EL NUEVO COMPAÑERO DE TRABAJO 8

EL NUEVO COMPAÑERO DE TRABAJO. P JAVIER 8 La primera en salir de la ducha fue Ruth, habia aprobechado para salir de compras y ahora miraba el precioso conjunto de tul negro transparente y suave que solo alzaba sus pechos, la tanga del mismo material que dejaba ver a la perfección los labios de su sexo. Se puso unas medias con blondas de silicona hasta lo alto de sus muslos. Un liviano vestido de tul negro totalmente pegado a su cuerpo, marcaba el contorno de sus pechos y de su culo. Los labios recibieron un rojo intenso y unos zapatos de tacón estilizaron su preciosa figura. Cuando Ángel salió ya vestido, no pudo menos que atraerla hacia él y besarla a la vez que acariciaba sus pechos. Estas preciosa, nena. Vamos anda que esos ojos ya me están follando. Tomaron un taxi para ir a la casa de Máximo, este los dejó en la puerta. Tras llamar, a los pocos segundos, Máximo apareció en la puerta con su mujer. Buenas noches, pareja. Buenas noches, Máximo. Esta es mi mujer, Mariana. Doña Ruth y don Ángel Un placer, pareja. Pasemos y sentémonos a la mesa. Mariana es una espectacular mujer de cincuenta y nueve años, con más de un metro setenta y cinco de estatura, un cuerpo torneado y unas preciosas tetas, suponemos operadas, por su tersura y su desafío a la gravedad. Portaba un elegante vestido blanco que, al no llevar ropa interior, marcaba con descaro sus grandes aureolas y sus tiesos pezones. Ruth y Ángel fueron acompañados hasta la piscina, encima de la cual se elevaba una plataforma, donde había una mesa perfectamente vestida y cuatro sillas. Venid, sentaos aquí. Mariana había dispuesto la mesa de tal forma que los invitados estuvieran a su vera. Una vez sentados en la mesa, una muchacha negra y con la piel totalmente brillante en su desnudez, los trajo los primeros platos. Tenía los pezones unidos a su areola y les hacían parecer un pequeño cornete de helado. Ruth se quedó mirando esos pezones y se mordió el labio, mientras mariana apretaba sus piernas haciendo que sus pezones se encabritasen. Los dos hombres ya estaban erectos. Erizo de mar, con salsa de ostras. Los cuatro degustaron tan sabroso plato y quedaron encantados del sabor y la textura de esas carnes. La misma muchacha trajo el segundo plato, tortilla de bacalao al estilo Bella Easo. Para el tercer plato preguntaron si carne o pescado. Todos determinaron que carne. Un muchacho nubio con un pene de más de veinticinco centímetros, les acercó unos chuletones de Ávila que depositó en unos platos de barro, previamente calentados. Joder la cena es fantástica, pero bien me comía yo ese postre. - dijo Ruth Ante esto todos rieron. A los postres tanto la muchacha negra, como el níveo mancebo, se apostaron frente a los invitados y dejando un reguero de nata sobre sus sexos, se los ofrecieron a los invitados. Ruth no se lo pensó dos veces y sujetando con ambas manos la gran polla del joven, la llevó a sus labios y la degustó con tranquilidad. A duras penas podía llevar la mitad de esa pétrea polla a lo más hondo de su boca, a su garganta. Pero hizo todo lo posible para tragarla y lo consiguió. El nubio, dio un grito al sentir como su polla traspasaba la garganta de Ruth. Por su parte Ángel había depositado su boca sobre el rosado coñito de la negrita y ahora lamiá su sexo con pasión, se acercaba a su clítoris y lo lamiá de izquierda a derecha con gran rapidez. Las manos de la muchacha lo apretaban contra su sexo, mientras el absorbía con fuerza su clítoris e introducía uno de sus dedos en su culito. Mientras esto ocurría la pareja observaba impasible la escena. Mariana por fin se levantó de su silla, se puso detrás del níveo hombre y empezó a lamer su culo. Las manos de Mariana buscaron los pechos de Ruth y acariciaban y apretaban sus pezones. La cara de Ruth estaba preciosa con las lágrimas resbalando por su cara. Mariana apretaba con fuerza sus pezones, para acariciarlos con dulzura después. Tras un largo rato con esta operación, Ruth tumbó al muchacho en el suelo y lo cabalgó como una posesa. A la quinta o sexta sentadilla hubo de sentarse sobre el muchacho y disfrutar de su orgasmo, con esa polla dentro de su cuerpo. Mariana se izó hacia su boca y la besó con pasión, mientras acariciaba y pellizcaba sus pezones. Por su parte Ángel había dejado que la negrita lo cabalgara con mucha suavidad, quería disfrutar del momento y de ese coñito que le apretaba en exceso. La muchacha se mecía parsimoniosamente sobre la polla de Ángel hasta que noto como una mano oprimía su cuerpo hacia adelante y la punta de una polla pedía pasar por su estrecho orificio. Máximo de un empujón enterró su polla en tan estrecho agujero y presionó aún más la polla de Ángel. Ambos hombres sincronizaron sus acometidas para poder proporcionar más placer a la muchacha que ya gritaba sin trabas, por la doble penetración. Ángel sujetó con fuerza los hombros de la muchacha, mientras le clavaba la polla hasta el fondo y le dejaba lleno su coñito, que, al sentir los espasmos, se contrajo en un orgasmo apretando la polla de Máximo, haciendo que los tres disfrutaran del intenso momento. Los dos asistentes se retiraron y Máximo pasó a comerse el coñito de Ruth, mientras Ángel hacía lo mismo con el de Mariana. Los dos hombres se esmeraban en su labor, pero de formas muy diferentes. Mientras Máximo jugaba con la velocidad de su lengua en fuertes acometidas a izquierda y derecha. Ángel paladeaba con la punta de su lengua el clítoris de Mariana, para sorberlo con intensidad después. Tan intenso fue el uno como el otro, pues las dos mujeres terminaron regando las caras de sus amantes. Tras recuperarse de sus respectivos orgasmos las dos mujeres hincaron sus rodillas en el suelo y asiendo con fuerza esas pollas, las llevaron a lo más profundo de sus bocas. Ninguna de ellas tenía prisa y su ritmo era lento y suave. Sus bocas lamían y chupaban sin prisa esas pollas que tanto gusto les habían dado. Ruth se levantó, miró a Máximo a los ojos y se puso en cuatro sobre la cama. Levantó su culito y abrió sus nalgas. Máximo la penetró en su coñito y le fue dando lento. Ruth se estiraba y retorcía sobre la cama, buscaba esa polla que incansable le daba con un ritmo constante. Los orgasmos de Ruth se sucedían a la vez que Máximo seguía impertérrito bombeando ese coñito que babeaba sin cesar. Ruth extendía sus brazos sobre la cama, babeando por su boca y por su coño. Ángel tenía sujeta a Mariana por las muñecas y esta chillaba y gritaba, mientras su coño era una fuente. El ímpetu del muchacho le tenía desbocada y su cuerpo era un maremágnum de sentimientos y de placer. Ya no podía más y se lanzó hacia adelante llevando tras ella a Ángel que subido sobre la cama, seguía a su máximo rendimiento, hasta que estalló dentro de ese apretado coñito. El grito de Mariana casi pudo escucharse en toda la isla. Ángel al correrse le había levantado de la cama, con su polla clavada en el coñito. Joder, chaval, casi me matas, joderr, tendré dolorido el coño unos días. Mariana se volvió y lo besó con pasión mientras apretaba su polla. Por su parte Máximo, mucho más comedido por la edad, había llenado el coñito de Ruth, pero con suma parsimonia. aunque está, aún estaba extasiada. Joder, vejete, casi me matas cabrón. Espero poder hacerlo en otra ocasión. Jajajaj Eso espero yo también. Tras unos largos minutos de descanso, Ruth y Ángel volvieron a su hotel. Después de dormir unas pocas horas a las trece treinta ya estaban en el aeropuerto camino de Madrid. Nada más llegar al aeropuerto, Ruth marcó el número de su marido, este descolgó al sexto timbrazo y lo hizo un poco sofocado. ¿Hola Mario, estás bien? Si, siii, sii, ¿Por qué? Te noto un poco sofocado. Ahhh, claro salí a andar. Bien, te llamo porque se nos han torcido las cosas y no volvemos hasta mañana. Buueeno, no iiimpoorta, traan... quila ¿Estás bien? Si, si tranquila. Vale mañana nos vemos Hasta mañana. Mario apretó con fuerza la cabeza de la imponente rubia, mientras llenaba su boca con múltiples descargas. Me gustaría ir a Segovia, ¿nos da tiempo? Claro, busca y reserva un hotel. Vale, reservo en el parador. Perfecto, me han dicho que es espectacular. Se encaminaron hacia el parador que por cierto quedaba un poco alejado de Segovia. Llegaron, se registraron y salieron a cenar por Segovia. Ángel había estado en el restaurante la codorniz y había quedado encantado. Hacia él se dirigieron y en él cenaron, como era de esperar, fenomenal y muy bien de precio. Después de cenar subieron por las juderías hasta la plaza mayor y ahí se tomaron una copa. Ya cerca de las once, bajaron al parquin del acueducto, recogieron su vehículo y partieron hacia el parador. Al llegar subieron a la habitación, se dieron una ducha y se echaron a dormir. El día había sido largo e intenso y no tardaron en quedarse dormidos. El calor del cuerpo de Ruth lo atrajo y se pegó a ella. acarició sus pechos sintiendo como los pezones le recibían en plan de guerra. Bajó por su cuerpo hasta su sexo, lo lamió suave y lento dejando que se fuese abriendo al paso de su lengua, extendió esta lo más que pudo y fue repasando con ella los bordes de ese coñito hasta que quedo abierto para él. con la punta de su lengua repasó el clítoris de Ruth una y otra vez, sin descanso hasta que esta cerró las piernas sobre su cabeza y lo apretó contra su sexo. Ángel ascendió hasta llegar a los labios de Ruth que besó con pasión, esta se dio la vuelta y acarició su polla con su culito. Ángel entendió a la primera y dirigió su polla al coñito de Ruth. La inclinó ligeramente hacia delante y entró en ella con extrema lentitud. Mientras se movía en su interior con una lenta cadencia, le acariciaba y apretaba los pezones. Ruth gemía y se movía al compás marcado por Ángel. Tras varios minutos en esas lides, Ruth se apretó con fuerza contra la pelvis de Ángel y votó varias veces sobre su polla. Ella misma saco la polla de su coño y la puso a la entrada de su culito. De un fuerte empujón consiguió traspasar su culito. Gimió y se frotó contra el cuerpo de Ángel. Despacito, muy despacito. Ángel obedeció y lentamente metía y sacaba la polla de ese culito le apretaba con ganas. Así estuvo unos minutos entrando y saliendo extremadamente lento, hasta que ya no pudo aguantar más y apretando con fuerza los pezones de Ruth, se dejó ir en el interior de ese prieto culito. Quedaron jadeantes recostados uno junto a otro sin moverse. Ruth dio un pequeño respingo, cuando la polla de Ángel abandonó su culito. ¿Nos duchamos? Ve tu primero dijo Ruth. Una vez se ducharon dieron un paseo por Segovia y se dirigieron hacia su ciudad. Era domingo por la tarde y no había tráfico. Ángel dejó a Ruth en su casa y él se fue a la suya, hasta el lunes no tenía que devolver el coche. Ruth subió a su casa, entró y escuchó unos jadeos que no le gustaron nada. Al acercarse a la habitación los jadeos aumentaron en intensidad. Una impresionante rubia cabalgaba sobre Mario con la melena al viento. Ruth dejó la maleta en el cuarto de invitados y volvió a salir a la calle. FIN

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