿entonces....lo de antes...? le dije bastante contrariado.
-“ Eh, no te equivoques, antes he disfrutado como hacia tiempo, que lo sepas. Eres un campeón, pero...mis obligaciones..” dijo mientras utilizaba su mirada más encantadora.
Me dejó estupefacto con su declaración. Si no había comprendido mal, mi tigresa trabajaba de gancho para una productora porno y, encima, era la protagonista de sus películas en las cuales los actores invitados eran personas como yo, que se veían embrujados por esta increíble pelirroja y que, supuestamente, pensaban que se estaba cumpliendo una de sus fantasías más improbable. Además, todo acabaría en Internet. Cojonudo. Había caído en la trampa más antigua, dejarme seducir por una mujer para un fin comercial.
-“¿Qué, Yara, seguimos o lo dejamos para otra ocasión?”, dijo la voz masculina que nos acompañaba. “Voy a cambiar la cinta y tú a por las escenas finales, a ver si terminamos antes de que se nos haga de noche”, ironizó él.
-“¿Desde cuándo lleva este tío aquí?, ¿desde el principio?, pregunté con ansiedad.
-“Me temo que sí, no era cuestión de olvidar los primeros envites, que tienen que haber quedado de impresión”, contestó con toda la dulzura que la situación le permitía.
A continuación empecé a sentir como se hundía la cama por el peso de alguien que se sentaba sobre mis piernas. Noté que su piel era suave. Era ella la que estaba encima, menos mal, en mi situación indefensa era lo mejor que podía pasar. Se agachó hasta tocar con sus pechos mi espalda y me susurró al oído mientras me masajeaba la nuca,
-“Precioso mío, ahora te voy a hacer una cosita que espero te guste mucho, sobre todo porque soy yo quién te la va a hacer, a menos que prefieras que sea mi compañero, tú decides” y me dio un lametón en el cuello que me hizo temblar todo el cuerpo, al recordarme escenas tan recientes, “si me prometes que no montas una escenita te quito la venda de los ojos”, agregó con suavidad a la vez que recorría con su experta lengua toda mi espalda, bajando hacia mi cintura y, posteriormente, entraba entre mis nalgas como una serpiente.
Al sentir su lengua ahí, una descarga de alto voltaje recorrió mi cuerpo. Ella se estaba dedicando intensamente a la entrada de mi culo, con su lengua empujaba las paredes de mi esfínter, giraba por dentro del anillo para aflojar mi resistencia. Acto seguido noté un líquido viscoso y frío que se deslizaba alrededor de mi ano y que era introducido por sus dedos dentro de mí. Las intenciones estaban claras, quería hacer de hombre y follarme el culo. En la situación en la que estaba y que podía ser violado por su acompañante era preferible que lo hiciese ella, de todas, todas. Aún así, tenía mis recelos. No me gustaba que fuese tan impetuosa y menos con un extraño contemplando la escena y, peor aún, que pudiese estarse grabando para beneficio ajeno, quedando expuesto a las miradas del mundo globalizado.

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