EL NUEVO COMPAÑERO DE TRABAJO. 2

EL NUEVO COMPAÑERO DE TRABAJO P JAVIER 2 Ruth había dormido muy bien, cuando sonó el despertador fue directamente a la ducha y después se preparó un buen desayuno. Eran las siete y media y tenía tiempo de sobra para llegar a la oficina. Había elegido unos leggins que simulaban un pantalón vaquero, un top ajustado que dejaba su tripa al aire y unos zapatos de diez centímetros de tacón, negros acharolados. ¿Guaaauuu, con quien has quedado hoy? Ruth miró a su marido de muy mala gana y ni le contesto. Recogió de la mesa su bolsa de deporte y se marchó. Al llegar a la puerta le comentó. Hoy no vendré a comer. Abrió la puerta y salió sin esperar respuesta. Montó en su vehículo y condujo como un cuarto de hora hasta su trabajo. Por el camino no dejaba de pensar en su sueño, esto la excitaba y su coñito se humedecía con el simple recuerdo. Esa brutalidad le daba mucho morbo y le excitaba al máximo. Pero tenía que reconocer que todo era fruto de su imaginación. Cuando llegó a la oficina, no hubo ninguna cabeza que no se volviera para mirarla. ¿Has visto como viene hoy santa teresita? Si, joder, menudo pibonazo llevaba escondido. Hola Ángel, ¿qué tal va todo, quieres un café, hoy me toca a mí? Ángel levantó la cabeza y abrió su boca, lo que tenía enfrente le sorprendió muy gratamente. Ante él apareció una mujer con unas piernas perfectas dentro de unos leggins que dejaban imaginar muy poco. Fue subiendo y pudo observar esas duras tetitas que ya marcaban la forma del pezón sobre la tela del top. Ehh, si, con leche por favor. Ruth se volvió y salió contoneando sus caderas haciendo que su bonito culo se bamboleara de lado a lado. Llegó a la máquina eligió dos cafés de esta y volvió sobre sus pasos con el mismo movimiento. ¿Has traído la ropa? Claro, estoy deseando ver ese gimnasio. Por cierto, hoy no voy a casa, te invito a comer Ángel. Perfecto, yo como siempre solo, comer acompañado será un placer. Ángel se había vestido con unos vaqueros muy ajustados y marcaba bien su paquete. Traía también una camisa blanca remangada, con tres botones abiertos. Ruth lo mira ya con descaro, vislumbrando entre los botones la fortaleza de sus pectorales. La sonrisa socarrona de él la tenía fascinada. Por su parte él no dejaba de pensar en esa boquita rodeando su polla mientras le apretaba los pezones. Esto le tenía toda la mañana con la polla dura y terriblemente excitado. Cuando llegó la hora de comer, ambos recogieron sus bolsas y partieron hacia un restaurante que conocía Ruth. Se sentaron a comer y mientras comían hablaron un poco de su vida. Ángel le contó que antes trabajaba en la misma empresa en otra ciudad y que por motivos de su divorcio había pedido el traslado. Ruth por su parte le contó que ella estaba casada, aunque no atravesaba su mejor momento y que solo había trabajado en esa oficina. Ángel pensó que, ante él, tenía una mujer vulnerable, por lo que incidió un poquito con el doble sentido. ¿Yo soy un tío muy cañero, ahí en ese gimnasio, son cañeros? Ruth siguiendo el juego le contestó. Eso tendrás que averiguarlo tú, yo soy muy blandita y jamás me han dado mucha caña. Ángel río maliciosamente ante esa afirmación. ¿Por lo que veo te gustaría que te diesen más caña? No lo sé, de momento así estoy bien, pero... ¿quién sabe si en un futuro? Seguro que aguantas bien la caña, tienes un cuerpo muy bien formado. Muchas gracias. Todo será cuestión de tiempo, ¿supongo? Después de comer se tomaron unos helados y unos cafés. Siguieron con su charla y como no, todo derivó en el sexo. Ruth le preguntó si ahora otra vez soltero tenía más relaciones, a lo que él contestó que no era fácil el tema, puesto que cada vez era más difícil ligar. Ruth ante esto se sorprendió, ya que pensaba que era lo más fácil del mundo, pero vio que estaba equivocada. Una vez terminaron la comida salieron hacia el gimnasio. Ruth le presentó en la oficina y mientras le hacían la ficha, se fue a cambiar y después se subió a la cinta de andar. Al poco tiempo llegó Ángel y se puso en la cinta de al lado. Estás realmente espectacular. Gracias. Ruth miró a su compañero con esos pantalones pegados que marcaban su sexo claramente y esa camiseta que parecía iba explotar, con esa sonrisa de cabrón, su coño empezó a mojarse. Ruth seguía atentamente cómo su compañero ya corría en la cinta y como su cuerpo se delineaba con suma perfección, sus braguitas empezaban a estar húmedas y decidió bajar de la cinta e ir a clase de pilates. Ángel continuó quemando calorías en la cinta, ya que tenía una erección importante. La visión de ese culito, y esas tetitas botando a cada paso, le habían puesto muy malito. Pasada hora y media, Ruth le comentó que iba a ir a la ducha. Espérame y nos tomamos algo. Bien me ducho y nos esperamos en la puerta. La excitación que tenía Ruth, le hacía notar mil sensaciones en su cuerpo, mientras el agua lo golpeaba. Sus pechos, su cuello, su cara eran el depósito de miles de alfileres que explotaban por la excitación. Se dijo a sí misma que estaba haciendo una historia de nada y terminó de ducharse con la piel erizada por la excitación. Ángel entró poco después en la ducha y tuvo que sujetar con fuerza su polla, esta chica, le había puesto a mil. Hacía tiempo que nadie lograba excitarle tan rápido. Asiendo con fuerza su polla le dio unos meneos, pero la puerta del vestuario se abrió y alguien entró a cambiarse y a ducharse. Ángel puso el agua helada, lo que consiguió bajar su hinchazón a un volumen razonable. Salió de la ducha, se secó y se vistió. Ahí estaba esa belleza que ahora y durante un rato era toda para él. ¿Vamos por esa copa?, dijo Ángel sujetando con fuerza a Ruth por su cadera. Vamos - Ruth al sentir la mano de él en su piel, no pudo dejar de temblar. Su piel se erizó, sus pezones adquirieron una nueva dimensión y su coñito se mojó. ¡Joder y solo me ha tocado! Pensó Ruth mientras se dejaba guiar fuera del gimnasio. Ya me puedes guiar tú, que yo no conozco nada. Ruth pensó rápido y se acordó que el capitán Nemo, estaba muy cerca. Era un sitio agradable para tomar una copa y la verdad que era escaso de luz, sonrió. Perfecto, vamos a Nemo y así lo conoces. Llegaron al local y había un campeonato de dardos, por lo que todas las mesas estaban ocupadas. Había un sitio libre al fondo de la barra haciendo esquina y hacia él se dirigieron, Ángel pidió amablemente una silla que cedió a Ruth. Lo siento, este lugar suele ser más tranquilo. No te preocupes, está bien el ambiente. Se pidieron unos combinados y charlaron muy afablemente. Ángel posó su mano sobre la pierna de Ruth, esta no dijo nada, pero mil mariposas brotaron en su estómago. La conversación era amena y nada sexual, pero la mano de Ángel no paraba de subir y bajar por su muslo, ya le llegaba hasta la conjunción de sus piernas. Ángel pasó un dedo entre las piernas de Ruth y esta emitió un gemido. Ruth estaba que se deshacía en su propio jugo. Hacía mucho tiempo que no se sentía así. Por decirlo de alguna manera estaba en la gloria, se sentía deseada. Ángel le miró a los ojos y observó sus pupilas dilatadas, el grosor de sus labios y un ligero aire de ofuscación. Se armó de valor y juntó sus bocas en un tímido beso. Ruth no se apartó, por lo que Ángel subió una mano hasta su nuca y la apretó contra su boca mientras su lengua entraba invasora dentro de la boca de Ruth. Fue un beso posesivo, duro y suave a la vez, que hizo que Ruth se descabalgara de la silla para notar la virilidad de él contra su cuerpo. Vaya si la notó, notó una barra dura contra su vientre, lo que le hizo contonearse, sobre esa polla. Ruth me pones muy burro, hacía tiempo que no estaba así. Ángel en un osado arrebato se sacó la polla y llevó la mano de Ruth hacia ella. Ruth gimió al sentir el calor y el grosor de esa polla, no la abarcaba con sus manos. Estás loco, nos pueden ver. Uhmm tranquila, estamos bien escondidos. Ángel metió su mano por la espalda de Ruth, colándose hacia su culito. El tacto suave de la carne de ella hizo que su polla diera un respingo. A la vez que ella volvía a gemir apretando con fuerza su polla. Acarició con suavidad la tela que cubría el coñito de Ruth proporcionándole un gran placer. El mismo que le proporcionaba ella con su mano. Sus bocas continuaban besándose y ahora tanto Ruth como él, mecían su cuerpo hacia delante y detrás, buscando sentir el roce de sus dedos. Buscando su placer. Las caricias y el morbo de la situación tenían a la pareja al borde del orgasmo. Inesperadamente, Ángel subió una mano al pecho de Ruth y apretó con fuerza su pezón a la vez que sellaba su boca con la suya. Jodeeer, cabrooooon Ruth apretó sus piernas en un grito callado por el beso que ambos se procesaban. El dolor y el placer de ese dolor en su pezón, hizo que todo en su cuerpo explotase y un orgasmo le sobrevino a la vez que aceleraba el ritmo de su mano. No pares, Ruth, no pares, sigue, asiiii, siii, asiiiii. Jodeeer, jodeeer. Un chorro de semen impactó contra la barra a la vez que la mano de Ruth apretaba con fuerza la polla de él. Joder tía que pasada. Ni que lo digas jajajajaj Me ha gustado mucho Y a mí, tenemos que repetirlo No sé si será buena idea, llévame a mi casa. Ambos fueron hacia el aparcamiento a recoger el coche de Ángel. Montaron y se dirigieron hacia la casa de Ruth. Por el camino Ángel intentó un par de veces meter su mano entre las piernas de Ruth, pero esta se lo impidió. Una vez aparcaron frente a su puerta, Ruth salió disparada. Mañana hablamos. Dijo Ruth y salió disparada hacia su portál. Una vez en su casa, besó a su marido y se cambió de ropa. Su día había sido fantástico, diferente, con muchas luces. Un día alegre y apasionante, con mucha carga de adrenalina y mucha excitación. Esa excitación que ya hacía tiempo que no sentía. Se tumbó en la cama, cerró los ojos y apretó su coñito, estaba muy excitada, pero no era el momento. Bajó a la cocina y preparó una frugal cena, con mucho picoteo. Junto con su marido vieron una serie y después ella se fue a dormir. A los cinco minutos ya había quedado completamente dormida.

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