UN NUEVO COMPAÑERO DE TRABAJO

EL NUEVO COMPAÑERO DE TRABAJO P JAVIER 1 Ruth había llegado pronto a la oficina, ese fin de semana había discutido con Mario y la verdad es que había dormido muy poco. Se acercó a la máquina del café, miró detenidamente todas las posibilidades y se decidió por el café solo y sin azúcar. Se volvió a su mesa y esperó que el café se enfriará un poco. Abrió el ordenador y revisó su correo, los compañeros poco a poco fueron llegando y prácticamente todas las mesas de la oficina estaban ya llenas. Ruth miró el vaso con el café y probó el terrible brebaje, una mueca de resignación se formó en su cara al probar esa pócima, así que procuró beberlo de un solo trago. Sin saber por qué, su mente viajó hasta el sábado por la noche, cuando había discutido con Mario. Como siempre él no quería salir de casa y eso le sacaba de sus casillas, aún eran jóvenes para divertirse y salir a cenar. Pero Mario no quiso, prefería ver el dichoso fútbol. Así que ella se fue a su cuarto y se quedó dormida. Por la mañana Mario había querido acercarse, pero ella lo rehuyó no de muy buenas maneras y así pasaron de morros todo el domingo. La verdad era que su vida sexual había decaído en gran manera, alguna vez tenía su momento de gloria, pero cada vez era más efímero. Una voz la despertó de sus ensoñaciones. Ruth, este es Ángel, tu nuevo colaborador. Ruth se levantó de su silla y le dio dos besos, no sin antes haberle hecho un perfecto escaneo de su cuerpo. Lo que vio le gustó, un chico atlético y agraciado de rostro. Al sujetar sus brazos, pudo notar su dureza y su aplomo. Encantada Ángel, será un placer trabajar contigo. Espero que tengamos una buena conexión. Dijo Ángel con una sonrisa canalla. Ángel no había perdido el tiempo y también había escaneado a Ruth. Esa media melena rubia y ese cuerpecito, le hacían parecer mucho más joven, ese culito bien formado y esas tetitas que se apreciaban justas tras su camisa, le daban un aspecto de niña desenfadada. La miró mordiéndose el labio, a la vez que se sentaba de frente a ella tras la mesa de su nueva oficina. Ruth lo miró y lo analizó, se le veía un chico desenfadado y determinante. Se había apropiado del espacio sin que nadie se diera cuenta. La verdad es que ese aplomo le causó curiosidad. ¿Oye Ruth, soy nuevo en la ciudad también, y no sé si sabrás si hay algún gimnasio cercano? Claro, aquí al lado a la vuelta de la esquina hay uno, yo suelo ir los martes y los jueves. Ah muchas gracias, podrías ¿acompañarme mañana? Claro sin problemas, tráete algo cómodo. La mañana pasó tranquila, pero Ruth notaba un cierto cosquilleo en su entrepierna. Su cabeza le decía que ese tío estaba muy bueno y esa pícara sonrisa le calentaba su cuerpecito entero. Al levantar la vista lo vio mirándola unas cuantas veces, bajó su vista para mirar su escote, pero todo estaba correcto. ¿Quieres un café? Ruth lo miró mientras se levantaba y observó un incipiente bulto entre las piernas del muchacho. Su descaro al mirar hizo que él se fijase e inconscientemente bajó su mano a su polla para colocarla mejor. Las mejillas de Ruth se tornaron de un rojo vivo. Ehh, si, si, vale, me apetece ese café. Ángel partió sonriendo hacia la máquina del café. La visión de ese escote y el perfil de esos labios que imaginaba abrazando su polla le habían excitado sobremanera. Ya en la máquina del café se relajó y pensó que estaba loco, había oído que Ruth era inalcanzable. ¿Aunque todo es posible? Volvió con el café y lo dejó sobre la mesa de Ruth aprovechando para echar una ojeada desde lo alto, pudiendo apreciar esos pechos hasta el borde del sujetador. Eso le volvió a crear una erección. Cuando Ruth volvió la cabeza, se encontró nuevamente con el bulto frente a sus ojos, mantuvo una fracción de segundo la vista en él y contestó al detalle. Muchas gracias, eres un cielo. No tiene importancia. Ruth se enfrascó en su ordenador. Su cabeza le daba vueltas, hacía mucho tiempo que nadie se excitaba con ella, o eso pensaba ella. Ver ese instrumento aparentemente duro por su culpa hizo que su coñito se mojase y su tanga se empapara. ¡joder, aun puedo levantar pasiones! Por fin la jornada terminó y recogieron sus mesas, despidiéndose hasta el próximo día. No olvides mañana la ropa del gimnasio, dijo Ruth. Tranquila ahora mismo la preparo para que no se me olvide. Ambos subieron en sus vehículos y partieron hacia sus casas. Cuando Ángel llegó a su recién alquilado pisito, pequeño y coqueto, con una cocina comedor una gran habitación y baño muy aceptable, donde habia con una ducha de pared a pared. Lo primero que hizo fue preparar la bolsa para el gimnasio. Dentro metió una toalla de lavabo, unas zapatillas, una camiseta que le quedaba justita, unos pantalones de fútbol que se le apretaban a su bien formado culito, unos calcetines y las zapatillas. Una vez preparada la bolsa, la dejó junto a la puerta y salió a la calle para buscar un sitio donde comer. La visión de Ruth aún le turbaba, esa carita de niña, con esos ojazos color miel y esa mirada que traspasaba su mente. Como no, también esos pechos que se adivinaban turgentes y poderosos, no excesivamente grandes, pero muy apetecibles. Ante ese recuerdo su polla volvió a ponerse como una roca, suerte que nadie lo podía ver. Comió con su pensamiento puesto en su nueva compañera de trabajo, se tomó el café y volvió a su piso. Aunque eran poco más de las cinco, decidió darse una ducha fría, para calmar su fuego. Por su parte Ruth llegó a su casa, sacó algo de comida del congelador y la puso a calentar, su marido llegaría sobre las tres y media y tenía tiempo justo de calentar la comida. Aún estaba enfadada con Mario y cada vez los enfados le duraban más y los separaban un poco más. Sobre las tres y cuarto sonó su teléfono. Era Mario que no iría a comer, tenía comida de negocios. La frustración le llevó a echar sus manos al rostro y empezar a llorar. Para mí nunca tiene tiempo, pero en cuanto le sale una comida, no pierde ocasión. Ruth comió sola y sin saber que hacer se tumbó en la cama, dispuesta a echar una siesta. El sueño que tuvo, la tendría excitada y preocupada durante toda la tarde. En el sueño, Ángel se levantaba de la mesa de trabajo con una tremenda erección, ambos estaban desnudos, los sueños son así. Él la asió por su nuca, enterrando su miembro en la boca hasta que le invadió una arcada. Esa brutalidad le ponía muy burra, aunque nunca la había experimentado, Mario era más bien tierno. En su sueño, aquella polla se iba poniendo cada vez más dura, hasta casi hacerle daño en el choque contra su paladar. Esa brutalidad hacía que su coño chorreara y palpitara de gusto. Ángel le sacó la polla de la boca, la aplastó contra la mesa, apuntó su glande entre los labios de su coño y se la clavó de un solo empujón. Ruth al sentir como se abrían las paredes de su coño y como la pelvis del macho tocaba su culo, a la vez que los huevos chocaban contra su clítoris, no pudo reprimir un grito ahogado a la vez que tenía un primer orgasmo. Pero aquel macho enfurecido, lejos de parar para dejarle recuperar, le embistió con todas sus fuerzas. Sujetando sus muñecas y tirando con fuerza de ellas, le daba fuerte, muy fuerte. El chocar de sus cuerpos, el sonido de su encharcado coñito y los golpes de los huevos contra su clítoris, le llevaron a un segundo orgasmo en el que su cuerpo se convirtió en una fuente, dejando la mesa llena de sus jugos. Esta vez él sí que paró. Ruth estuvo tumbada sobre la mesa hasta que se recuperó, se volvió hacia él y le dijo. Ahora déjame a mí. Se deslizó como una culebrilla por el cuerpo de Ángel, hasta dar con sus rodillas en el piso. Miró con gula esa polla y la introdujo en su boca. Fue poco a poco ganando terreno hasta conseguir traspasar su garganta, para volver a salir con lentitud. Volvió a tragar media polla, con una mano la sujetó mientras con la otra acariciaba sus huevos, sopesándolos tiernamente. Su boca se deslizaba sobre esa dura barra de carne, consiguiendo que el macho le clavara sus dedos en la nuca intentando marcar el ritmo. No, se sorprendió diciendo, déjame a mí. Pajeando esa preciosa polla y chupando sin parar consiguió que el hombre llenase su boca con su semilla. Aquí despertó sobresaltada y con las bragas totalmente caladas. ¿y ese sueño tan raro? Jamás se había comido una corrida y jamás había experimentado el sexo duro. ¿Eso querría decir algo, le gustaría el sexo duro? Lo que sí estaba claro es que se había corrido y bien corrida, las sábanas y sus bragas estaban caladas. Se levantó, quitó las sábanas y se duchó. Miró su reloj y observó con sorpresa que eran las ocho y media de la tarde. Preparó su bolsa para el gimnasio, iba a guardar la ropa de siempre, pero algo le hizo cambiar. Buscó unos pantaloncitos cortos que se le pegaban como una segunda piel y un top que dejaba a la vista su plano vientre. Se rió mientras buscaba una toalla y sus zapatillas, estaría impresionante. Preparó la cena y esperó que volviese Mario. Este llegó sobre las diez con una borrachera indecente. Ruth lo miró y lo mandó a dormir. Ella cenó con un cabreo monumental y por primera vez en sus años de matrimonio se fue a dormir a la habitación de invitados. Se echó a dormir, pensando que mañana sería otro día.

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