LAS FANTASÍAS DE EVA, LA BARONESA

LAS FANTASÍAS DE EVA LA BARONESA CHARLINES Después del encuentro en el descampado los días transcurrían despacio. Poco a poco el verano se iba acercando y el calor empezaba a ser insoportable. Eva tenía la suerte de que podía trabajar desde su casa y con su aire acondicionado. Pero su jefe la había llamado, tenía un negocio importante y la necesitaba en la oficina. A Eva no le gustaba mucho el calor y menos en la ciudad, donde el asfalto aún aumentaba más la temperatura. Llegó a su oficina y su jefe la mandó pasar a su despacho. • Eva buenos días, tenemos un importante asunto entre manos. La baronesa de Meira está buscando algún pazo por Galicia y quiere nuestro asesoramiento. Hemos pensado que tú eres la persona adecuada, tendrás que trasladarte a Galicia e ir viendo diferentes propiedades. • Vale, ¿dónde puedo alojarme? ¿Has pensado en algún lugar cercano? • Si, la propia baronesa, te ofrece una habitación en su actual residencia. Residencia que tendrás que valorar, por si la baronesa quiere vender también. • Perfecto, ¿cuándo salgo? • Cuando quieras, el lunes tendrás que empezar, pero puedes ir antes y valorar el terreno. • Perfecto, ya te iré contando. Eva salió contenta de la oficina, Galicia siempre le había gustado y el clima era mucho más benévolo que aquí en la ciudad. Fue caminando hasta su casa, paró a tomar una cervecita y después pensó que un buen día para ir a Galicia sería el viernes. Llamaría a la baronesa y quedaría con ella, si ella no podía hasta el lunes, se iría a algún hotel cercano. Al llegar a casa Eva llamó a la baronesa y esta muy amable le dijo que no había ningún problema, que el viernes tendría preparada una habitación. Eva le dio las gracias y empezó a preparar su maleta. Ahora viviría dentro de un mundo de lujo y debería elegir muy bien la ropa que llevaría. En una maleta puso unos vestidos de fiesta, algo de ropa de sport y una gran variedad de ropa interior. Por supuesto, no se olvidó de su buen amigo, un consolador de veinticinco centímetros de largo, por algo más de siete de ancho. Este aparato le había proporcionado muy buenos momentos. Eva subida en su auto viajaba camino del pazo de la Baronesa. Paró en León a tomar un bocadillo y continuó la marcha hasta llegar al pazo. El camino hasta el pazo, gracias a las coordenadas fue bastante sencillo. Una gran tapia de piedra cercaba el pazo hasta terminar en una impresionante puerta de madera, que se hallaba abierta. Eva traspasó la puerta y recorrió los más de quinientos metros que la separaban de la puerta de entrada al pazo. Llamó a la puerta con un gran llamador de hierro macizo que formaba un árbol, parte del escudo de la familia. • Pase señorita, la señora la está esperando. En la entrada un precioso bargueño, dominaba el espacio. Sobre él un bellísimo reloj de bronce era flanqueado por dos candelabros de oro. Tras una impresionante puerta de madera, se encontraba el salón donde la baronesa esperaba a Eva. La baronesa era una mujer joven no superaría en mucho la edad de Eva, digamos que tendría unos cuarenta y siete años, más o menos. La baronesa vestía un impresionante vestido negro, abotonado en el cuello y largo hasta los tobillos. Sin embargo, este vestido, marcaba deliciosamente las curvas de la baronesa y dejaba apreciar sus bien formados pechos. La baronesa se acercó y le dio dos besos en las mejillas, mientras apretaba su cuerpo contra el de Eva. • Ven te mostraré la casa, bueno, al menos una parte de ella. Eva estaba alucinada, en el impresionante salón, de más de ochenta metros cuadrados, todo se distribuía con armonía. Al frente, entre dos ventanales un impresionante espejo, dominaba la estancia. A la derecha un precioso y elegante tresillo Luis dieciséis llenaba esa pared y era coronado, por otro impresionante espejo. Enfrente un gran piano de cola, coronado por los cuadros de la familia, llenaba esa otra pared. • Querida, solamente te enseñaré la parte de la casa que usarás habitualmente, como verás esto nos llevaría días recorrerlo. Salieron a un gran pasillo, todo el de madera maciza, donde un gran ventanal le daba aspecto de galería. Entraron en la habitación de la señora baronesa, la casa disponía de quince habitaciones. La habitación dejó con los ojos como platos a Eva. Un precioso dosel de madera maciza cobijaba una cama, tallada en madera con unos preciosos repujados en el cabecero. Al lado una cuna, también maciza, decoraba la habitación. Desde la escueta ventana, se podía ver el laberinto que había dominado esa parte del jardín. La habitación de Eva, cuatro puertas más alejada de la de la señora, era una habitación, algo más austera, por decir algo. Un gran dosel de madera cobijaba una cama también tallada en madera, una pequeña ventana daba la luz suficiente a la estancia y un gran armario también de roble, dominaba la pared de enfrente de la ventana. De aquí pasaron directos a la capilla, esta estaba en una habitación y al frente era dominada por, un altar Decorado en madera tallada y pan de oro, unos grandes candelabros e innumerables figuras de diferentes maderas y piedras, configuraban la decoración de este altar que mostraba así el poderío económico de la familia. De aquí pasaron al impresionante comedor, todo él rodeado de retratos y cuadros de la familia. Al lado había un comedor más pequeño, donde se hacía la vida, era un poco más “austero” y así mismo, era el lugar usado para disfrutar más asiduamente. • Bueno, Eva, te puedes hacer una imagen de lo que quiero, viendo esto. Así que espero que me busques algo acorde a mis caprichos. • ¿Quiere usted vender esta maravilla? • No mujer, no podría, aquí está mi vida, mi historia. Lo que quiero es algo cerca, más cerca del mar, para pasar el verano en él. • Me había asustado, esto es precioso, es una auténtica maravilla. • Muchas gracias, ahora si quieres puedes ducharte y cambiarte para la cena, hoy estaremos solas. • Muchas gracias. Cuando Eva llegó a la habitación, todas sus cosas ya estaban perfectamente dispuestas dentro de ella. Eva se desnudó notando como con el frescor de la habitación sus pezones se ponían duros, como la piedra que formaba las paredes de esa habitación. El lujo y el boato que se respiraba en esa casa tenían inexplicablemente excitada a Eva. El baño estaba dominado por una gran bañera y Eva no dudó en darse un buen baño en ella. Con el agua caliente Eva se introdujo en la bañera llena de sales, el calor del agua reconfortaba su cuerpo y Eva cerró los ojos para empezar a soñar. Se veía en ese gran salón rodeada de apuestos mancebos que la halagaban buscando sus favores. Eva reía y jugaba con ellos, a sabiendas de que tarde o temprano, terminaría abierta de piernas. Sus manos recorrían su cuerpo aprovechando la suavidad que los productos disueltos en el agua le daban a su cuerpo. Notaba su clítoris hinchado y sus pezones tan duros que cualquier roce era un verdadero placer. Gemía soñando que la iban desnudando y la postraban sobre el piano, donde su sexo era devorado por los hombres, haciendo turno para comérselo. Dos de sus dedos entraron en ella, a la vez que se veía en cuatro sobre el tresillo y dejaba su sexo expuesto para ser penetrado por todos esos hombres. Ahora una mano sobre su pezón y otra sobre su sexo trabajan, pensando en las mil y una caricias, que esos hombres le proporcionaban. Se irguió sobre la bañera, se puso en cuatro y ahora una mano perforaba su sexo y otra su culo. Eva soñaba con una doble penetración que no tenía fin, uno tras otro los hombres ocupaban todos sus agujeros. Uno tras otro los orgasmos se iban sucediendo, hasta que, por fin, Eva quedó tumbada y laxa en la bañera. Su respiración agitada tardó en controlarse y hasta entonces, no tuvo fuerzas para poder incorporarse y salir de esa bañera que le había hecho viajar en el tiempo. Vestida con sobriedad llegó al comedor, pero al pasar por el salón se fijó en algo que le había pasado desapercibido, en una de las esquinas un enorme reloj de pared brillaba con luz propia. Se acercó a él para contemplarlo más de cerca. Era precioso, con numerosas incrustaciones en tan mínimo lienzo. Absorta en esta visión no se dio cuenta que la baronesa estaba tras ella, rodeando su cintura, la baronesa le preguntó. • ¿te gusta? Eva se estremeció al tacto de la baronesa y contestó. • Es realmente una preciosidad. • Es del siglo dieciséis, mi tatarabuelo lo compró en Versalles en una subasta, dicen que perteneció al rey de Francia. La mano de la baronesa recorría la cintura de Eva, provocando en esta, escalofríos de incertidumbre y de placer. • Vayamos al comedor, ya es la hora de la cena. Ambas se encaminaron hacia el comedor. Eva estaba un poco ofuscada, si bien las mujeres no le eran indiferentes, la baronesa, con esa seguridad la tenía excitada. Se sentaron cada una a un lado de la mesa. Una preciosa chiquilla rubia les sirvió la cena. Durante la cena hablaron de los deseos de la baronesa y de la importante suma de dinero que tenía prevista para la compra del pazo. Eso sí, este tendría que ser de su total agrado. Eva observaba encandilada como los pechos de la baronesa subían y bajaban al ritmo de su respiración. Esa mujer totalmente recta y elegante en sus movimientos la tenía embelesada. Durante su estancia en el pazo, Eva fue conociendo mejor a la baronesa que cada vez se notaba más lanzada y más próxima a Eva. Tras varias semanas de búsqueda, por fin Eva creía haber encontrado lo que la baronesa buscaba. Un pazo no muy grande, tampoco pequeño no os vayáis a creer. Nada más llegar una impresionante entrada de piedra se abría aun camino que llevaba hasta la entrada de la casa, donde una escalera a dos bocas te esperaba para ascender hasta la puerta de la casa. Un impresionante jardín era rodeado por la serpenteante carretera que te llevaba, hasta justo los pies de la escalera. El pazo contaba de unas diez habitaciones un amplio salón de baile y dos comedores, junto con una grandísima cocina. Desde la ventana del dormitorio principal, se podía observar el impresionante y cuidado jardín que poseía ese lugar. Así mismo tras el jardín se podía divisar el mar que se incursionaba hasta el, en una pequeña ría. Eva quedó impresionada y segura de que la baronesa también lo haría. Loca de contento volvió junto a la baronesa. • Señora, creo haber encontrado lo que tanto deseaba. A mí me ha encantado y he reservado visita para mañana para ir con usted. • Por tus ojos veo que estás emocionada, ¿realmente es tan fantástico? • Tendrá que verlo usted misma. Esa noche las dos mujeres cenaron y vieron una película. La baronesa se sentó junto a Eva. La película con fuertes escenas de terror y con un alto contenido erótico, tenía a ambas mujeres excitadas y muy pegadas la una a la otra. La baronesa miró a Eva y le dijo. • Hoy estoy muy cansada, pero si me gusta la casa, mañana te prometo una noche loca. ¿te apetecería? Eva rozando el brazo de la baronesa y discurriendo por él hasta llegar a su cuello, le acarició con mucha dulzura y le contestó. • Estaré encantada de compartir con usted unos preciosos e intensos momentos. A la mañana siguiente partieron hacia el pazo encontrado por Eva. Nada más llegar la baronesa abrió los ojos desmedidamente y movió su cabeza en señal de aprobación. Ambas mujeres se bajaron del automóvil y antes de llegar a la casa. Fueron lentamente recorriendo el jardín hasta llegar a las preciosas escaleras. • Me encanta, que maravilla Al llegar al final de la escalera pudieron ver el mar que las recibió con la marea alta. Tras recorrer las estancias del pazo, volvieron al jardín y fueron caminando hasta situarse frente al mar. • Me encanta, negocia un buen precio, pero no te preocupes por el dinero, mis abogados se encargarán de cerrar el trato. Tras media hora que la baronesa pasó frente al mar, Eva volvió con buenas noticias, había conseguido la compra. Las dos mujeres se abrazaron celebrando la buena compra. Por el camino Eva pensaba que esa venta le daría unos buenos beneficios y que esa noche, podría disfrutar a placer del cuerpo de la baronesa. Tras llegar a la casa, las dos mujeres fueron a sus respectivos cuartos, se ducharon y se acicalaron. Extrañamente cuando se juntaron, las dos portaban ropas muy parecidas. Eva usaba una blusa blanca con una preciosa falda de cuero negra, sin medias y sin ropa interior. Mientras, la baronesa lucía una blusa de seda negra que dejaba entrever sus tersos pechos, la falda también de tubo negra realzaba su figura. Las dos mujeres se miraron y se dieron un largo y húmedo beso. • Hoy estamos solas, le di el día libre al servicio. • Golfilla, ¿que tienes pensado hacer? La baronesa volvió de la cocina con una bandeja ya preparada para la cena. Comieron y esa noche hablaron de sexo. La baronesa le confesó a Eva, que desde que tuvo una relación extraña con un malvado hombre de la alta sociedad que casi la arruina, se había decantado más por las mujeres, dan más placer y son mucho menos agresivas. Eva le comentó que hacía a las dos cosas, pero una buena polla la volvía loca. Se relamía pensando en una larga y gorda polla. Tras terminar la cena la baronesa volvió con una cubeta donde se alojaba una botella de champán, la descorchó con suma pericia y sirvió dos copas. • Ven, siéntate aquí, sobre la mesa. Eva se sentó sobre la mesa enfrente de la baronesa, esta dejó su copa sobre la mesa. De pie frente a Eva, bajó a besar su boca. Las dos mujeres se besaban muy lentamente, saboreando sus bocas y sus labios. La baronesa iba desabrochando los botones de la blusa de Eva, que se dejaba hacer. Lentamente y sin dejar de besarla, le sacó la blusa por los brazos. Sus manos se fueron hacia sus pechos que acariciaba como si fueran de porcelana china. Los besos interminables les iban acercando a un estado de extrema excitación. La lengua de la baronesa lamía los pezones de Eva como un gato, el plato de comida. Las incansables manos de la baronesa descendieron hasta introducirse bajo la falda de Eva. • Joder putita, ya venias preparada. • Si... no pares ahora, no pares. Sin dejar de besar su boca y sus pechos, la baronesa de pie frente a Eva, ahora, acariciaba su sexo con suma suavidad. La excitación de Eva cada vez era más patente, miraba a la baronesa y acercaba sus manos a su blusa, para ir desabrochándola, hasta dejar los tersos pechos de esta al aire. Los prominentes pezones de la baronesa hicieron que Eva acercara su mano a ellos, para acariciarlos, ahí pudo notar la suavidad de la piel y la tersura de los pechos que formaban una perfecta bolita. La baronesa se separó de la caricia e introdujo su cabeza entre las piernas de Eva. Su boca se pegó a los labios de su sexo y su lengua lo recorrió entero, recogiendo los ricos caldos que Eva desprendía. Ahí vivió durante unos interminables minutos que llevaron a Eva a experimentar los más dulces orgasmos. Eva jadeaba e intentaba controlar su respiración, mientras la incansable baronesa ahora con dos de sus dedos dentro del culo de Eva, la follaba sin descanso. • Para, para por favor, me matas, me matas, joder, joder, toma cerda, traga, traga todo, toma, toma... La baronesa dejó el coño de Eva y subió a conquistar sus labios, su boca, sus pechos, su cuello. Eva jadeaba e intentaba recuperar el resuello. Cuando lo consiguió, se escurrió de los brazos de la baronesa y bajó a degustar su rico coño. Este la esperaba ya abierto y jugoso y Eva metió su cabeza para bucear en ese coño que atraía su lengua sin remisión. La lengua de Eva surcaba el río que aparecía entre las piernas de la baronesa. Esta sujetaba con fuerza la cabeza de Eva guiándola hasta el foco del placer, hasta ese hinchado clítoris que esperaba las caricias de esa caliente y húmeda boca. Como hiciera la baronesa, Eva aprovechando los jugos que partían del coño de la baronesa, introdujo dos de sus dedos en el culo de esta. • Hija de puta, me vas a matar, no pares, no pares... Eva loca de excitación y alentada por las palabras de la baronesa, se fue directamente al clítoris. Lo lamió, lo succionó y lo mordió, mientras sus dedos follaban el culo de la baronesa. La baronesa arqueaba su cuerpo buscando la penetración máxima y apretaba contra su clítoris la cabeza de Eva. Los gemidos iban in crescendo lo mismo que los movimientos de pelvis. Por fin la baronesa se arqueó y gritó. • Así putita, así, no pares, no pares, mátame joder, mátame... La baronesa se retiró y se tumbó a un lado de Eva. Esa noche las mujeres durmieron juntas y al alba, Eva volvería a su destino. Eva llegó radiante y fue felicitada por su jefe, esa venta les había dejado unos buenos beneficios. Le dijo a su jefe que estaba cansada y ese día se fue a su casa. • Pablito, creo que tu chica, por cierto, muy eficiente, se ha ido muy contenta y muy satisfecha. • Jajajjaj, baronesa, tú siempre estás igual. Muchas gracias.

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