LA PERRA, LA CERDA Y SUS AMIGAS 5
No tengo ni idea de qué planes lleva en la cabeza esta chiquilla, pero a juzgar por su comportamiento serán beneficiosos para mí. Como no tengo otra cosa que hacer, me acerco a la calle de las perras y entro en el bar. No me explico cómo pueden funcionar estos negocios: no hay un solo cliente. Pido un cortado y me fijo mejor en la camarerita china. Lo cierto es que está muy buena. Le cojo de la mano cuando me devuelve el cambio y me sonríe con timidez.
- ¿Es de tus papás este bar?
- Yo ser la dueña, no papás. Yo tener la licencia y todos los papeles bien.
- ¿Entonces vives sola?
- Yo vivir aquí, en el local. No ser malo sitio, con cama y televisión. Tú, señor, tener una novia que vivir cerca, ¿sí?
- Jajaja, no es mi novia…
- Tú tocarle aquí y aquí hace cuatro días…
Uno no se imagina hasta qué punto la gente se entera de las cosas. Esa cría oriental me tiene totalmente calado. Y lo que es mejor, se está tocando las tetas y el culo ella solita, con la mano que le he dejado libre. Le acerco la otra, aún agarrada, al escote, y se deja hacer, sin abandonar su sonrisa tímida.
- Tienes razón, chinita. Y aquí también…
- Sí…
La cría pone los ojos en blanco cuando le llevo los dedos hasta un pezón. Compruebo yo mismo con los míos que lo tiene duro como una roca. Se lo retuerzo bien y suelta unos grititos encantadores. Meto la otra mano en su escote y la acerco hacia mí agarrada de los pezones. Entonces ella pone las manos a la espalda.
- ¿Te gusta, putita?
- Sí, señor, yo putita gusta eso.
Saco mis manos y la miro. Permanece en posición de espera. Entonces entra al bar mi Natalia.
- Hola, mi amo. Iba a casa de Rebeca y le he visto aquí dentro al pasar. Acabo de estar con Elena en su trabajo…
- ¿Ibas a ver a Rebeca sin consultarme?
- Bueno, yo creía que tenía permiso para hacer mis planes…
- Pero no me habías dicho nada de Rebeca.
- Es que cuando he visto a Elena una cosa me ha llevado a otra.
La china nos mira, sin atreverse a cambiar de postura.
- Bueno, perra, estoy seguro de que si ibas a casa de Rebeca tendrías tus razones, no vamos a discutir. ¿Has visto lo que tenemos aquí?
- Mmm, una preciosa chinita inmóvil con las manos en la espalda, y bastante tetuda… Qué raro que esté usted por aquí, jajaja…
- Dale una hostia.
- ¡Encantada!
Agarro a Natalia del culo, se encarama en la barra y le arrea un bofetón a la china, que permanece en posición, ahora con una mejilla sonrosada y la lengua fuera.
- Jo, veo que te gusta, eh, puta….
- Sí gustar mucho hostia de usted, señorita, yo permiso de tocar mi conejo…
- Jajaja, tu conejo necesita… ¡Esa botella de anís!
Natalia es un tesoro, no me cansaré de repetirlo. Señala una botella de cristal tallado que la china se mete al momento en el coño, casi entera. Vuelve a su posición, acercando la otra mejilla hacia mí. Tras mi fuerte bofetada, la cría ya tiene toda la cara bien sonrosada. Natalia agita la botella en su coño hasta que la china se corre. Le pido a mi perra que nos espere dentro de la barra por si entra alguien, y me llevo a la cría a la trastienda, donde la sodomizo sin sacarle la botella.
- Yo querer ser esclava de usted.
- ¿Esclava?
- Sí, yo gustar de ser esclava y querer esto mucho.
- Bien, me lo pensaré, putita…
- Yo nombre ahora putita, ¿sí?
- Eso es, ahora te llamas putita, muy bien.
- Usted amo, yo putita, sí, es bueno.
Dejo que se vista y volvemos al bar. No ha entrado nadie. Natalia me espera sonriente.
- He oído todo, mi amo. Esta cría es un hallazgo, la putita, jijiji…
- Y tú eres una listilla. Si no fuera porque sé que me adoras, te mandaba a la mierda. Putita, ponnos de beber. Y tú cuéntame qué pasa con la cerda y la perra…
- Ah, sí, mi amo. He ido a la mesa de la cerda y le he dicho que tenía que mejorar mucho, que usted quería una cerda más entregada, más cosificada…
- ¿Cosificada?
- Sí, un objeto de uso, nada que recordase a una persona consciente, un cubo de basura donde poder arrojar las inmundicias… Entonces ella, con sus tetorras a medio salir del escotazo, su minifalda cortísima y sus tacones de furcia, ha apoyado las dos manos en la mesa y se ha corrido, delante de todo el mundo. Lo cierto es que casi nadie se ha dado cuenta, pero algunos de sus compañeros se recolocaban la polla con disimulo.
- Buf, no me extraña…
- Y ahora venía, antes de volver a casa con usted, a ver a la pequeña. Esas tetas gigantes me tienen loca, pero es que además le pueden servir, mi amo, para ganar mucho dinero…
- Vaya con la tatuadora comerciante. ¿Y eso?
- Si le parece bien, voy a empezar con fotos, en una página de pago. Y luego iré subiendo vídeos, con su permiso, y pronto veremos los resultados…
- Pues sí, tienes mi permiso. Ahora me voy a casa a descansar. Vuelve pronto.
- Sí, mi amo.
La china suelta una lagrimita al ver que nos vamos, pero luego sonríe cuando le digo que volveré, mientras le araño el coño con la pinza de los hielos.
Natalia vuelve con la cámara de fotos repleta. Es la primera sesión de la perra tetuda. Son imágenes fenomenales, con la boba desnudándose y en todas las posturas. Se me pone muy dura y mi criada me ayuda a descargar tragándose mi polla con su habitual destreza.
- Zorra, tienes que hacer más sesiones de fotos, pero con las dos hermanas.
- Claro, mi amo, esa es la idea. Esta misma tarde empezaré. ¿Puedo llevar además a la china?
- Por supuesto, y aníllala también. serán las fotos más guarras de todo internet. Ahora prepárame un baño y descansaré un ratillo.
Mi Natalia me enjabona, me lava, me bebe la meada, me seca y me sigue a la cama, donde me quedo dormido con sus caricias. Ya por la tarde, decido dar un paseo con mi zorra. Me pide que le acompañe a la tienda, donde recoge sus cosas y coloca un cartel de cerrado. Ya no necesita trabajar allí. Luego dejo que recoja a putita para llevarla a casa de las perras y me voy a la mía a esperarle. La ración de fotos con las cuatro esclavas tetudas anilladas supera todas mis expectativas.
Día 8
Tras el desayuno servido por la zorra, vamos a visitar a la cerda. Su mesa habitual está vacía. Pregunto por el encargado y me señalan un despacho al fondo. Entro con la zorra. Tras la mesa, una mujer con gesto serio, gafas, el pelo recogido y vestida de ejecutiva, con un traje chaqueta de falda larga y corbata.
- Buenos días. Buscamos a Elena Sánchez.
- Sí, trabaja aquí. ¿Qué querían?
- Mi esposa y yo somos sus tutores. Quizás nos hayas visto antes por la oficina. Venimos a ver si todo va bien en su trabajo.
- Vaya, tiene usted una esposa muy joven…
- Eso a ti no te incumbe, me parece. ¿Dónde está Elena?
- El caso es que últimamente ha cambiado de actitud y he decidido trasladarla al sótano para mantener el orden en la aseguradora. Acompáñenme.
La zorra y yo seguimos a la ejecutiva, que baja unas escaleras con paso firme, golpeando el suelo con sus taconazos. Llegamos a una planta mal iluminada y laberíntica, llena de archivadores y papeles por todas partes.
- Tenemos esto un poco descuidado, y Elena está arreglándolo. Lo que no he conseguido es que se vista más adecuadamente para su nuevo trabajo. Viene cada día más indecente. Ya podrían ustedes hacer algo con eso…
- ¿Cómo te llamas?
- ¿Yo? ¿Por qué? Me… me llamo Dora, pero…
- Ni pero ni hostias. No creo que haya ninguna ley que prohíba a nuestra hija ponerse guapa para venir al trabajo. Ya podrías tú aprender de ella, Dorita, que pareces un triste banquero.
Natalia suelta una carcajada, que resuena con eco en el lúgubre sótano. Dora no sabe qué decir: tiene miedo. De entre los montones de carpetas surge la cerda, a cuatro patas, recogiendo cosas del suelo. Al verme, se descubre las tetazas y se acerca feliz a besarme los pies. Su jefa permanece callada e inmóvil.
- Hola, mi amo. ¿Le gusta mi nuevo puesto de trabajo? Mi jefa cree que estoy mejor aquí, porque no quiere que me vean vestida así todo el tiempo ahí arriba. De todas maneras, yo creo que me viene muy bien para ser cada día mejor para usted.
- Hola, cerda. Sí, en eso estoy de acuerdo con esta mojigata, cuanto más degradada estés, mejor para todos. Y esta cueva mugrienta te viene como anillo al dedo. Bueno, te dejamos que sigas. Luego veré tus fotos de hoy. Y tú, Dora, sube ya con nosotros a tu despacho, sin rechistar.
La jefa vuelve sobre sus pasos. Tras ella voy yo con mi zorra Natalia, que sigue riendo encantada con la situación. Observo que esta puta ejecutiva tiene un buen culo, y le doy una fuerte palmada para ayudarle a subir más rápido. Ya en su despacho, vuelve a sentarse en su sillón, temblorosa.
- Señor, yo no sé lo que pasa entre ustedes tres, ni me importa. Lo que…
- ¿Cómo que no te importa, vendedora de seguros de mierda? Claro que te importa. Lo que acabas de ver es la adoración que una buena cerda como Elena siente por su amo, la misma que demuestra mi zorra Natalia. Por cierto, estoy harto de verte tan tapada. Zorra, arréglala un poco para mí.
- Sí, mi amo.
- Pero qué hacen, oigan, esto no es…
Natalia se abalanza sobre Dora y le abre bien el escote, tapándole la boca. Buenas ubres, sí señora. Luego le indica con el dedo que esté callada y le sube la falda, acariciándole unos muslos perfectos. Dora se agarra a los reposabrazos.
- Mucho mejor así, dónde va a parar. Hazle unas fotos, que se vean bien los pezones.
- Mi amo, ¿la masturbo un poco? Saldrá mejor su cara, más colorida…
- Sí, métele el puño en el coñito a esta puta. Y tú, jefecilla, ya ves que sí que te importa lo que pasa con nosotros. Habla.
- Señor, yo no, aaah, yo…
La ejecutiva está ya totalmente rota. Se está corriendo rozando su clítoris con la muñeca de mi Natalia, que le bombea el puño en las entrañas mientras completa la sesión fotográfica. Yo me acerco y le agarro de la nariz para empalarle la polla en la garganta. Le tiro las gafas al suelo de una bofetada. Se afana en chupármela con maestría, sin oponer ya ninguna resistencia. Mientras, le digo:
- Bien, puta. Has entendido perfectamente de qué va esto. Aquí mando yo, sin excepción. No quiero ningún fallo. Acaba de tragar y háblanos de ti.
La puta termina su tarea y se repone un poco antes de responder.
- Señor, yo había visto algo extraño en el comportamiento de Elena, además de lo de vestirse así. No sabía que ahora era de usted; ni siquiera sabía que usted existía. Esto que acabo de experimentar con su esposa y con usted…
- A partir de ahora soy tu amo.
- Sí, mi amo. Esto que acabo de experimentar con ustedes, le decía, es completamente nuevo para mí. No sé bien qué va a ser de mí, pero sí sé que así me encuentro completamente realizada. Nunca, en toda mi vida, he disfrutado tanto, ni el día de mi boda, ni con mis hijos…
- O sea que tienes una familia. Ya estás empezando a acabar con todo eso. Iniciarás los trámites en cuanto mi perra y yo salgamos por la puerta. Luego bajarás al sótano, explicarás a la cerda lo que ha pasado en tu despacho y te pondrás a sus órdenes. Ella está en proceso de cosificación y te dará las pautas para que tú acabes igual de degradada.
- Sí, mi amo, así lo haré. No dude ni un momento de mí.
Al levantarme de la silla, Natalia me imita. Antes de irnos, se acerca a la puta y le da un morreo, agarrándola de un pezón.
- Mi amo, con su permiso, esta puta tendrá que ser anillada también, ¿no cree?
- Claro, zorra. Puta, cuando salgas del trabajo acude con Elena a su casa. Te esperamos allí.
Voy a la casa con Natalia. La pobre niña Rebeca se pone loca de contenta al verme, aunque sólo han pasado tres días desde la última vez. Lo cierto es que yo también me alegro de ver ese inmenso par de melones pegados a una subnormal como ella, tan cariñosa. Me araña el pantalón dando botecitos, a la espera de que juegue un poco con ella. Le aporreo las tetazas y la carita, y le ordeno correrse.
- ¡Gracias, mi amo, mi todo! ¡Natalia le puso también a Elena los pendientes de las tetas! ¿Los ha visto, mi amo? ¡Y ayer vino la china del bar y jugó con nosotras!
- Sí, mi imbécil. Ya sé todas esas cosas. ¿Estás feliz?
- Estoy muy bien, mi amo. Ahora todas le conocen ya, y no es mi amigo invisible, pero así es mejor, porque nos divertimos mucho más.
- Jajaja, sí, mi perra. Ahora prepara comida para seis. Natalia te ayudará. Yo me voy a ver a putita, la chinita, y luego subimos.
- ¡Cuánta gente en casa! Nunca habían venido tantos aquí. Espere que cuente, mi amo: usted, yo, mi hermana, Natalia, la china… Llevo cinco. ¿Viene alguien nuevo? ¡Qué ilusión!
- La cerda viene luego con su jefa. Es nuestra nueva invitada y la tienes que tratar igual que si fuera tu hermana.
Bajo a ver a putita. Como siempre, el bar vacío. Cuando me ve entrar, baja la persiana y se coloca de rodillas en el centro del recinto, mostrándome sus tetazas con las argollas.
- Ahora putita ser esclava con aros. Ayer ponerlos zorra y hacer fotos. Yo ahora dar gracias a mi amo.
Putita mete sus manos en mi pantalón y me masajea el culo y los huevos mientras engulle mi polla. Esta china sabe dar placer. De un rodillazo la tumbo y vuelve a su tarea de inmediato, dándome las gracias. Me siento en una silla y le pido una cerveza, que me trae al instante. Mientras la bebo y le follo la boca, veo desde la penumbra que puta y cerda ya van a la casa. Agarro a putita, le meo la cerveza en la boca y salimos.
Una vez todos reunidos y tras la imposición de los tres anillos a la puta y un rico almuerzo, me sumo a la sesión de fotos follándome a todas mis perras. La puta jefa de la cerda es la más activa. Cuando terminamos, le hago contarnos su mañana mientras la uso de alfombra.
- En cuanto la zorra y usted han salido, he llamado a mi esposo para anunciarle mi divorcio. Lo primero que ha pedido es la custodia de los niños, sollozándome, así que ya soy toda suya, mi amo. Después he bajado al sótano y he estado aprendiendo de la cerda. Es increíble hasta qué punto se puede gozar rebajándose. Mil gracias, amo.
- Zorra, en las páginas donde pones las fotos añade la dirección del bar de la china. Os quiero allí como residencia permanente.
- Sí, mi amo.

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