EL NUEVO COMPAÑERO DE TRABAJO 3

EL NUEVO COMPAÑERO DE TRABAJO P JAVIER 3 Ruth despertó atormentada por la música, ¿Qué pasaba? Tras unos segundos de concentración recordó que era la alarma del móvil. Se levantó, se dio una ducha rápida sin pelo y se preparó un buen desayuno. Desayunó despacio mirando su móvil y una vez terminó, se volvió a su vestidor. Ese día escogió un conjunto de raso azul clarito con unos lacitos en el sujetador y las braguitas, se puso una camisa azul bebé, con una falda blanca y unos zapatos de tacón de unos diez centímetros, le hacían un cuerpo espectacular. Se lanzó un beso a la imagen del espejo y se dio un cariñoso azote en el culo. Montó en su vehículo y se dirigió al trabajo. Cuando llegó, Ángel ya estaba allí. Buenos días madrugador. Joder y tan buenos, menudo tipazo te calzas hoy, ehhh. No seas tonto jjaajaja Prepárate, el jefe quiere vernos a los dos a las nueve. Joder, nunca me había llamado, espero que no sean malas noticias. Una vez se sentaron en la mesa, los dos procedieron a realizar su trabajo. Ruth estaba gestionando la compra de una cadena de apartamentos en Ibiza y ya tenía todo prácticamente preparado. Ahora faltaba que su jefe diese el visto bueno. A las nueve en punto salieron rumbo al despacho del señor Martínez. Buenos días, señor Martínez. Buenos días, siéntense. Querida Ruth su proyecto de compra de apartamentos turísticos, ha de estar realizado antes de este verano. Este verano ya tenemos que estar trabajando con ellos. Dispondrá usted de doscientos millones y medio de euros para comprar el máximo de propiedades posible y en la mejor ubicación posible. Muchas gracias, señor Martínez. Como usted ya sabe, andaba detrás de unos apartamentos en la playa D’en Bossa, pero con ciento cincuenta millones creo que tendré, un poco más es posible. Perfecto entonces tendrá dinero para poder invertir. Ángel te acompañará, recorreos la isla, tenéis una semana pagada en el hotel Torre del Mar en la misma playa D’en Bossa. Muchas gracias, señor Martínez, ¿Cuándo salimos? Pues mañana a las ocho desde barajas, así que tendrán que salir esta tarde hacia Madrid. Muy bien, muchas gracias, vamos a preparar el papeleo. Nada más salir, Ruth llamó a su marido. Cariño, he de salir a comprar unos terrenos, faltaré una semana. ¿Y esa urgencia? Cosas del señor Martínez. Pues disfruta y ya me mandaras alguna foto, ¿ehhh? Gracias, cariño, lo haré. Ruth se encaminó a su mesa y recogió los dosieres que tenía de la isla. Tenía los apartamentos en playa D’en Bossa, otros que tenía en Es Caná, unos en San Antonio, Santa Eulalia y Portinatx. Prácticamente lo mejor de la isla. En San Antonio tenía una cadena de apartamentos sobre los ciento cincuenta millones de euros, lo que junto al presupuesto para playa D’en Bossa, le daba margen. Ángel, necesito que antes de salir le des una vuelta a estos números, por si podemos limar algo. ¿Qué tal conduces? Bien a las dos cosas jajajaja. Pues alquila un buen coche que podamos dejar en el aeropuerto. Y pasa por esta dirección a las cinco. A sus órdenes jefa. Ruth bajó, recogió su vehículo y partió hacia su casa ya eran las doce y media. Cuando llegó a su casa eran cerca de la una, se dio otra ducha esta vez más exhaustiva y más relajante y cuando salió se preparó un sándwich, lo comió tranquila, por su reloj eran las tres y media aún tenía tiempo. Subió a la habitación e hizo la maleta, no era muy difícil, en mayo, haría calor en la isla, metió un par de biquinis, unas camisetas, unos pantalones cortos y un par de minifaldas. Junto con la lencería y los zapatos, la maleta ya estaría finalizada. Su reloj marcaba las cuatro y media. Se puso una camiseta muy pegada sin sujetador y una mini, muy mini que tenía reservada para ocasiones especiales. Unos zapatos de tacón y a triunfar. A las cinco en punto, Ángel llamó a su telefonillo. Voy volando. Cuando llegó al portál, Ángel abrió la boca quedando atontado por el espectáculo que se le presentaba. Ruth estaba espectacular y la camiseta marcaba perfectamente sus pechos y sus pezones que por la excitación ya estaban totalmente tiesos. Ángel apreció como esas tetas vibraban mientras se le acercaba por el portál. Joder tía, te follaba aquí mismo. Ángel vestía una camisa de lino blanca y un pantalón del mismo tejido y color, con unas sandalias negras. Ruth le echó la mano al paquete y le dijo. Tú tampoco estás mal. Una vez se subieron al vehículo, partieron rumbo al aeropuerto, tenían más de dos horas de camino. Él mercedes que había alquilado Ángel, era muy espacioso y muy cómodo. La velocidad no se notaba y los kilómetros pasaban sin enterarse. La marcha de los vehículos se ralentizó, había un control en pocos kilómetros. Si te sacas la polla y no la escondes hasta que pasemos el control, te doy mis bragas y te chupo la polla hasta que te corras. Joder tía, ni me lo pienso. Ángel echó mano a su pantalón, soltó los botones de este y sacó su polla a través del calzoncillo. Miró a los ojos a Ruth y se relamió los labios. ¿Recuerda lo que has dicho, no te rajes luego? Tranquilo. Según se acercaban al control el corazón de Ángel cada vez latía más fuerte. Veía como paraban a todos los vehículos y miraban en el interior. A algunos los hacían bajar y miraban el maletero. Cuando ellos llegaron, les hicieron una señal para que avanzaran rápido. Un mercedes nuevecito, no era lo que andaban buscando. Nada más pasar el control, Ángel se aposentó bien en el asiento y respiró. Joder tía que putas las he pasado. Dame esas braguitas. La verdad es que te las has ganado. Mientras pasaban por el control la excitación de Ruth también fue en aumento y mojó sus braguitas pensando que los podrían haber parado. Eso la llenó de morbo e hizo que sus braguitas se mojaran enteras. Cuando se las dio, Ángel las olió y descubrió el aroma de esa mujer que como toda ella era embriagador. Ahora has de chuparme la polla, era lo acordado. Ruth bajó su cabeza hasta besar el capullo que ya lucía unas gotitas de líquido preseminal. Lamió todo su tallo una y otra vez, sin ninguna prisa, quería disfrutar de esa polla. Mientras lamía el tallo, su mano arañaba sus huevos, lo que hizo que un gemido escapara por la boca de Ángel. Subió muy lento por ese tallo hasta llegar al capullo donde sorbió con gula las gotitas preseminales que en él había. Lo rodeo con sus labios y lo saboreo sin ninguna prisa. Ángel bajó considerablemente la velocidad hasta situarse detrás de un camión. La boquita de Ruth hacía maravillas en su polla y el no paraba de gemir. Joder niña, jodeeer Ruth estaba concentrada en la polla de Ángel, pero un bache de la carretera hizo que le traspasara la garganta. Salió tosiendo, a la vez que un chorrito de flujo manchaba sus piernas. El rimel de sus ojos tambien se corrio por las lagrimas ¿No irás a parar ahora? Tranquilo, a mí también me está gustando. La sensación de esa polla traspasando su garganta, le había excitado sobremanera. El chorrito de flujo presagiaba un orgasmo y su coño estaba a punto de explotar, no podía dejar de apretar sus piernas para darse más placer. Nuevamente introdujo con paciencia la polla en su garganta, lo que le produjo una arcada y otro escape de flujo que acentuó su excitación, a la vez que más lágrimas salían de sus ojos. Cuando fue a por la tercera vez en traspasar su garganta, Ángel le sujetó la cabeza con fuerza y esto le hizo tener un orgasmo a la vez que sus piernas eran bañadas por su flujo. Salió tosiendo y babeando, pero henchida de gozo por el orgasmo recibido. Sus ojos estaban abultados con el rímel corrido y en su cara se dibujaba una sonrisa, sonrisa de triunfo y fue a por él. Bajó su cabeza, se tragó esa polla y ella misma se fóllo la boca hasta que un reguero de semen inundó su esófago. Lo tragó todo, era la primera vez que se tragaba una corrida y para su sorpresa le había encantado. Salió muy lento, limpiando cada milímetro de esa larga y gruesa polla. Jodeer, tía, jodeeer, jodeeer. Me has dejado seco, jodeeer. Ya estaban llegando a la salida para el aeropuerto, el viaje se les había hecho muy corto. Tomaron la desviación hacia barajas y fueron camino de su destino, el Sercotel Madrid aeropuerto. Una vez llegaron, aparcaron a la puerta del hotel, bajaron el equipaje y procedieron a realizar la inscripción para poder subir a las habitaciones. Una vez realizados los trámites de ingreso, bajaron el coche al garaje y desde ahí accedieron a su habitación. La quinientos veinticinco. Habían decidido reservar una sola habitación y guardar para sus gastos el costo de la otra habitación. La habitación estaba muy bien, espaciosa y muy bien decorada. Dos super camas juntas hacían una cama enorme. El baño con todo lujo de detalles y todo en un blanco nuclear, le daba un aspecto de señorío. Como no era época de piscina, se dieron una ducha y bajaron a cenar. Ruth repitió vestuario y Ángel también. Cenaron tomaron una copa en la terraza y se fueron a dormir sobre las once. Había que madrugar. Ese día sus ganas de sexo tuvieron que descansar. La alarma del teléfono móvil sonó a las seis menos cuarto, se desperezaron rápido, una ducha rápida, desayuno y rápido al aeropuerto. Llegaron al aeropuerto, entregaron el vehículo, buscaron su puerta de embarque y una vez facturadas sus maletas embarcaron. Sus asientos en primera clase les ofrecían una serie de ventajas que seguro aprovecharían durante el viaje. Los asientos eran más espaciosos y solamente había dos por fila. Una vez iniciado el vuelo que tenía una duración de unos cincuenta minutos, la azafata les ofreció algo de beber y pidieron unos benjamines de cava. Brindaron por su viaje, para tener suerte y sorbieron sus copas. Ángel sabía que Ruth iba sin bragas, por lo que le echó una mantita por encima y procedió a acariciar su coñito. ¿Qué haces, estás loco? Tranquila, acuérdate del control. La excitación de Ruth era patente, sus afilados pezones que se marcaban poderosos bajo la camiseta. La mano de Ángel acariciaba sin descanso los labios vaginales de Ruth que ya empezaba a sentir un fuerte calor en su entrepierna. El roce de esos dedos hizo que Ruth abriera sus piernas incitando a Ángel a traspasar esos labios. Pero este hizo caso omiso de la insinuación y siguió con sus caricias. Ruth se retorcía buscando que esos dedos le traspasaran o bien jugarán con su botoncito. Con su boca buscó la boca de Ángel sintiendo y expresando así su deseo. Fóllame con tus dedos, por favor, fóllame. Ángel siguió impertérrito con sus caricias, viendo como Ruth se retorcía en su asiento, como su boca le buscaba y como su mano se apropiaba de su polla apretándola sobre el pantalón. Fóllame por favor, no aguanto más. Ángel siguió aún un buen rato acariciando esos labios que ya lloraban desconsoladamente. Aterrizaremos en el aeropuerto de Ibiza en diez minutos, abróchense los cinturones por favor. Ruth miró con pavor a Ángel. ¿No pensarás dejarme así? Ángel no dijo nada y siguió acariciando ese coñito hasta que el avión aterrizó. La calentura de Ruth era superlativa y todo el mundo que viera su cara se podía hacer una idea de lo que había ocurrido durante el viaje. Sus labios abultados, sus ojos que se le salían de las órbitas y esos pezones que iban a reventar la tela de la camiseta. Una vez recogidas sus maletas, fueron a alquilar un vehículo y se trasladaron al hotel.

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