LA PERRA, LA CERDA Y SUS AMIGAS 4
Vuelvo al salón de tatuajes. Entro en la trastienda y veo a la dependienta desnuda y tendida en la camilla, con mi perra encima comiéndole la boca mientras le agarra las muñecas.
- Hola, mi amo. Como ya habíamos terminado, me he puesto a jugar con esta chica.
- Ay, mi perra. Eres una traviesa. Ven aquí, que vea el trabajo que te ha hecho.
- Sí, mi amo.
Rebeca se acerca y compruebo que ya tengo a la boba correctamente anillada. La siguiente será su hermana. La dependienta se está empezando a vestir y le ordeno parar. Gana mucho con los melonazos fuera. Los tenía bien disimulados.
- Y tú, ¿no decías que mi perra era una cría? A ver si la cría al final vas a ser tú… Ya veo que te ha costado poco ponerte a sus órdenes…
- Jo, es verdad. Esta criatura tiene algo; estará usted muy satisfecho con su perra tetuda.
- Pues sí, y tú tampoco estás nada mal. ¿Cómo te llamas?
- Natalia, señor. Puse este negocio con mi novio, pero se ha ido. Ahora estoy más sola que la una, y su perra me ha dado una alegría…
- Bueno, a ver si nos volvemos a ver pronto. ¿Qué te debo, encanto?
- Le voy a cobrar sólo los tres aros. El trabajo se lo dejo gratis. Vuelvan pronto.
- Jajaja, con lo antipática que parecías cuando hemos entrado. Me gustas, y a mi perra también. Ven aquí.
La chica viene hasta mí y le agarro las tetas. Ordeno a mi perra que se arrodille detrás para comerle el coño. Meto a Natalia mi lengua en su boquita y ella me saca la polla. La mando al suelo con la perra de un bofetón y hago que me la chupen entre las dos. Cojo a Rebeca y nos vamos, dejando a Natalia regada de semen. Le arrojo mi tarjeta: esa zorrita tetuda es un buen partido, después de todo.
La perra está contenta. Ha conocido a una amiga nueva y ya tiene el cuerpo adornado para mí. Volvemos a su casa, a esperar a Elena. Cuando entra, nos ve en posición: su hermanita de rodillas entre mis piernas, con mi polla en la boca, y yo viendo la tele. Baja al suelo y se acerca.
- Hola, amos. Qué sorpresa, no creía que iba a estar también usted.
- Sí, cerda, he ido con tu hermanita a adornarla un poco y se me ha ocurrido venir a esperarte con ella. Prepara la comida rápido, que tengo hambre.
- Sí, mi amo. Ah, ya veo las tetas de mi ama, qué envidia…
- También lleva un aro en el coño, mira.
- Por Dios, qué preciosidad. Espero estar pronto a la altura para llevar esas cositas…
Arreo una bofetada a Elena para que se dé prisa con la comida. Saco la cabeza de la perra estirándole del pelo, para dejarle hablar. Tiene la carita llena de churretones del rímel mezclado con las lágrimas, y de la nariz le sale buena parte de las babas que no ha podido tragar. Me sonríe y grita a su hermana:
- Ya has oído al amo, perra. Queremos la comida pronto. Y a ver cómo te portas para ganarte los aros…
- ¡Sí, mi ama, enseguida está todo listo!
Vuelvo a hundir la cabeza de mi perra en mi regazo. Efectivamente, en un momento tenemos servida una suculenta comida. Cojo sus platos y los vacío en el suelo.
- Que quede claro que cuando esté yo, vosotras sois mis dos perras.
- Sí, mi amo, perdone, es que es un poco lío. Mi hermanita y yo comeremos en el suelo, claro. ¿Le gusta la comida?
- Sí, está muy rica.
Ya tengo a las dos hermanas completamente sometidas y compartiendo los juegos. Creo que no dan para más. Las voy a dejar unos días solas, a ver cómo evolucionan, por si acaso.
Día 6
Hoy es el primer día en casi una semana que no voy a ver ni a mi perra boba ni a su hermana mayor. A media mañana, recibo una llamada de Rebeca.
- Dime, perra.
- Amo, ¿no va a venir hoy a casa? Cuando se marchó ayer, Elena volvió a ser mi perra y yo creo que se está portando muy bien.
- No, hoy no iré. Ya estoy un poco cansado de vosotras.
- Pero no puede dejarnos así, ahora somos sus perras y necesitamos a nuestro amo.
- Tú limítate a obedecerme, imbécil, y no protestes nunca más, ¿entendido?
- Sí, mi amo.
Al poco de colgar, la hermana me envía sus fotos del trabajo, sin ropa interior y disfrazada de puta. Mientras le contesto con vaguedades, llaman a la puerta de mi casa. Es Natalia, la tatuadora. Le dejo entrar. En un momento, se desnuda y se arrodilla ante mí.
- Señor, ayer lo pasé mejor que en toda mi vida con su perra y con usted. Yo también quiero servirle, si me lo permite.
Esta chica es fenomenal. Mientras me habla se me pone muy dura, y le empalo la garganta. Observo que sus piernas están muy separadas, con el agujero del culo abierto de par en par, y le meto el puño. Es extremadamente manejable, como una marioneta. La destrozo a polvazos y recibe mis hostias y mordiscos como si fuese de goma, con una resistencia encantadora. La adopto inmediatamente. Luego le enseño las fotos de Elena y se relame de gusto. Le explico que es la hermana de mi perra y que también la tengo esclavizada, pero que ya me empiezo a aburrir de esas dos.
- Si me autoriza, yo creo que puedo hacer que le sigan entreteniendo…
- Bien, si te apetece, ponte a ello. A la mayor me la adornas también. Me gusta que mis perras llevéis esas argollas.
- ¿Yo puedo anillarme también, para usted?
- Claro, si quieres ser mía es tu obligación…
- Gracias, mi amo.
Esa misma tarde, Natalia acude a la casa de las perras con su maletín y acaban las tres con sus pendientes en los pezones y el clítoris. Luego, mi nueva perra vuelve conmigo y me muestra las fotos del resultado de la sesión.
- Realmente, habéis hecho un buen trabajo. Elena tiene un cuerpazo tan perfecto como su hermana. Y tú también estás muy bonita adornada así, pequeña.
- Gracias, mi amo. ¿Me permite hacerle la cena?
- Ve, anda. Luego te masacro un poquito más.
Tras una nueva sesión y ya acostado, Natalia me pregunta desde su sitio en el suelo:
- Amo, ¿puedo ir mañana al trabajo de Elena para seguir mi tarea?
- Sí, hermosura, a ver qué cositas se te ocurren…
Día 7
Me despierto y veo a Natalia arrodillada ofreciéndome el desayuno. Tiene las tetorras fuera, apoyadas en la bandeja entre la repostería. Cojo un tenedor y se las picho. Ella ríe satisfecha. Me da de beber el café y mientras apuro otro pastel la coloco en mi regazo para que recoja mi meada. Abraza mi polla con sus labios y se traga todo. Una criada perfecta. Sin llegar a sacarla, se me pone dura y le doy unos mamporros por todo el cuerpo. Trepa sobre mí hasta metérsela en el coño. Descargo agarrándole el cuello con las dos manos. Tiene toda la cara roja.
- Anda, córrete tú también. Te lo has ganado.
- Ahhhh, gracias mi amo. Con su permiso, me voy a visitar a Elena.
- Bien. Pero no tardes. Me gusta mucho usarte.
- Es un placer, mi amo.

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