DE SORPRESA EN SORPRESA IV

“Bien, quítame la venda, quiero saber en qué estoy metido y que, por lo menos, las cosas sucedan con mi consentimiento y tu dedicación”, acerté a decir y pareció que hizo su efecto. Con delicadeza, la tigresa retiró el pañuelo de seda y empecé, poco a poco, a ver las cosas que allí sucedían.           
 -“¿Pero….tiene que estar él delante?, ¿no hay trípodes para la cámara?”, pregunté con ansiedad al girar la cabeza hacia ella y ver que en la habitación, el hombre que había oído y del que ella me había hablado, tenía una pequeña cámara en su mano y grababa toda la escena.
 -“Ya te lo he explicado, ¿no?, no te preocupes, te voy a tratar como un rey, como si fueses mi amo y yo tú esclava, y mientras decía esto seguía introduciendo sus lubricados dedos dentro de mi culo. La situación me estaba generando sensaciones encontradas. Por un lado, no me gustaba que las cosas se hicieran así, me sentía violado e inmovilizado, pero por otro, su cuerpo sobre el mío y sus dedos estaban empezando a conseguir que mi polla respondiese y ya se mostraba arrogante, lo que llamó su atención.
 -“Venga, mi tesoro, no te resistas, si a tu polla, mi amiguita, parece que el juego empieza a gustarle. Mira que buena cara se le está poniendo”, y bajó hasta ella, sin dejar de preparar mi culo, y se la metió en la boca con verdadero interés. Con varios lametones y mordiscos ya la tenía como si fuera el palo de una bandera, a lo que contribuía la situación de peligro que mi mente advertía pero que al resto de mi ser no parecía preocuparle. En ese momento me introdujo parte del pañuelo, que antes me había impedido ver, en el culo, poco a poco, bien dentro. Siguió comiéndome la polla, en una postura imposible dado que yo estaba boca abajo y todo tenía que quedar grabado; postura a la que mis caderas ayudaban al girarse un poco y permitir que su boca trabajase con soltura, como lo había hecho antes.
 -“Ohhhhh”, dejé escapar abiertamente cuando mi gatita sacó de un tirón el pañuelo de mi culo. “Hija de puta, mira que sabes….hacerle….disfrutar…a un hombre”.
 -“Y eso no es nada, ahora verás”, y de su maleta que había acercado a la habitación, extrajo un curioso aparato que se ató a la cintura y que sostenía un artilugio que imitaba una negra polla, de tamaño medio, que empecé a suponer estaba destinada para mí.
 Terminado el ensamblamiento y ajustadas las correas volvió a acercarse y me plantó un húmedo beso en la boca, buscando con su lengua todos mis rincones como para indicarme que no había nada oculto, que todo era lo que parecía, que estaba dispuesta a follarme el culo y, además, eso le excitaba. Su respiración había comenzado a agitarse y pude entrever que con una mano se frotaba insistentemente su coñito, metiéndose los dedos profundamente por debajo del miembro artificial y pellizcando suavemente su clítoris. Quería violarme pero disfrutando con ello tanto que esperaba llegar a correrse.
 Untó de aceite el oscuro masturbador que tenía en su cintura y girándolo se metió su punta entre los labios de su coño para iniciar un movimiento lateral y de arriba abajo mientras ponía su mirada más viciosa de toda la tarde. A la vez, el cámara no perdía detalle y de vez en cuando le daba ligeras indicaciones. Con el rabo metido hasta la mitad en su incruenta herida, alargó la otra mano hasta asirme fuertemente por la base de mi rabo y apretó durante unos instantes hasta que consiguió que mi glande comenzará a tornarse púrpura, o eso me pareció en esos largos segundos. Mi excitación iba creciendo a medida que la tigresa realizaba su representación, tenía la polla a reventar e, increíblemente, estaba deseando que hundiese su polla en mí. Con el masaje que le estaba propinando a mi miembro me estaba llevando al borde del orgasmo, pero sentía también que ella dominaba la acción y que sólo quería llevarme hasta un punto en el que le pidiese lo que ella quería hacer. Siguió introduciéndose su artificio, cada vez más adentro y cada vez más decididamente e, incluso, inició una exploración de la entrada de su culito con bastante éxito, ya que encontró esa entrada bastante dilatada. Ver aquello era demasiado para mí, a veces me olvidaba incluso de que un tío nos estaba grabando y de que estaba atado a la cama, se me iba de la mente todo, todo menos ella, la gatita traviesa y perversa.
 Cuando advirtió que estaba lo suficientemente excitado, se me acercó por detrás, colocó en posición amenazante su prótesis, la volvió a hacer brillar con el lubrificante y me miró fijamente entornando sus ojos melosos.
 -“Y ahora cabroncete, ¿a qué me vas a pedir que te meta esta polla mía por tu maravilloso culito hasta que te corras de gusto?, dijo con voz entrecortada mientras con dos dedos me estaba empezando a dilatar el anillo de mi culo y con la otra me pajeaba lentamente.
 -“Creo queeee.....noooo.....que está.....no-cheee.......no....puedooooo, ahhhhh, negarteee, ay,....nada......y...tú putaaaa, aaahhhh,....lo....sabes”, le respondí como pude al sumarse en mí sensaciones nada comunes. Me costaba atender a los dos puntos a los que mi pantera dedicaba todas sus habilidades, aunque sentía que la emoción posterior se estaba erigiendo dueña de la escena. Para facilitarse la labor colocó un denso cojín en mis caderas, lo que hizo que se realzasen mis nalgas.
 -“Así no vale, tienes que ser tú el que me lo pidas”, me arrojó desafiante.
 -“Bien, pero no pares de acariciarme mi polla, por favor gatita, mete......ahh....méteme tu polla en miiiii.........ufffff....necesitado....culo.....fóllame por donde....nadie....lo ha hecho....aghhhh”, y en ese momento supe que no tenía que repetírselo, que había iniciado su camino y ya no tenía vuelta atrás. Sentía una fuerte presión en el orificio de entrada, pero gracias al aceite no tuvo demasiada dificultad en introducir lentamente la cabeza artificial a través de mi cilindro. Sentía como iba avanzando dentro de mí y la sensación de placer crecía con cada milímetro que penetraba, aunque cada vez me sentía más repleto e inmóvil.
 Durante todo el tiempo me estuvo diciéndome obscenidades irrepetibles sobre mí, sobre ella, respecto a los dos, todo contribuía a que mi polla estuviese a reventar pero que según su guión no tenía que explotar todavía.
 Su presión era cada vez mayor, ya había pasado la cabeza y no sentía dolor, tan sólo continuaba la sensación de inmovilidad total; ella siguió empujando, lenta y suavemente, hasta que sus caderas chocaron con mis nalgas. ¡¡¡Me había metido su polla hasta el fondo!!!. A partir de ahí todo cambió y empezó a mover su pelvis de forma cadenciosa. Adelante, atrás, ahora más despacio, ahora más deprisa. Debía de reconocer que lo estaba haciendo muy bien; su mano, mientras, seguía apretando muy suavemente mis dos pequeños labios de la punta de mi polla. No quería acelerarme por aquí, sólo por detrás. Y lo estaba consiguiendo porque yo había empezado a levantar el culo, lo que me permitían las ataduras, para conseguir que ella entrase profundamente, hasta el final, para sentir su poder dentro de mis entrañas.
 -“Ahhh,....ufff.....como follas, puta.....no sé,....ahhh...que es loooo que hacessss.....uhmmm, mejor,....no pares....me tienes que llevar....hasta el finalllll, reinaaaaa..”, no podría articular las palabras pero sabía que si seguía jodiendome así el culo me iba a correr.
 Ella se vio espoleada por mis palabras y no tuvo ninguna compasión conmigo, apretaba su dinámico cuerpo contra mí en forma de embestidas animales, estaba desorbitada, su respiración era dificultosa y estaba literalmente volcada sobre mi culo, se apretaba tanto que notaba en mi espalda las dos bolitas del piercing de su ombligo. Se puso a pajearme sin consideración, como una posesa, dándome mordiscos en la espalda que a mí me parecían lametones, dando verdaderos gritos y diciendo que se iba a correr, que estaba a punto.
 En ese momento, sentí las manos libres y después las piernas, supuse que el cámara me había desatado, dado que es posible que estuviese en el guión, pero me resistí a darme la vuelta. La felina que me cabalgaba estaba al borde de derramarse mientras me daba por el culo. El no va más del morbo. Aguanté en esa posición lo que pude hasta que noté que ella daba un empujón definitivo y tensaba todos sus miembros en un intenso abrazo, en ese momento me zafé de su penetración, me di la vuelta violentamente y ella cayó de espaldas sobre un borde de la cama. En su intensa mirada advertí que había iniciado su clímax y sin nadie dentro de ella. Me arrojé sobre ella, le levanté las piernas, sujetando una con cada brazo, aparté su miembro y de un certero golpe metí mi polla hasta lo más profundo de su coño. Ella dio un grito al recibir tan exquisito regalo en ese momento en el que se estaba corriendo.
 Acerqué su cuerpo al ángulo de la cama y empecé a embestirle el coño con tal ímpetu que cada vez que mis caderas golpeaban la cara posterior de sus muslos, sonaba como si estuviesen dando unas fuertes hostias a alguien. Era bestial, intentaba perforarla, mi erección era la más descomunal que yo había visto. Sentía como me chorreaba por las piernas todo el aceite que mi gatita había metido en mi culo y cómo mi anillo latía aún por el castigo recibido. La follaba locamente, sin control, sin atender a su corrida, a los espasmos que dentro daban las paredes de su coño. Sentí un temblor en las rodillas y para seguir follándola me ayudé empujando rítmicamente el colchón, haciéndole subir y bajar contundentemente. Este movimiento fue infernal para ambos. Ella arqueó varias veces su espalda hacia mí, como una pantera en celo mientras gritaba: “Así, asíiii, asíiiii........” y comenzó a gimotear y temblar abrazándose con toda su fuerza. Ya no pude aguantar más.
 Mientras Yara gritaba a mi oído, sentí como se abría la compuerta de mi presa y un primer chorro inundó su oscura cueva, los siguientes fueron a parar al mismo sitio porque su abrazo no me permitió hacer ninguna otra cosa y así hasta que arrojé dentro de su coño hasta la última gota bramando con cada espasmo interior que expulsaba mi semilla. Quedé totalmente vacío y un infinito placer me inundó mientras ambos intentábamos acompasar nuestras jadeantes respiraciones, lo que conseguimos sin demasiado esfuerzo.
 Todavía seguimos así varios minutos, que fueron especialmente intensos y atractivos. Una y otra vez sentía los latidos de las paredes de su gruta en mi polla. Esta imagen también le tuvo que parecer al cámara enervante, porque en una de las fugaces miradas que se me escaparon le vi con una mano filmando y con la otra abrazada a su entrepierna, intentando sacarse la polla sin perjudicar la filmación.
 Me salí de ella y caí derrumbado a su lado. Ella pasó su mano por mi pecho y me susurró: “Ha sido de cine”, su sensual sentido del humor apareció en ese momento. A continuación dijo autoritariamente:
 “Cumple ahora tú con lo tuyo, rápido”, a lo que me quedé en blanco, sin comprender qué era lo que tenía que hacer. La respuesta llegó enseguida. No se refería a mí. Como si de una orden militar se tratase, el hombre le entregó la cámara para abalanzarse sobre sus piernas, con devoción y hambre.
 “No te preocupes por él, es buen chico pero tienes sus debilidades. Siempre se encarga de este tipo de limpiezas, que además quedan muy bien para las tomas finales. Ahhh....es bueno buscando hasta en el último resquicio de mi coño las gotas de semen de mis chicos, de ti quiero decir. Creo que en Estados Unidos les llaman creampiers y les gusta recoger la cremita de otros en un coño que ellos no han follado. Es más, a algunos mariditos les gusta que sus mujeres les ordenen comerse las corridas de sus amantes ocasionales, la humillación absoluta. Ahhh, sigue, sigue cabronazo, no dejes ni una gotaaa. Lo que más le gusta es esperar a que por la puerta de mi chochito aparezca la punta del glaciar, para írselo tragando según vaya saliendo. Sí, así, muy bien, asiiii”.
 Cuando el supuesto compañero acabó con su limpieza ella le ordenó que continuase conmigo, que me lo limpiase bien. Ya era de noche pero todavía era el mismo día en el que me estaban pasando cosas inauditas. Ahora sólo faltaba que un tío me la chupase.
 “No déjalo, ya me limpió en el cuarto de baño mientras nos metemos en el yacuzzi”, dije más a modo de disculpa que de invitación.
 “Insisto y no me contradigas, además le ibas a dar un disgusto. Él lo está deseando, no le ves con los ojos que te mira tu chorreante polla. ¿No es así, maridito mío?, dijo indicándole que se acercara a mí para cumplir sus deseos.
 “¿Maridito tuyo?, no me digas que es verdad, que es tu marido y .....” no podía salir de mi asombro. Esta mujer era increíble. Ahora resultaba que ambos eran pareja. “Oye, no quiero líos, de verdad, a ver si….” Titubeé ante la insólita declaración presuponiendo que en esa pareja había demasiadas excentricidades.
 “No temas que no corres ningún peligro. Somos gente educada y profesional, aunque tengamos estas curiosas apetencias. Gestionamos una modesta empresa, familiar diríamos, je, je, pero que da unos beneficios muy sustanciosos, ¿verdad?” preguntó dirigiéndose a su esposo, el que ya había retirado la piel de mi glande y estaba lamiendo con verdadera pasión mi polla para dejármela brillante y seca. “Pero, cariño, no hablemos ahora de negocios que todavía tenemos pendiente un relajante baño de burbujas” y me volvió a besar con delicadeza.
 Acto seguido cogió mi mano y tiró hasta llevarme a la puerta del baño, aunque no era fácil ya que su marido seguía aferrándose a mi parte más sensible. Cuando pude liberarme de aquel peculiar beso, entramos en el cuarto de baño y me permití cerrar la puerta. Intimidad al fin. Nos introdujimos en la bañera y cerramos los ojos mientras nos acariciábamos con los dedos de los pies. Oí un fuerte ruido al cerrarse la puerta de la habitación y comprendí que ahora sí estábamos solos. Seguimos jugueteando inocentemente hasta que nuestra piel se arrugó por el agua. Al salir llamé al servicio de habitaciones y pedí una nueva botella de burbujas y algo más sólido de picar, por si la noche era larga.
 Acabamos la botella y alguna que otra más que pedimos, terminamos con las provisiones y tuvimos otro explosivo asalto pero esta vez sin cámaras, íntimo, sólo para nosotros. También hablamos de que, tristemente, dentro de unas horas tenía que irse a Granada. Me dio un apasionado beso que me supo a una despedida anticipada. Ya, de madrugada, caímos rendidos en la gran y caliente cama, iniciando un descenso a la profundidad de los sueños y esa noche, y alguna más, soñé con ella, mi pantera salvaje.
 Me desperté antes que ella y pensé, con la luz del día, que lo mejor era dejarlo así, abandonar la escena ahora que tenía fuerzas para ello. Eché las sábanas hacia atrás para contemplar por última vez su atractivo y a la vez intrigante cuerpo y acaricié con suavidad, para no despertar a la fiera, su rojo pelo, sus altivos pechos y su precioso culito. Antes de irme garabateé una nota que deposité sobre la mesilla:
 Yara, espero que no olvides esto y que no sólo haya sido una noche más para ti y tu empresa, por mi parte yo no lo voy a olvidar nunca. Como si fueses una vampira, has bebido de mi sangre y ya no tengo remedio ni salvación. Si vuelves a Madrid, llámame y si no espero por lo menos verte en alguna pantalla. Siempre te desearé, pantera.
 Y le dejé el número del móvil, por si acaso se presentaba la oportunidad.
 Sin mirar atrás me fui tristemente de la suite casi con la seguridad de que no la iba a volver a ver y menos disfrutar. A partir de ahí cada uno tomaría su camino. Ella con su maridito empresario y consentidor y su Granada y yo con mi casi interesante vida en Madrid.
 Ya han pasado varios meses y nada, ni una llamada de ella, he buscado por los portales Web de estos temas pero no he visto el posible resultado de aquel encuentro. He estado obsesionado con ella, con su cuerpo, con su voz. A pesar del tiempo transcurrido, seguía teniendo unas ganas locas de volverla a ver y, si podía ser, repetir una aventura como aquella. De sueños también se vive, y el sueño fue bonito mientras duró. Parafraseando a Bogart en Casablanca: “siempre nos quedará la suite”.
 Y una tarde perdida y gris, en la que mi mente volaba, como otras muchas tardes, a aquella suite, a aquel espectacular e increíble acontecimiento, ¿hum…? ¿Qué fue eso? Después de tanto esperar el zumbido de mi móvil, éste se puso a vibrar en la encimera de la cocina. Al descolgar y preguntar quién estaba al otro lado del teléfono, dado que era un número que no conocía, escuché una voz dulce y apasionada que me decía:
 -“Ey guapísimo, ¿te pensabas que me había olvidado de ti? Pues estabas muy equivocado, además tengo algunas cositas tuyas que te voy a llevar a Madrid, ¿no las has echado de menos?. Iré sola y sin cámara, no te preocupes. Tengo unos planos, una espléndida película y un tanga que te pertenecen, que te dejaste en la mesita del hotel, cabeza loca. Me vas a tener que compensar por haberte ido sin despedirte de mí, niño malo. Que ganas tengo de darte un lametón, ya sabes que eres especial para mí, rey”.

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