VENECIA
Por fin había llegado la noche de las máscaras... el evento organizado por la empresa donde trabaja mi marido para celebrar su 25 aniversario. Se trataba de una fiesta para todo el staff de la compañía y a la que nos habían invitado a Carlos y a mí, con el único requisito de tener que llevar la cara cubierta con un antifaz e ir ataviados con un disfraz de época. En principio todo me pareció fabuloso, incluso preparé con esmero mi vestimenta sin que Carlos se enterara de nada, para sorprenderle precisamente en esa noche; sin embargo, a última hora, justo cuando teníamos previsto dirigirnos a la fiesta, a mí se me quitaron las ganas por completo . No sé, no me atraía nada en absoluto tener que aguantar a Javier, el súper jefe de mi marido, tan pedante, tan chulo… soportando, como viene siendo habitual, sus bromitas salidas de tono y sus impertinencias de todo tipo. El caso, es que a última hora, muy melosamente, le comenté a Carlos que no estaba nada animada para ir a la fiesta, que me ...