LAS FANTASÍAS DE EVA, LA INAUGURACIÓN
LAS FANTASÍAS DE EVA
LA INAUGURACIÓN
CHARLINES
El teléfono sonaba sin descanso, Eva corría por el pasillo intentando llegar a él, por fin llegó.
• ¿Dígame?
• Eva guapa, soy la baronesa, voy a inaugurar el nuevo pazo y me gustaría que estuvieras en dicho evento.
• Muchas gracias por acordarte de mí, iré encantada, para mi será un honor.
• Gracias, te espero el sábado veinticinco, si quieres venir antes me llamas.
• Muchas gracias, así lo haré, un beso.
Volver al lujo de esas casas solariegas, excitó a Eva. Evidentemente el pensar en la fiesta también la excitó. Ahora tendría que comprarse ropa y algún bonito complemento que realzara su figura. No se lo pensó dos veces y vistiéndose rauda salió a comprar.
Después de un corto trayecto en su automóvil, llegó a unos grandes almacenes donde las grandes firmas de ropa, exhibían sus colecciones. Entró y tras observar durante un buen rato los vestidos, se decidió por uno negro. Una amable dependienta la acompañó hasta el probador.
El vestido era un vestido largo hasta los pies, una de sus manos estaba totalmente cubierta, mientras la otra y su hombro quedaban desnudas, esto provocaba un bonito escote. Eva se miró en el espejo viéndose arrebatadora. El vestido se pegaba como una segunda piel, marcando perfectamente todas sus curvas. Sus redondos pechos, quedaban perfectamente definidos, sus erectos pezones, se mostraban desafiantes y la tersura y redondez de su culo se marcaba perfecto por esa tela que parecía una segunda piel. Ese vestido le ahorraría la ropa interior, no quería marcas.
Salió del probador a exhibir su vestido a la vendedora y esta abrió los ojos desmesuradamente
• Está usted realmente fantástica, permítame aconsejarle este par de pendientes y este precioso collar a juego, así estará usted radiante.
Como bien decía la vendedora, las joyas realzaban aún más el cuello y el escote de Eva, que ahora lucía como una artista en la alfombra roja.
Eva salió muy contenta con sus adquisiciones, por el camino iba pensando que le gustaría ir un par de días antes, aún recordaba el sabor de la baronesa y quería, deseaba, volver a tenerla entre sus brazos. Sin pensarlo dos veces marcó el número de la baronesa en su teléfono.
• Juana María, soy Eva, ¿podría ir el jueves veintitrés al pazo?
• Cuando tú quieras preciosa, sabes que siempre serás bien recibida.
• Muchas gracias, el jueves nos vemos.
• Hasta el jueves entonces.
Eva sabía que los tres días que quedaban hasta el jueves, estaría altamente excitada. Miró en el cajón de la mesilla de noche y ahí estaba su gran amigo. Lo sujetó con fuerza y sonrió. Eva esa noche disfrutó con su amigo de goma, casi hasta la extenuación.
El jueves a la madrugada salió camino del pazo de Juana María, la baronesa, unas cuantas horas le esperaban por delante y decidió parar un par de veces para tomar algo y descansar un poco. Sobre las cuatro de la tarde y después de haber comido por el camino llegó al impresionante pazo. Se reunió con Juana María y esta la acompañó hasta su habitación.
• Acomódate y dentro de un par de horas te espero en el salón, así me ayudas con la decoración.
• Así lo haré, muchas gracias por todo.
Antes de entrar en la ducha, Eva pensó que la baronesa tenía una extraña sonrisa en su gesto. Ella creía que era de excitación y la verdad es que había un poco de todo en esa mueca. Se duchó y se vistió cómoda, con una camiseta de tirantes y una falda plisada, un poco por encima de las rodillas, evidentemente había obviado la ropa interior. Al bajar se encontró a la baronesa sentada en su butacón, con una camisa de seda negra, totalmente pegada a su cuerpo, donde se apreciaban con total claridad sus tersas tetas y sus durísimos y largos pezones. Eva se excitó ante tal visión, parece que podría cumplir su deseo de estar con la baronesa nuevamente en la cama.
Pasaron la tarde decorando el gran salón, que ahora vacío, aún parecía más grande y majestuoso. Dispusieron varias mesas alrededor del salón, para formar una gran pista de baile y poder servir sobre las mesas las bebidas y canapés. Aunque hubiera sirvientes repartiendo, también era bueno dejar cosas al alcance de la mano. Las mujeres miraron el salón y dieron su visto bueno. Ambas se acercaron para besarse mientras reían de satisfacción.
La baronesa más lanzada, acercó su boca a la boca de Eva.
• Tranquila, estamos solas, les di fiesta por lo del sábado.
La baronesa esta vez, contraria a la vez anterior. Besó a Eva con lujuria, recorriendo todo su cuerpo. Le apretaba los pechos y los pezones, a la vez que le llenaba la boca con su lengua.
• Pequeña zorrita, vamos a la habitación.
Cogiendo a Eva de la mano la baronesa la llevó corriendo a su habitación, la empujó contra la cama y viendo su coño desnudo, se lanzó con su lengua por delante en busca del clítoris saliente de Eva. Los dientes de la baronesa rodearon el clítoris de Eva mordiéndolo con suavidad. Lo chupó, lo lamió y lo mordió durante un largo rato, hasta notar gemir a Eva. Esta sujetó con fuerza la cabeza de la baronesa mientras de su cuerpo salía un potente chorro, que la baronesa no dudó en tragar.
• Así putita, así rocíame, ahora te bañaré yo.
Mientras Eva se desnudaba, la baronesa se sentó en la butaca que usaba para dejar su ropa.
• Ven aquí perrita, ven.
Eva de rodillas se acercó a la baronesa que la esperaba con las piernas totalmente abiertas. Juana María miró a Eva y abrió su coño con ambas manos.
• Ven, comételo, puta.
Eva se acercó a la baronesa y hundió su cabeza entre las piernas de esta para empezar a lamer ese rosadito coño, que ahora se le ofrecía totalmente abierto. El clítoris de la baronesa sobresalía ahora entre sus labios vaginales y Eva no dudó en lanzarse a por él. La baronesa exhaló un suspiro al sentir la lengua de Eva sobre su botón del placer. La lengua de Eva, frenética, martilleaba el clítoris de la baronesa, que ahora sujetaba con fuerza su cabeza, empezando a soltar un potente chorro sobre la cara y la boca de Eva.
• Así zorrita, así, traga, trágalo todo. Bebe de mí, puta. Bebe de mí.
Eva dejó bien limpio el coño de la baronesa a la vez que esta le apretaba contra ella. La incansable lengua de Eva volvió a proporcionar otro orgasmo a la desatada baronesa.
Esos días hasta la fiesta, las dos mujeres disfrutaron de su tiempo y de sus cuerpos, del cariño y del sexo más duro que ambas pudieron proporcionarse.
Por fin llegó la fiesta. Eva se arregló en su cuarto, enfundándose ese precioso vestido negro que marcaba sus formas como si fuera una segunda piel. Al salir hacia el salón, la baronesa la silbó. Ella portaba también un precioso vestido blanco que no dejaba nada a la imaginación. Sus poderosos pezones elevaban la tela del vestido marcando la redondez de sus pechos y de su perfecto culo. Las dos mujeres se besaron antes de bajar juntas al comedor.
• Estás radiante, putita. Dijo la baronesa
• Tú también marcas con descaro, cerda.
Ambas rieron mientras llegaban al salón para observar si todo estaba correctamente preparado. Los invitados empezaron a llegar, acompañados por Laura, la ama de llaves. Tampoco eran muchos, la verdad es que la baronesa se había preocupado de invitar a sus más selectos y depravados amigos. Las dos primeras horas transcurrieron con conversaciones bizantinas y sonrisas forzadas. La baronesa se acercó a Eva, con una copa en la mano.
• Toma anda, que tienes que estar seca jajajaj.
Eva recogió la copa y brindó con la baronesa.
Mientras hablaba amigablemente, con un conde apuesto y tremendamente elegante, empezó a notar como si se mareara. Sus ojos se le cerraban y sus fuerzas le iban fallando, de repente cayó al suelo del salón.
Eva despertó algo aturdida y para su sorpresa colgaba de alguna parte, no podía ver nada, absolutamente nada. Se sentía colgada con los brazos y las piernas totalmente abiertos. Lo que ella no podía saber es que su cuerpo estaba colgando a unos treinta centímetros del suelo. Su coño totalmente expuesto, se mostraba húmedo y brillante.
Unas suaves manos recorrían el cuerpo de Eva. Esta reconoció por su suavidad que tenían que ser de mujer. Sus sentidos, ahora excitados por haber perdido la visión, notaron cerca de ella unos gemidos extraños, una excitación extraña. Las manos de quien recorría su cuerpo, en este caso era Laura el ama de llaves que ahora untaba con miel el sexo de Eva, mientras a la vez excitaba su clítoris. Al retirarse un ansioso animal ocupó su lugar.
Un gran danés con una lengua enorme. Se acercó al sexo de Eva, para empezar a lamer la dulce miel que le volvía loco. El animal recorría con su lengua todo el sexo de Eva, introduciéndose en su vagina, recogiendo también los dulces caldos que Eva le proporcionaba. Mientras Eva se retorcía en sus amarres, el incansable animal, lamía y lamía. La bola que Eva tenía en su boca evitaba que se escucharan sus alaridos de placer. Eva se estaba volviendo loca con esa lengua y su coño era una fuente de la cual el animal bebía ávidamente. Los orgasmos de Eva eran una cadena constante, tan constante que la llevaron a desmayarse.
Al despertar Eva, ahora, apareció con una especie de barra en su espalda a la cual tenía las manos atadas. Sus piernas estaban sueltas, por lo que podía moverse por la estancia. En frente de ella, se habían colocado unas sillas, desde donde los invitados podían ver con todo lujo de detalles lo que Eva disfrutaba y padecía.
Un hombre fornido y desnudo entró en la estancia, su falo, completamente erecto, miraba al cielo. Se acercó a Eva, la puso de rodillas frente a él y sin contemplación alguna, le metió la polla hasta el final. Eva no podía hacer nada, su boca era perforada por el hombre, sin descanso. Un río de babas y líquido preseminal recorría su cuerpo haciendo brillar sus pequeños y duros pechos. La polla maltrataba la boca de Eva, que aguantaba las arcadas como podía.
Otro hombre entró en escena colocándose tras Eva, le levantó un poco el culo y se la clavó de una en su encharcado coño. Eva abrió la boca y la otra polla traspasó su garganta. Eva se sentía llena, llena de polla. Su boca y su coño estaban siendo profanados por dos gordas pollas que la tenían en éxtasis total.
De repente el hombre que poseía su boca se tensó, apretó su cabeza contra su cuerpo y se vació en la garganta de Eva, que no tuvo otra opción que tragarse toda esa corrida. Mientras, el hombre a su espalda le daba con todas sus fuerzas a la vez que le apretaba los menudos pechos con fuerza. Eva gritaba de placer y de dolor, pero poco podía hacer con esa barra en su espalda. Su cara contra el suelo se movía al ritmo de los empujones del hombre que cada vez le daba más fuerte.
• Toma puta, toma polla, toma, te vas a hartar de pollas, toma.
Eva quedó llena de semen, tumbada en el suelo del salón. Alguien se acercó a ella y le desató las manos dejándola libre. Eva pensaba que esa sesión de sexo había terminado, pero nada estaba más lejos de la realidad.
Cinco hombres entraron en escena, cinco hombres rudos y toscos que se acercaron a Eva. Uno de ellos sujetó con extremada fuerza la barbilla de Eva levantando su cabeza, a la vez que le hacía abrir la boca. Rápidamente otro de los hombres le introdujo la polla en la boca, a la vez que apretaba su cabeza. Mientras otro le sujetaba los brazos, un tercero se introdujo entre sus piernas.
• Joder tíos, la muy puta está encharcada.
Eva, aunque ustedes puedan pensar lo contrario, estaba encantada, para ella era otra fantasía cumplida y la estaba disfrutando como pocas veces.
Los hombres incansables se seguían apoderando del cuerpo de Eva, ahora la tenían tumbada y mientras unos sujetaban sus manos y sus pies, otro le estaba perforando el culo, con fuerza, con mucha fuerza. Eva gritaba y abría la boca pidiendo pollas en ella, quería ser llenada entera, completamente.
• Esto lo tenéis que probar, menudo culito tragón tiene esta puta.
Uno tras otro, fueron pasando por el culo de Eva. El último, le dio la vuelta y le puso cara a sus compañeros. Eva gemía, gritaba y gozaba como una perra, su coño era una fuente y ahora su culo una autopista.
• Vamos tú, ¿a qué esperas? Fóllatela
Uno de los hombres le metió la polla en el coño a la vez que otro le tapaba la boca con su verga, gorda y dura. Le dieron fuerte muy fuerte hasta escupir su simiente en las entrañas de Eva. Que rápidamente fue tomada por los dos que faltaban. Los hombres se esforzaban al máximo para lograr que Eva hiciera un gran charco bajo sus cuerpos.
• Dale así, fuerte, fuerte, ¡¡¡mira cómo se corre la muy puta!!!, mira que charco.
• Joder que culo tiene, me está ordeñando, joder, si toma puta, toma.
Los dos hombres se vaciaron dentro de Eva que quedó tumbada bajo un gran charco de semen y fluidos corporales. Un atronador aplauso resonó en la estancia, a la vez que se encendían las luces.
• Eva, has estado fantástica, dijo la baronesa ¿Lo has disfrutado?
• Joder ha sido fantástico
La baronesa acompañó a Eva hasta su cuarto donde esta se aseó y se preparó para dormir profundamente. Al día siguiente al despertar, su coño aún le palpitaba estaba rojo y le dolía un poco. Cuando bajó a desayunar la baronesa le estaba esperando con un precioso salto de cama que ofrecía su precioso cuerpo a la vista de Eva.
• ¿Qué tal estás, cómo te encuentras?
• Joder súper contenta y feliz, he cumplido mi fantasía de ser violada por varios hombres
• Tú amigo Pablo me contó y yo intenté ayudarle en lo que podía.
• ¿No me digas?¡ Joder el Pablito!
Eva radiante y feliz llegó a su domicilio ya llegada la noche. Esa noche rememoró la fiesta, los días con la baronesa y durmió hasta bien avanzada la mañana. Tras levantarse descolgó el teléfono y llamó a Pablo.
• Pablito eres la caña, muchas gracias.

Comentarios
Publicar un comentario