LAS FANTASÍAS DE EVA, BUKAKE EN EL CAMPO
LAS FANTASÍAS DE EVA
BUKAKE EN EL CAMPO
CHARLINES
Poco a poco el invierno había pasado y la primavera ya llevaba unos meses entre nosotros. Eva y Pablo se habían ido conociendo mejor y Eva ya le había confesado sus fantasías más íntimas y más oscuras. Ahora la forma de realizarlas había cambiado, Pablo ya no le avisaba de cuándo, cómo y dónde serían, ahora todo era sorpresa. Eva agradecía esto, pues así su morbo era mayor, si esto podía ser posible.
Su trabajo le permitía poder trabajar desde casa en varias ocasiones, por lo que su disponibilidad era casi completa. Pablo conocía perfectamente cuando Eva trabajaba y cuando no, por lo que podía preparar los eventos a su manera.
Eva trabajaba desde su ordenador en la habitación que había habilitado para ello. El teléfono sonó insistente y no tuvo más remedio que levantarse e ir a contestar.
• Buenos días, dígame
• Eva, esta tarde pasaré por ti sobre las nueve, ya sabes sin ropa interior, te esperaré en el portal.
El cuerpo de Eva reaccionó como siempre, su coño se encharcó y sus pezones se pusieron duros, muy duros, marcando sus pezones sobre la tela de su camiseta. Ya no podía trabajar, ya no se concentraba, solo podía pensar en qué sorpresa le depararía Pablo esta vez. Se duchó y se rasuró como hacía siempre que tenía este tipo de llamadas. Al rasurarse, su sexo se excitó y no pudo más que acariciarse hasta caer de rodillas sobre el plato de la ducha. Jadeando salió de la ducha, las piernas le temblaban y su corazón latía a mil. Justo le había dado tiempo para vestirse, cuando. Su teléfono sonó.
• Eva, te espero en el portal.
El corazón de Eva se revolucionó, la adrenalina se disparó y su coño, se encharcó. Ese día se había vestido con una camiseta de manga corta blanca, que marcaba perfectamente la forma de sus pechos y ahora también sus erectos pezones, una minifalda muy mini, tapaba justamente su culo. Cuando llegó al portal, Pablo la esperaba, la paró y le puso una cinta negra alrededor de los ojos. Ahora Eva no veía nada, pero si podía sentir como una gota bajaba entre sus muslos.
• ¿Qué es esto? ¿dónde me llevas?
• Tranquila, no seas ansiosa.
Pablo le ayudó a entrar en el automóvil y sentándose en el puesto del conductor, arrancó el mismo. Condujo hasta el descampado donde habían estado la primera noche. Hoy el lugar no estaba solitario, había tres automóviles aparcados. Pablo paró el auto, se bajó y acercándose a la puerta de Eva la ayudó a bajar. La llevó hasta el centro del descampado y allí la dejó con los ojos tapados. Eva podía sentir la ligera brisa que se enredaba en sus piernas y le hacía excitarse. Escuchaba ligeros crujidos de las ramas secas y su cuerpo empezó a ponerse alerta. Notaba gente acercarse a ella, pero no sabía cuántos. Una mano se apoyó en su hombro y Eva entendió, se puso de rodillas.
• Abre la boca cerda que te la vamos a llenar.
Como un autómata, Eva abrió su boca y su coño, pues también separó sus piernas. Una polla caliente y se sentia gorda, entró en su boca, a la vez que le ponían otras dos pollas en las manos, pero había más hombres. Eva notaba la presencia de más gente a su alrededor. El hombre que entró primero en su boca empezó a follarle por la boca, al principio despacio, pero luego más rápido y más fuerte. No tardó mucho en llenar su garganta de blanca esencia. Eva, se despojó de su camiseta y escupió la esencia del hombre. Rápidamente otra polla ocupó su boca y su mano. Eva movía las manos con rapidez y uno de los hombres no aguantó y se corrió en su cara, en su pelo, en su cuello. Este hombre se apartó y otro ocupó su lugar, un tercero pidió paso y descargó sobre los pechos y la cara de Eva.
Eva se volvía loca de excitación, siempre había deseado ser cubierta de semen y esto iba muy bien. Sentir que era capaz de excitar a tantos hombres le hacía lubricar cada vez en más cantidad. Necesitaba una polla en su coño, pero hoy no era el día, hoy era el día de ser cubierta de semen. Tras pasar por ella cinco de los hombres, su cara, sus pechos, su boca sus ojos, toda ella estaba cubierta de semen.
• Vamos a lavar a esta zorra.
Los hombres que quedaban y los que ya habían eyaculado, rodearon a Eva y apuntando sus pollas sobre ella, empezaron a mingitar sobre su cuerpo. Eva recogió esa caliente ducha con estupor. Era la primera vez que recibía una lluvia dorada y esta era una auténtica tormenta. Al principio le sorprendió, pero luego le encantaba frotar su cuerpo con ese líquido caliente que le limpiaba, de los restos de semen que le quedaban por su cuerpo. La lluvia terminó cuando el más alto de los hombres metió su polla dentro de la boca de Eva.
• Ahora rociemos a esta zorra, que se lleve nuestro olor allá donde vaya.
Eva estaba en éxtasis jamás hubiera pensado que su fantasía terminara haciéndose realidad superando sus expectativas. Mientras sus compañeros seguían siendo felados y masturbados por Eva, el primero de los que se había corrido, se metió bajo las piernas de Eva y empezó a lamer su clítoris. Eva se dejó ir, nada más sentir la lengua en su clítoris. Lo necesitaba, necesitaba correrse y tras hacerlo, se sentó sobre la cabeza del hombre, que incansable seguía con su cunnilingus. Los cinco hombres que restaban fueron descargando sobre Eva, volviendo a llenar su cuerpo con su semen. Eva se había corrido varias veces con la hábil lengua del hombre bajo ella.
Los hombres se fueron, dejando a Eva llena de semen, tumbada en el suelo, jadeante y excitada. Pablo llegó con una toalla que le entregó a Eva para que se limpiara.
• Hoy no quiero que te vayas, quiero que me folles como a la verdadera zorra que soy, que me folles con fuerza sin compasión.
Pablo sonrió, le ayudó a levantarse del suelo y le acompañó hasta el automóvil. Cuando llegaron a su casa, Eva fue corriendo a la ducha y abrió el agua para purificar su cuerpo. Se dio una larga ducha, eliminando todo resquicio de suciedad que en su cuerpo pudiera haber. Salió de la ducha tras casi un cuarto de hora bajo ella y procedió a secarse. Pablo entró ya desnudo, la sujetó por el cuello, la puso de cara a la pared y apuntó su polla a su agujero, clavándosela de una sola vez. Eva gritó, pero lo hizo de placer y de ganas.
• Para, para animal, para, dame unos mimitos, quiero algo suave.
Pablo le dio cuatro viajes fuertes con su polla y le dijo.
• Vale, te voy a reventar despacito.
Salieron del baño, Pablo se tumbó en la cama, puso dos almohadas bajo su cabeza y mirando fijamente a Eva que estaba al borde de la cama, le dijo.
• Ponme el coño en la boca.
Eva ya sabía lo que venía, se colocó sobre la boca de Pablo, mirando a su polla. Bajó muy despacio, relamiéndose, al tocar la lengua de Pablo, se estremeció, se apretó contra su boca y se lanzó a por su polla. Pablo le abrió los labios del coño y se fue directo a su clítoris. Eva se tragaba toda la polla se follaba la garganta y gemía de placer.
Cada vez los líquidos que el coño de Eva desprendía eran mayores, Pablo los saboreaba con gula, relamiendo todas las paredes de ese coño que le regalaba tan preciado néctar.
Eva chupaba, tragaba y saboreaba esa dura polla, que una y otra vez traspasaba su garganta. Gemía sobre ella sintiendo como su cuerpo se sumía en mil pequeños orgasmos que le hacían temblar sobre la boca de Pablo. Este incansable apretaba con fuerza su culo, sin dejar de lamer su clítoris. Eva botaba con fuerza, se retorcía y por fin consiguió separarse de esa lengua que le volvía loca.
Pablo la dejó descansar unos breves momentos, se levantó, puso una almohada sobre la cama y tirando de las piernas de Eva, la colocó sobre ella. Se acercó a ella con esa sonrisa de cabrón, se colocó entre sus piernas y sujetando con fuerza su dura polla, la pasó por el canal húmedo que se formaba entre los labios de su coño. Pasó la polla muy deprisa entre esos labios apretando su vientre con la otra mano, hasta conseguir hacer una fuente del cuerpo de Eva que gritaba de placer. La miró y sonriendo le clavó la polla muy lento, como ella quería.
Entraba y salía de ella con toda la lentitud de la que era capaz. Notaba como ese coño le apretaba la polla a la vez que veía a Eva relamerse de gusto. La follaba con cariño, todo lo despacio que podía.
• Así cabrón, así despacito, déjame notar como me llenas el coño.
Pablo la miraba y se regodeaba, viendo como disfrutaba, como se relamía. Eva, se tensó, se sujetó con fuerza a las caderas de Pablo, le rodeó con sus piernas y se clavó en él dejando que su cuerpo se convirtiera en un río. Pablo igualmente se tensó, clavó su polla en lo más hondo y se dejó ir dentro de Eva.
• Así putita, así querías, así, así.
• Si cabrón si, ya lo sabçías, ya lo sabías.
Esa noche Pablo se quedó a dormir en casa de Eva.

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